Cuando Patricio Lahitou intenta explicar qué es el footgolf a alguien que nunca lo vio, busca una imagen simple que permita entender rápidamente la esencia del deporte. “La mejor manera de definirlo es decirte que vas a jugar al golf, pero pateando una pelota de fútbol”, resume. Y enseguida aclara una idea que, para él, es clave para comprenderlo: “Yo creo que este deporte es mucho más golf que fútbol. Entonces te lo describiría como golf, pero jugado con una pelota de fútbol y cambiando los palos por nuestras piernas”.
Ese cruce entre dos universos muy distintos es justamente lo que le da identidad a una disciplina que en los últimos años empezó a ganar terreno en distintos países, incluida la Argentina. Lahitou será uno de los representantes nacionales en el próximo Mundial que se disputará en Acapulco, una cita que reúne a los mejores jugadores del planeta.
Su vínculo con el deporte empezó hace más de una década, casi por casualidad. Recuerda que lo descubrió cuando todavía era una novedad en el país. “Lo vi en un programa que había en TyC Sports hace muchos años. El footgolf se creó en 2009 en Países Bajos y en 2010 llegó a Argentina. Yo lo vi en ese programa en 2011, o sea que tuve la suerte de cruzarlo cuando recién arrancaba”, relata.
La curiosidad lo llevó a probarlo una vez, y esa experiencia fue suficiente para que quedara atrapado. “Lo fui a jugar una sola vez y la verdad es que me enamoró”, asegura. Parte de ese encanto tiene que ver con una combinación muy particular entre el juego y la mente. “Siempre me gustó la parte estratégica de los juegos y también me encanta el fútbol desde chiquito. Esto tiene la pelota, que es lo más lindo que tiene el deporte, pero en un espacio increíble y planificando, haciendo una estrategia”.
Para Lahitou, el contraste con el fútbol tradicional es claro. Mientras en el deporte más popular del mundo predominan la reacción y las decisiones instantáneas, en el footgolf el tiempo parece jugar de otra manera. “El fútbol es más reacciones, más decisiones instantáneas que no pensás. Acá tenés que estar todo el tiempo pensando”, explica. Y agrega: “Una ronda puede durar tres horas y la mayoría del tiempo sos vos con tu cabeza. Ese manejo de las emociones y de los pensamientos me fascinó”.
La esencia del footgolf también se explica en esa mezcla de mundos que, a primera vista, parecen opuestos. “Principalmente mezcla dos deportes muy distintos: el fútbol, que quizás es el más popular del mundo, y el golf, que es uno de los más cerrados”, reflexiona. En su mirada, esa combinación le da una identidad propia. “La fusión le da la popularidad del fútbol y esa exclusividad que tiene el golf”.
En términos técnicos, el objetivo es sencillo de entender, aunque no necesariamente fácil de ejecutar. “El objetivo es embocar la pelota en el hoyo en la menor cantidad de golpes posible”, explica. Las competencias se desarrollan en rondas de 18 hoyos, siguiendo una lógica muy similar a la del golf.
Cada cancha establece un “par”, es decir, la cantidad ideal de golpes para completar el recorrido. “Normalmente son par 70, 71 o 72. Eso quiere decir que vos tendrías que hacer 72 golpes para empatarle a la cancha. Si hacés menos le estás ganando y si hacés más vas perdiendo”, detalla.
Los hoyos, además, se dividen según su dificultad y distancia. “Hay par 3, par 4 y par 5. Los par 5 son más largos y los par 3 más cortos”, explica. A partir de ahí, muchas de las reglas se adaptan directamente del golf. “El reglamento es en un 90% el del golf. Cuando te vas fuera de límite o al agua tenés un golpe de multa, por ejemplo”, señala.
Sin embargo, también existen particularidades propias del footgolf. Una de ellas aparece cuando la pelota cae en un búnker de arena. “Ahí estás obligado a jugar sin carrera”, explica Lahitou.
A medida que el nivel competitivo aumenta, también cambian las exigencias. Para el jugador argentino, la técnica es importante, pero la fortaleza mental termina siendo determinante. “Con el tiempo me fui dando cuenta de que la cabeza es muy importante”, afirma.
La razón es simple: los torneos suelen extenderse durante varios días y obligan a convivir con errores y presiones. “En un torneo de tres días, si no podés convivir con el error o con ver que el de atrás te viene alcanzando, se te hace muy difícil”, advierte.
En ese sentido, considera que la capacidad de recuperación es clave para los jugadores de alto nivel. “He visto jugadores con muy buena técnica que no pueden triunfar por no tener la cabeza”, cuenta. Y resume su idea con una frase contundente: “Los que triunfan son los que se reponen muy bien de los errores”.
El entrenamiento también refleja esa lógica. Aunque muchos podrían pensar que se trata simplemente de patear una pelota, la preparación incluye largas horas de repetición. “Es un deporte de repetición”, explica Lahitou.
Uno de los ejercicios más habituales es el trabajo sobre el juego corto, el momento decisivo cerca del hoyo. “Una ronda de entrenamiento puede ser tirar 150 o 200 pats, el mismo pat, repitiéndolo para mecanizar el movimiento”, detalla.
Además del aspecto técnico, la preparación mental ocupa un lugar cada vez más importante. “Tengo un coach deportivo con el que hablo una vez por semana”, cuenta. En esas conversaciones analiza sensaciones, errores y objetivos. “Esa parte te hace llegar muy seguro de cabeza y te da confianza”, explica.
Aunque muchos jugadores llegan desde el fútbol, Lahitou advierte que ese pasado no garantiza el éxito. “Obviamente alguien que pateó la pelota toda su vida tiene una ventaja técnica”, reconoce. Sin embargo, aclara que la adaptación al nuevo deporte es fundamental.
De hecho, recuerda casos de ex futbolistas conocidos que no lograron destacarse. “Han venido (Ariel) el Burrito Ortega o (Daniel) el Rolfi Montenegro, y no pasan por arriba a todos”, comenta.
En cambio, destaca el ejemplo de un campeón del mundo. “El Ratón Ayala supo adaptarse y entender que esto era otra cosa. Desde un lugar de humildad empezó a aprender y a mirar a quienes jugaban hace más tiempo”, cuenta. Para Lahitou, esa actitud explica su éxito en el deporte.
A pesar de su crecimiento, el footgolf todavía enfrenta desafíos para consolidarse. Uno de ellos es la relación con los clubes de golf. “Cuesta el primer paso para entrar”, reconoce.
Muchas veces, explica, los prejuicios aparecen antes de conocer el deporte. “Piensan que va a venir gente con camisetas de fútbol, que va a haber gritos de gol”, señala. Sin embargo, cuando ven cómo se juega, la percepción suele cambiar. “Una vez que lo viven, solemos tener buena convivencia”, afirma.
Además, el deporte puede resultar beneficioso para los propios clubes. “Un torneo puede tener 80 jugadores y eso ayuda mucho al club house, que vende comida y bebida”, explica.
En términos de desarrollo, Lahitou considera que el footgolf argentino todavía es un deporte de nicho, aunque con señales claras de crecimiento. “Cuando jugué mi primer torneo en 2011 éramos 30 jugadores”, recuerda.
Hoy el panorama es distinto. “Tenés canchas para practicar durante la semana y torneos todos los domingos en distintas regiones”, cuenta. Incluso, el deporte comenzó a expandirse hacia varias provincias.
“Ya no es solo Buenos Aires. Hay actividad en Córdoba, Entre Ríos, Río Negro, Mar del Plata, Tandil y muchas ciudades más”, enumera.
Aun así, el salto hacia el profesionalismo todavía parece lejano. “Hoy es imposible vivir solo de ser jugador”, reconoce Lahitou. Aunque existen algunos sponsors y apoyos, la mayoría de los competidores mantiene otras actividades. “En el mundo habrá diez o doce jugadores que pueden vivir de esto”, calcula.
En ese contexto, el Mundial aparece como el gran objetivo para los jugadores. La próxima cita será en Acapulco y reunirá a selecciones de todo el planeta. “Primero se juega el Mundial individual, del 27 de mayo al 2 de junio, y después el de equipos”, explica.
Ese segundo torneo es, para él, el más especial. Ya lo vivió en 2023, en Orlando, donde la Argentina llegó a la final frente a Francia. “Fue la mejor experiencia de mi vida”, recuerda.
La emoción de vestir la camiseta nacional todavía lo atraviesa cuando lo cuenta. “Estar ahí con todos los países, con la gente mirando, sonando el himno… son cosas que uno se imagina desde chico”, dice.
Aunque en su infancia soñaba con vivirlo en el fútbol tradicional, el destino le ofreció otro camino. “Encontré este deporte en mi vida y me dio algo que nunca pensé que iba a tener: representar a mi país afuera”, confiesa.
Por eso, cada nueva cita mundialista se convierte en una motivación enorme. “Es realmente por lo que yo me muevo en este deporte”, asegura. Y concluye: “Lo que más me motiva es estar ahí con la camiseta de Argentina”.
Mientras el footgolf sigue creciendo y busca consolidarse, Lahitou también se anima a invitar a nuevos jugadores a probarlo. Su consejo es simple y directo. “Que no le tengan miedo”, dice.
Para él, no hace falta experiencia previa ni preparación especial. “Es patear una pelota”, resume. Y asegura que la experiencia suele enganchar a quienes la prueban por primera vez.
“Todo el que viene a jugar por primera vez la pasa bien y quiere volver”, afirma. Y cierra con una invitación que resume el espíritu del deporte: “Juntá a un amigo, un familiar, un primo, y vayan a jugar. Aunque sea solo para divertirse, es un planazo”.
