Tres días de teatro independiente en el subsuelo del MMAU

Entre el 23 y el 25 de abril, las profundidades del Museo Metropolitano de Arte Urbano se transformarán en una experiencia inmersiva que desafía las estructuras convencionales. Con entrada libre y gratuita, el ciclo Festi Menos Dos pondrá en escena tres obras.

Tres días de teatro independiente en el subsuelo del MMAU

Escena de la pieza teatral "Soy Dios en mi Interior".

El ciclo “Festi Menos Dos” tendrá su segunda edición en el segundo subsuelo del Museo Metropolitano de Arte Urbano (MMAU), en la ciudad de Córdoba, con una programación centrada en el teatro independiente local. La iniciativa, impulsada por la Secretaría de Fortalecimiento Vecinal, Cultura y Deportes, se desarrollará entre este jueves y sábado, en el horario de 20 a 22, con entrada libre y gratuita.

La propuesta retoma una experiencia que, en su primera edición, reunió a más de mil personas, y vuelve a ocupar un espacio no convencional dentro del museo. A diferencia de las salas tradicionales, el formato elimina la disposición de platea y escenario, lo que modifica la relación entre público y actores.

De la mística del barrio al despliegue del movimiento

El inicio de este tríptico subterráneo tendrá lugar este jueves con la puesta en escena de “Soy Dios en mi Interior”. La obra se sumerge en la identidad territorial para rescatar una narrativa que nace directamente del asfalto: la reconstrucción de lo que en su momento fue calificado como el “chisme del año” ocurrido en la República de San Vicente. A través de los códigos del humor y el absurdo, la pieza toma como punto de partida el robo de unas plantas para tejer una trama donde lo cotidiano se vuelve épico.

En esta apertura, se despliega una serie de situaciones que combinan tragedia, comparsa y caos, permitiendo que el relato se expanda más allá de la anécdota mínima. La fuerza de la obra reside en su capacidad de transmutación, allí donde el “dolor y la resiliencia se transforman en relato mítico y ritual de sanación”. Es una invitación a mirar lo propio con una lente que deforma la realidad para encontrar su verdad más profunda, convirtiendo un suceso doméstico en una pieza de arte universal que habita las entrañas del museo.

El viernes, la modalidad del festival cambiará hacia una dinámica de multiplicidad con la llegada de la “Varieté Espacial”. Este proyecto no es un visitante ocasional de la escena; cuenta con una trayectoria de 13 años sosteniendo la actividad independiente local y tiene su origen en el espacio de La Nave Escénica. La varieté se presenta como un espectáculo dinámico y ecléctico que funciona como un laboratorio de cruces disciplinares en tiempo real.

En una misma noche, los asistentes podrán ser testigos de una propuesta que “cruza circo, humor, teatro, danza y música”, reuniendo múltiples lenguajes en un flujo constante de movimiento. La “Varieté Espacial” representa la persistencia de los colectivos locales, ofreciendo una estructura fragmentada pero coherente que se adapta perfectamente a la atmósfera de proximidad que propone el subsuelo, donde la sorpresa y el vértigo del vivo son el motor principal de la jornada.

El cuerpo como archivo y el reflejo de la identidad

El cierre de esta cartografía emocional llegará el sábado  con la obra de autoficción “Amor es mirarse al espejo y no romperlo”, recomendada específicamente para mayores de 16 años. Durante 50 minutos, la puesta propone un viaje introspectivo que utiliza la biografía como materia prima para la creación escénica. La narrativa de esta pieza final no busca refugio en la ficción pura, sino que explora la relación con el cuerpo y la búsqueda del amor a través de las marcas que deja el tiempo.

La historia está atravesada por la infancia y adolescencia en los años 1990 y 2000, un arco temporal donde las experiencias personales del elenco se transforman en el eje del relato. De esta manera, la obra ofrece una “mirada íntima y sensible sobre la identidad y las marcas del pasado”, invitando a quienes observan a reconocerse en esas cicatrices generacionales. Es un acto de honestidad brutal que cierra el festival apelando a la memoria compartida y a la fragilidad de la imagen que nos devuelve el cristal.

La obra es protagonizada por Ailen Boursiac.

De esta manera y bajo la superficie, el teatro demuestra que en algunas ocasiones no se necesita de grandes andamiajes para conmover.

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