Murió Beatriz Matar: el adiós a la mujer que pensó el teatro como identidad

Con 84 años y una trayectoria polifacética, falleció la actriz, directora y docente que hizo del arte un camino de autoconocimiento y memoria.

Murió Beatriz Matar: el adiós a la mujer que pensó el teatro como identidad

Dramaturga, actriz de cine y teatro y docente, tuvo papeles breves en varias películas y se destacó en Pajarito Gómez –una vida feliz– (1965), por el que recibió el premio Cóndor de Plata a la mejor actriz de reparto. Posteriormente se inclinó más hacia el teatro, como intérprete, autora y directora.

La Asociación Argentina de Actores y Actrices dio a conocer hoy, a través de un comunicado oficial, el fallecimiento de la emblemática Beatriz Matar. Si bien su deceso se produjo el pasado viernes, la noticia de la partida de esta figura integral de la cultura —actriz, directora, autora y maestra de actores— generó hoy una profunda conmoción en el ambiente artístico nacional.

Desde la entidad que nuclea a los trabajadores de la escena expresaron: «Con profunda tristeza, despedimos a Beatriz Matar, actriz, directora, autora, maestra de actores. Desarrolló una labor artística integral que la convirtió en una figura destacada de la cultura, con una obra especialmente comprometida con la reflexión sobre la condición humana, el arte y la memoria».

Nacida el 22 de diciembre de 1941, Matar se formó en la Escuela Nacional de Arte Dramático bajo la tutela de maestros como Augusto Fernandes y Juan Carlos Gené. Sus primeros pasos en las tablas la unieron a figuras de la talla de Luis Brandoni y Susana Rinaldi en la obra Vidas privadas, bajo la dirección de Darío Garzay. A lo largo de su carrera, protagonizó piezas clave como Lo que no fue, El sirviente y El reino de las mujeres, además de integrar prestigiosos colectivos como el Grupo de Repertorio junto a Federico Luppi y Selva Alemán.

Su faceta como directora teatral fue igualmente prolífica, destacándose su labor en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín con Tartufo de Molière. También dirigió ciclos televisivos para ATC con elencos de primer nivel y fue guionista del histórico programa Alta Comedia entre 1994 y 1996.

Como dramaturga, dejó un legado de más de veinte obras, incluyendo Los helicópteros no existen, pieza que contó con el auspicio de UNICEF internacional por su interés para el público adolescente. En su rol de autora literaria, su libro «La Tarea de ser Actor» (1997) se convirtió en una referencia sobre el actuar como «camino de autoconocimiento». Al momento de su partida, continuaba ligada a las letras con poemarios y una novela enfocada en los hechos de la última dictadura militar.

Finalmente, su labor como docente marcó a varias generaciones de intérpretes a través de cátedras, talleres y seminarios donde transmitió su vasta experiencia y su compromiso ético con el arte escénico.

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