Hay sueños que comienzan mucho antes de saber hasta dónde pueden llegar. Para Josefina Galarza, el fútbol empezó como un juego a los cinco años, cuando se acercó a la escuela EFUL, rodeada de chicos y con su familia como principal compañía. Con el tiempo, aquella actividad se transformó en una pasión y en un objetivo: jugar en Primera y vestir la camiseta de la Selección Argentina.
Hoy, a los 15 años, ambos sueños ya son una realidad. La futbolista cordobesa forma parte del plantel superior de Belgrano y es una de las integrantes de la Selección Argentina Sub 17 que se prepara para disputar el Mundial de la categoría en Marruecos, que se jugará del 17 de octubre al 7 de noviembre. El debut argentino será justamente el primer día de competencia, frente a Alemania.
“Yo siempre digo que para mí, cuando era chiquita y empecé a jugar al fútbol, uno de los principales objetivos era jugar en Primera y poder estar en la Selección”, cuenta Josefina. Y enseguida pone en perspectiva todo lo que tuvo que pasar para llegar hasta acá: “Estoy muy contenta de haberlo logrado, pero siempre digo también que eso es parte del acompañamiento de mi familia y de todos los cuerpos técnicos que tuve”.
Su llegada al plantel de Primera de Belgrano comenzó a tomar forma a fines del año pasado. Empezó a entrenarse con las mayores, aunque todavía no había tenido la posibilidad de ser convocada para un partido. “Fue justo la época donde salieron campeonas, así que había un ambiente muy lindo y el salto fue bueno porque estaban todas contentas y me recibieron muy bien”, recuerda.
A comienzos de este año llegó otro paso importante: realizó la pretemporada con el plantel y finalmente recibió su primera citación. Poco después llegó el momento que había esperado durante tanto tiempo: su debut en Primera frente a Huracán.
“Venía esperando ese momento hace bastante, desde que había empezado a entrenar con ellas”, cuenta. Y la oportunidad tuvo un condimento especial: “Me tocó debutar en un partido que estaba muy bueno y que, si no me acuerdo mal, ganamos 1-0, así que estuvo bueno el partido”.
Compartir vestuario y entrenamientos con jugadoras de mayor experiencia también significó una oportunidad de aprendizaje. Para Josefina, sus compañeras tienen mucho para enseñarle dentro y fuera de la cancha. “Obvio que ellas tienen muchísima más experiencia tanto dentro de la cancha como afuera de la cancha”, explica. Y destaca especialmente el vínculo que construyó con ellas: “Que me feliciten a mí por logros míos ya es un orgullo y siempre les voy a agradecer por cómo nos incluyen en el plantel, como si tuviéramos su edad”.
La 10 de Argentina y el camino hacia Marruecos
El crecimiento de Josefina no quedó limitado a Belgrano. Sus actuaciones también le abrieron las puertas de la Selección Argentina Sub 17, donde incluso recibió una camiseta cargada de historia: la número 10.
“Es un orgullo hermoso que obviamente tiene mucha responsabilidad, pero nada, lo trato de hacer de la mejor forma porque fue lo que siempre quise”, asegura. “Sé que cualquier jugador de fútbol quisiera estar en ese lugar”.
Con la camiseta argentina llegó también su primer gol internacional. Fue ante Chile, en un partido determinante del Sudamericano que terminó con la clasificación al Mundial.
“Venía esperando ese gol desde que empezó el torneo, así que fue una sensación muy linda”, recuerda. Sin embargo, explica que la dimensión del momento no siempre se comprende mientras ocurre: “Por ahí en el partido no te das cuenta de lo que estás viviendo, pero después, cuando empezás a ver fotos o que te felicitan, sos un poco más consciente de lo que te está pasando”.
El gol tuvo además un valor especial por el contexto. Argentina empató aquel encuentro y consiguió avanzar a la siguiente fase, acercándose al objetivo de clasificar al Mundial. “Meterlo en ese partido fue algo especial porque fue un partido que empatamos y clasificamos a la siguiente fase, entonces fue muy lindo”, relata.
En la tribuna estaban sus papás y sus abuelos. Y para Josefina, mirar hacia allí después de convertir fue casi tan importante como el gol mismo. “Mis papás estaban muy contentos como siempre, me estuvieron acompañando. Justo en la tribuna estaban mis papás con mis abuelos, así que nada, era hermoso levantar la cabeza y verlos ahí y con la felicidad que tenían”.
La clasificación a Marruecos llegó después de aquel recorrido. Y, como suele suceder con los grandes logros, necesitó un tiempo para ser realmente dimensionada.
“En ese momento, después del partido, obviamente que ninguna de las chicas que estábamos éramos conscientes”, reconoce. Recién después, cuando pudieron hablar entre ellas, apareció la magnitud de lo conseguido: “Nos pusimos a hablar entre nosotras como diciendo: ‘Vamos a jugar al Mundial, nos vamos a Marruecos’”.
Ahora saben que tendrán por delante un desafío enorme. Alemania será el primer rival el 17 de octubre, en el comienzo de un torneo que se extenderá hasta el 7 de noviembre, cuando se dispute la final. Pero Josefina prefiere mirar el desafío desde un lugar que la acompañó desde sus primeros pasos: disfrutar.
“Obviamente que sabemos la responsabilidad que tiene, pero vamos a disfrutarlo y a dar lo mejor”, sostiene.
De EFUL a Belgrano
Para entender cómo llegó hasta este presente hay que retroceder una década. Josefina tenía apenas cinco años cuando comenzó a jugar en EFUL. “Al principio no sabía si empezar a jugar o no y veía que eran todos chicos y yo era la única chica”, recuerda. Pero aquella primera experiencia terminó siendo fundamental: “Primero empecé como un juego para disfrutarlo y esa escuelita siempre es muy familiar, te acompaña en todos los sentidos”.
Con el paso del tiempo, aquel juego se convirtió en una pasión. Y Josefina tiene muy claro cuánto significó aquella primera etapa: “Yo creo que si no hubiera jugado en EFUL, no estaría donde estoy ahora”.
La influencia familiar también fue determinante. “Mi familia es muy futbolera, todos, y tenía amigos que todos jugaban al fútbol, entonces empecé por eso”, cuenta.
Después llegó Belgrano, el club del que es hincha y al que soñaba con representar desde chica. Entre 2021 y 2022 se incorporó a las inferiores del Pirata y dio otro paso en su formación.
“Era el club donde yo quería jugar desde chiquita, porque aparte soy hincha de Belgrano”, cuenta. Desde entonces, asegura, cada vez estuvo más convencida de que quería seguir por ese camino.
Hoy, aquella niña que miraba jugar a otros y dudaba si comenzar a entrenarse está a las puertas de disputar un Mundial. Y aunque el presente ya parece enorme, Josefina todavía tiene objetivos por delante. “Obviamente que hay momentos buenos y malos, pero para mí lo más importante es la constancia y seguir”, explica. En ese camino vuelve a destacar a quienes la acompañan: “Mi familia, el cuerpo técnico y mis compañeras me ayudan a mejorar, tanto como persona y en el fútbol”.
Su objetivo más inmediato está claro: “Lo que más quiero es que nos vaya bien en el Mundial y que podamos llegar lo más lejos posible”.
Después, aparecen otros sueños. Quizás más lejanos, pero igual de grandes: “En lo personal, yo creo que ir a jugar afuera o estar en la Selección Mayor”.
Por ahora, Marruecos está primero. El 17 de octubre, ante Alemania, Josefina Galarza tendrá la oportunidad de comenzar a escribir otro capítulo de una historia que empezó, hace diez años, con una pelota, una escuelita y una niña que simplemente quería jugar.
