El ciclo de Gustavo Quinteros en Independiente llegó a su fin de la peor manera. Tras la categórica goleada por 4-0 sufrida ayer miércoles ante Atlético Tucumán y la consecuente eliminación en los octavos de final de la Copa Argentina, la dirigencia del club de Avellaneda decidió terminar con el contrato del entrenador. La resolución se tomó este jueves luego de una reunión de cúpula, motivada por la tercera derrota consecutiva del equipo y la pobre imagen mostrada en el estadio de Newell’s Old Boys de Rosario.
El encuentro frente al Decano tuvo un punto de quiebre insólito que derivó en la posterior caída del DT. Tras la intervención del VAR, Santiago Montiel falló un penal al estrellar la pelota en el palo e inmediatamente después, en el contragolpe de esa misma jugada, Nicolás Laméndola abrió el marcador. A partir de allí, el elenco conducido por Julio César Falcioni dominó el juego y cerró la paliza con los tantos de Manuel Brondo, Franco Nicola y otro grito de Laméndola. Consumado el golpe, Quinteros calificó la actuación como una “vergüenza” y afirmó que no pensaba renunciar. Sin embargo, la dirigencia aceleró los trámites y rescindió su vínculo.
Los nombres en carpeta
Mientras el plantel profesional se enfoca en el compromiso del próximo lunes ante Lanús por el Torneo Clausura, la conducción del club de Avellaneda ya analiza a los posibles reemplazantes. En un año clave marcado por los comicios presidenciales a celebrarse en la institución antes de fin de año, definir al sucesor requiere cautela y consenso político.
En ese escenario, el nombre de Omar De Felippe es el que mayor consenso reúne internamente. El DT, libre tras su paso por Central Córdoba, dejó una huella positiva en el club tras lograr el ascenso a Primera en 2014. No obstante, otro sector de la conducción impulsa con fuerza a Rubén Darío Insúa, quien viene de dirigir a Barracas Central y guarda pertenencia con la institución tras ser campeón como futbolista en 1989. Más atrás, el apellido de Ricardo Gareca asoma como una tercera alternativa para tomar el timón de un Rojo golpeado.
