La cantante y compositora Roxana Amed murió a los 63 años, mientras atravesaba una enfermedad cuya causa no fue informada oficialmente. Reconocida como una de las figuras del jazz argentino contemporáneo, desarrolló una carrera de proyección internacional en la que integró la improvisación y la libertad interpretativa del género con las raíces de la música sudamericana.
Radicada en Miami desde 2013, Amed mantuvo a lo largo de su trayectoria un vínculo estrecho con la cultura argentina. Ganó dos Premios Gardel, recibió dos nominaciones a los Latin Grammy y obtuvo el Diploma al Mérito de los Premios Konex en 2025, en reconocimiento a su trabajo como solista de jazz. Además de su actividad artística, se desempeñó como docente de canto y teoría musical en la Universidad de Miami.
Como se mencionaba en el comienzo de esta nota, su obra se caracterizó por los cruces entre géneros y por una búsqueda que no se limitó a los estándares del jazz. En sus discos exploró el folclore, el rock nacional y la poesía, con interpretaciones de canciones de autores argentinos y composiciones propias. Esa identidad musical le permitió construir un recorrido singular, con actuaciones en escenarios y festivales internacionales.
De Ramos Mejía a los escenarios internacionales
Nacida el 5 de octubre de 1963 en el barrio porteño de Palermo, Amed creció en Ramos Mejía, en una familia de raíces italianas y de Medio Oriente que no tenía vínculos con el ambiente artístico. Su relación con la música comenzó a los cuatro años, cuando inició sus estudios de piano.
Durante la infancia también se acercó al folclore argentino a través de su padre, con quien cantaba canciones de Atahualpa Yupanqui. Más adelante, los discos familiares le abrieron las puertas al jazz mediante las voces de Judy Garland y Doris Day. Sin embargo, fue a los 18 años, al escuchar un casete de Sarah Vaughan, cuando encontró una referencia decisiva para su camino artístico.
“Su música me deslumbró. Venía de la música clásica y eso nuevo que escuché me llevó a un lugar de versatilidad”, enunciaba en una entrevista con La Nación en junio de 2025.
Aunque el jazz se convirtió en el centro de su trabajo, también desarrolló una importante carrera como compositora de música popular. Fue coautora de “La última noche”, interpretada por Diego Torres, y escribió “Lucía” para Luciano Pereyra. También colaboró con Sandra Mihanovich y Los Tekis, entre otros artistas.
En 2001 recibió un premio Martín Fierro por “Sobrevivientes”, canción interpretada por Mihanovich para la serie Vulnerables. Durante sus primeros años de carrera, además, trabajó como entrenadora vocal en programas televisivos y acompañó la formación de grupos como Bandana y Mambrú.
Una búsqueda musical propia
La historia de Amed también estuvo marcada por circunstancias personales que influyeron en su recorrido profesional. Durante seis años acompañó a su padre mientras atravesaba una enfermedad que terminó con su fallecimiento en 2003. En ese período postergó parte de sus proyectos y, después de esa pérdida, retomó con mayor impulso la grabación de su primer álbum.
El debut discográfico llegó en 2004 con Limbo, producido por Pedro Aznar, con quien volvió a trabajar dos años después en Entremundos. Ambos trabajos marcaron una etapa importante en la consolidación de un lenguaje propio, cada vez más orientado a sus composiciones y a la exploración de diferentes tradiciones musicales.
Más adelante publicó Cinemateca Finlandesa (2010), junto al pianista Adrián Iaies, y Los trabajos y las noches (2023), realizado con el pianista y compositor Frank Carlberg. En este último proyecto, Amed musicalizó poemas de Alejandra Pizarnik, en un cruce entre la escritura literaria y las posibilidades expresivas del jazz.
Su discografía también incluyó Ontology (2021) y Unánime (2022), trabajos que le valieron nominaciones a los Latin Grammy en la categoría de mejor álbum de jazz latino/jazz, en 2021 y 2023, respectivamente. A lo largo de esos años compartió proyectos con músicos de reconocimiento internacional, entre ellos el pianista cubano Chucho Valdés.
Pese a desarrollar buena parte de su carrera fuera del país, Amed nunca dejó de reivindicar sus raíces. En una entrevista con La Nación, explicó cómo convivían el jazz y el folclore en sus actuaciones: “El folclore es muy importante para mí. En Nueva York hacía jazz y de golpe cantaba el Cuchi, o las chacareras, y para el público la transición era natural”.
Todos los fuegos, entre el jazz y el rock argentino
En 2025, Amed publicó Todos los fuegos, un álbum en el que retomó canciones emblemáticas del rock nacional para llevarlas a su propio terreno musical. El repertorio incluyó obras de Charly García, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati y Fito Páez, reinterpretadas con arreglos que abrieron nuevas posibilidades para las composiciones originales.
Entre las canciones elegidas estuvieron “Salir de la melancolía” y “Cinema verité”, de Charly García; “Asilo en tu corazón” y “La sed verdadera”, de Spinetta; “Corazón delator” y “Verbo carne”, de Cerati; y “Ciudad de pobres corazones” y “Dejaste ver tu corazón”, de Páez. El disco también incorporó “Vida siempre”, de Leonardo Sujatovich, y “Diamonds”, compuesta por Amed junto al pianista y arreglador Leo Genovese.
El proyecto reunió a músicos argentinos y estadounidenses, entre ellos Genovese, Martin Bejerano, Tim Lefebvre y Kenny Wollesen. Para la cantante, significó concretar una idea que había postergado durante años: volver sobre las canciones que habían acompañado su formación y darles una identidad distinta desde el jazz.
“Antes de morirme quiero hacer un disco de rock argentino”, le dijo a Genovese, según recordó en una entrevista con La Nación.
En abril de 2026, Amed celebró una nueva nominación a los Premios Gardel, esta vez en la categoría de mejor álbum de jazz, y agradeció a quienes habían participado del proyecto. También destacó el sentido de llevar esas canciones más allá de las fronteras nacionales: “¡Siempre orgullosa de llevar nuestro patrimonio al mundo!”, escribió en sus redes sociales.
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