Susana Curto: “Agradezco la risa compartida”

Entrevista a la locutora de Radio Universidad sobre su recorrido y visión del panorama radial.

Susana Curto

Personalmente estoy convencido de que la vida es un camino fascinante, en el que vamos encontrando gente de toda clase a medida que lo andamos. Les confieso que, durante mis 37 años de periodismo en Radio Universidad de los SRT de la UNC, he conocido a muchas locutoras con voces prodigiosas e inconfundibles (como la querida Lisa Ferrer, fallecida recientemente). Sin embargo, el paso del tiempo es una aplanadora y entonces cada día queda menos de la “vieja radio”, mientras los streaming jóvenes y cancheros se multiplican como hongos después de una lluvia. Por eso muchas veces, tanto en la locución como en el periodismo, no es nada fácil tener continuidad y conservar la vigencia, con la frescura y las ganas de las épocas juveniles. Además, el cansancio, los achaques físicos y las turbulencias de estos años cibernéticos suelen ser crueles y a veces, lapidarios. Por eso, sostener el entusiasmo y la alegría es un talento escaso, también en la comunicación de estos tiempos. Y es el caso de Susana Curto, una de las locutoras más queridas y reconocidas de Córdoba. Oriunda de Casilda, Santa Fe, está cumpliendo 40 años en Radio Universidad y todos los sábados a la mañana nos deleita con Susana y Amigos, un programa de culto y con especial predilección sobre los temas culturales.

Jorge Vasalo: Muchos cordobeses llegamos aquí para estudiar y trabajar ¿Cómo fue que viniste y te quedaste?

Susana Curto: Por cuestiones personales, en 1980 me instalé en Cosquín. Luego, por motivos laborales, me trasladé a Laboulaye y posteriormente, en 1986, llegué a Villa Carlos Paz, siempre trabajando en radio. En ese tiempo vi que Radio Universidad llamaba a un concurso para locutoras y locutores; me presenté, ingresé y fue una enorme alegría. Por entonces tenía 32 años y ya acumulaba 16 de experiencia radial. Después de deambular por distintas emisoras, con criterios diversos y situaciones económicas muy variadas, ingresar a Radio Universidad fue para mí cumplir un sueño: desde el primer momento sentí que ese era mi lugar.

J. V: ¿Y por qué elegiste ser locutora?

S. C: Yo comencé con esta hermosa profesión en mi ciudad natal, Casilda, en una radio de circuito cerrado que tenía un cableado con parlantes en los hogares, algo habitual en aquel momento. Yo era muy jovencita y entonces estudiaba y trabajaba en esa radio, entonces aprendía un montón. Además, les aseguro que desde ese mismo momento supe que la locución era mi vocación.

J. V:  Imagino que en 40 años de carrera en Radio Universidad conociste a un montón de gente…

S. C: Sí claro. Les cuento que al principio me costó adaptarme al grupo, porque era muy distinto a los ámbitos de donde yo provenía, con otra forma de trabajo y otra dinámica. Yo traía una experiencia de aprendizaje intensivo, de radios donde hacíamos varias tareas al mismo tiempo. Aquí el rol era más acotado: se era locutor o locutora y punto. Sin embargo, y a pesar del paso del tiempo, no perdí aquella “maña”. Hoy sigo haciendo casi todas las tareas, como en los primeros años, y disfruto mucho autoproducirme y autogestionarme.

J. V: ¿Cómo era aquella radio de los años 80 y 90? ¿Cómo la ves ahora?

S. C: Voy más atrás en el tiempo. Yo comencé en 1970, en plena dictadura. Trabajábamos con custodia policial permanente y durante un período tan largo que llegamos incluso a entablar cierta amistad con los agentes. Siempre recuerdo una anécdota: uno de ellos nos llevó un disco simple recién salido, de Los del Suquía, con “Canción para una Mentira”, para que lo difundiéramos porque le encantaba. Si lo recuerdan, fue un éxito sensacional en todo el país. En esa época, debido a las numerosas prohibiciones, musicales y de opinión, los programas tenían un carácter más artístico. Al menos de lo que yo viví, la opinión ponía en riesgo a quien se animara a ejercerla.

En los años 80, en Laboulaye, aunque también existían muchas restricciones, me tocó una etapa fundamental de la radio: éramos el único nexo posible entre los oyentes y un servicio indispensable, especialmente para la gente de campo. Luego vi, ya en Córdoba, cómo cambiaba la estética radial con la llegada del formato de “programa ómnibus”. Comenzó a cobrar mayor peso la faz informativa, los móviles desde exteriores y la participación de los oyentes a través de mensajes. En los 90 esa tendencia se acentuó, más aún con la llegada de Internet, que comenzó este cambio arrollador que continúa en estos días. Todo cambió tanto que hay que estar muy atentos para no “caerse de un tren” que avanza a una velocidad increíble.

J. V: ¿Qué opinas de las y los jóvenes comunicadores y locutores?

S. C: Hoy veo a locutoras y locutores, periodistas y comunicadores en general tratando de hacer pie en un escenario muy movedizo. La realidad cambió tanto con los avances tecnológicos que cuesta encontrar un modo de desempeño que se adecue plenamente a esta nueva etapa. Todo está al alcance de la mano: datos, información, en una vorágine difícil de sostener. Algunos roles se desdibujan, ciertas tareas mutan en otras. Aun así, siempre percibo una vocación muy fuerte, al menos en el ámbito radial, algo que comprobé en cada lugar por el que pasé. Y si me permiten una sugerencia: más allá de todo avance tecnológico, hay que seguir leyendo, y mucho. Y no solo desde el celular. La lectura es una base fundamental; si está sólida y se alimenta, sostiene en cualquier circunstancia. Parece una obviedad, pero no lo es.

J. V: Escuchando tu programa, queda clara tu pasión por la cultura… ¿Qué significa para vos?

S. C: Cuando me incliné por la difusión cultural lo hice de manera intuitiva, al darme cuenta de que en muchas áreas faltaba difusión. También, creo, por una necesidad propia. Estoy convencida de que el ser humano “no puede soportar tanta realidad” y necesitamos un respiro, recreación, y la posibilidad de conocer a personas que, como siempre digo, mejoran nuestra calidad de vida con sus ideas, su creatividad y su arte. Hay mucha gente que hace cosas valiosas y no conocemos, y mucha gente que necesita conocerlas. Me interesa provocar otro tipo de conversación entre quienes escuchan mis programas: salir del círculo cerrado de noticias policiales, tragedias, polémicas sin sentido y miserias humanas. Me gusta destinar mi tiempo en la radio a mirar el lado luminoso de la vida.

Y no soy ni ingenua ni cándida. Creo que cuanto más fuertes estemos anímicamente, alimentados por lo constructivo que los seres humanos podemos brindar, más preparados estaremos para afrontar las tempestades personales y sociales que inevitablemente debemos enfrentar.

J. V: Creo no equivocarme si digo que hoy por hoy, sos la locutora “más veterana” de Córdoba…

S. C: Así es. Tengo 71 años y 55 de radio, y te aseguro que sigo sintiendo la misma pasión de siempre. Me gustan los desafíos que el tiempo va proponiendo, y también transcurrirlo y envejecer sin temores ni penas. Envejecer junto a la audiencia con la que estamos en contacto desde hace tanto tiempo es un privilegio. Hay un lenguaje compartido, sentimientos comunes: algunos explícitos, otros no tanto, pero profundamente presentes. Además, se están dando tantos cambios en torno a la longevidad que me siento parte de una generación que está descubriendo que después de los 60, de los 70 y de los 80, hay una vida posible. Y no quiero quedarme solo con las excepciones ni destacar únicamente a quienes logran proezas a esta edad como obtener un título, batir un récord, completar una carrera. Quiero sentirme cerca, sobre todo, de quienes no protagonizan hechos extraordinarios, sino que, en lo cotidiano, van descubriendo que la vida ya no termina como antes. Que así como hay virtudes en este tiempo largo, también hay dificultades. Y que hay que inventar cómo sortearlas, ingeniárselas y acompañarnos. Siento que hoy mi vocación se centra justamente en ese acompañamiento.

Las personas que continúan con espacios permanentes en las radios “grandes” son varones: Clariá, Rony Vargas y Mateiko, entre otros. Si hay mujeres adultas mayores, suelen participar de manera circunstancial, en columnas u otros espacios, pero no como conductoras de programas autogestivos.

J. V: ¿Tenés dos programas por la AM580 y la FM 102.3, verdad?

S. C: Así es. Y permitime invitar a los lectores a escuchar mis programas Susana y Amigos, los sábados de 11 a 14, y Lo mismo… pero distinto los domingos de 19 a 21, que se parece al programa del sábado, pero tiene otros matices y climas. Ambos se emiten por AM 580, la de siempre, la que llamábamos Radio Universidad, y por dúplex en la 102.3 FM. También pueden escucharse a través de cba24n.com.ar, sitio en el que además participo con notas en la sección Espectacular, vinculadas a literatura, música, cine, teatro, entrevistas; es decir, absolutamente en sintonía con la temática de mis programas.

Me parece importante destacar que, tanto en los programas de los sábados como en el último domingo de cada mes, difundimos música clásica, con la selección y una explicación breve pero sólida a cargo del maestro Guillermo Becerra, músico y director de orquesta. Lo subrayo especialmente porque sé que muchos oyentes desean escuchar estos espacios, cada vez más escasos en las programaciones actuales.

J. V:  Lo último tiene que ver con la celebración que hicieron en el Teatro Real…

S. C: Y que fue grandiosa y amorosa. El pasado 14 de diciembre, con la compañía de Fabián Burzio en la conducción y con muchos oyentes y amigos en el Teatro Real, gracias al enorme gesto de su directora Coqui Dutto. Participaron generosamente artistas queridos y muy nuestros como Soledad Escudero y sus músicos, el actor y cantante Sebastián Salomón, los bailarines de tango Andrea Carle y Mario Fonseca, el grupo Tempo Urbano con su cantante Carolina Bistolfi, y el comediante Ale Orlando. Además, estuvieron mis columnistas Karina Fraccarolli, con su mirada sobre la literatura; Amadeo Sabattini, quien aborda temas sobre naturaleza y sociedad y el ya mencionado Guillermo Becerra. Como invitadas especiales participaron Cecilia Lorenzo, conductora de Palabras Mayores, y Coqui Dutto, conductora de Me Extraña Araña. Con ellas conformamos un grupo programático de las mañanas de los sábados, creado y conducido por mujeres, que abarca todas las edades de la vida. Me atrevo a decir que es un caso único en la mañana de las radios. Creo que en ese encuentro logramos concretar un abrazo común que sintetizó muchos años de correspondencia afectiva. El espectáculo fue con entrada gratuita, porque ese era mi objetivo, teniendo en cuenta las difíciles condiciones de nuestra economía.

Finalmente, quiero agradecer profundamente la risa compartida a lo largo de tantos años de trabajo en Radio Universidad. Al Lagarto Guizzardi, con quien trabajé en los 90, armador de equipos como pocos, de humor repentino y entrañable; a Tincho Siboldi, compañero ocurrente, fresco, oportuno y respetuoso; y a Sergio Antoniazzi, compañerazo, trabajador incansable e ingenioso, que siempre me hace reír con sus salidas. Y en la actualidad, la compañía incondicional de Fabián Burzio y de Sofía Sánchez Marinosci, con quien los domingos a la noche armamos un contrapunto tan entretenido como necesario.

Y a esta edad, sobre todo a esta edad, agradezco la risa. La risa compartida con gente que, espontáneamente, me ayudó a trabajar y a vivir mejor.

Y dale alegría, alegría a tu corazón

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