El barrio de Parque Patricios está de fiesta. En un duelo cargado de tensión y nerviosismo, Huracán se hizo fuerte en su casa y venció 1-0 a San Lorenzo en una nueva edición del clásico porteño, correspondiente a la cuarta fecha del Torneo Apertura 2026.
El quiebre del partido llegó en el amanecer del complemento. Iban apenas 5 minutos cuando Huracán capitalizó una recuperación en campo rival y activó una transición ofensiva letal. La pelota buscó a Jordy Caicedo en el corazón del área y el ecuatoriano no perdonó: con un cabezazo preciso y bien colocado, dejó sin chances al arquero Orlando Gill y estampó el 1-0 que hizo explotar las gargantas en el Ducó.
Un primer tiempo de pura fricción
Antes de la emoción, el espectáculo había sido discreto. La primera etapa estuvo marcada por la pierna fuerte y la disputa constante en la mitad de la cancha, donde ninguno lograba imponer condiciones.
San Lorenzo intentó tomar la iniciativa a través de la posesión y buscando amplitud por las bandas, pero careció de profundidad para transformar ese dominio territorial en peligro real. Huracán, con un planteo más cauteloso y ordenado, esperó su momento para salir de contra, aunque el 0-0 al descanso fue el reflejo justo de un desarrollo muy trabado.
El gol y la resistencia
El tanto de Caicedo rompió el molde del partido. Obligado por el resultado, el Ciclón adelantó sus líneas y asumió riesgos en busca del empate, pero se encontró con un Huracán sólido y pragmático.
Con más empuje que fútbol, la visita intentó arrinconar al rival, pero chocó sistemáticamente contra la defensa local, que cerró todos los caminos. El equipo de Diego Martínez defendió la ventaja con oficio e inteligencia, aguantando los embates finales para asegurar tres puntos de oro y celebrar ante su gente una victoria que vale mucho más que tres puntos.
