Talleres se sacó un peso de encima. La contundente goleada ante Platense dejó atrás las dos derrotas en el arranque del Clausura. Fue un 4-0 de visitante. Más que un triunfo: por el desarrollo, en el que la “T” padeció por momentos, y por la ventaja. La última vez que había ganado por cuatro goles de diferencia había sido el 25 de septiembre de 2023.
Jorge Sampaoli llegó al club con la convicción de imponer su estilo, una idea que sacudió desde los primeros minutos ante la Lepra. Su propuesta táctica sorprendió desde el primer día y fue -y lo sigue siendo- mirada de reojo por el mundo albiazul: defender con tres centrales, sumar dos carrileros profundos, plantar un doble cinco y atacar con tres hombres. En Vicente López, el equipo ganó y terminó goleando, pero la pregunta natural que se desprende del análisis es: ¿gustó? La incógnita se abre porque el Matador aún está en deuda con la fluidez de su juego y la consolidación de esa nueva identidad.
La montaña rusa de rendimientos quedó expuesta en estos tres encuentros. Contra Newell’s, en Rosario, mostró su mejor versión en el complemento; cuando ya perdía 1-0 e incluso jugando con un hombre menos, acorraló a su rival y rozó el empate. De local ante Vélez, fue claramente superior en el primer tiempo, pero justo antes del descanso se lo empataron. En la segunda mitad se desmoronó estructural y anímicamente, perdió 3-1 y despertó un fuerte descontento en la multitud que colmó el Kempes.
Ayer, en la etapa inicial frente al Calamar, volvió a ser superado. No pudo imponer su idea, fue perdiendo terreno y cedió el protagonismo. El propio DT graficó esa asfixia: “En el primer tiempo no encontrábamos el volumen de juego por la presión de Platense”. La apertura del marcador asomó como un bálsamo. A los 43 minutos, Rick estuvo atento a la jugada, capturó un despeje defectuoso de Juan Pablo Cozzani y destrabó el cerrojo.
Algo que se repitió en estas tres primeras fechas es la dificultad en el retroceso. A Talleres le cuestan las transiciones cuando pierde la pelota, muchas veces sus defensores quedan marcando en línea y todo el bloque tiene que exigir el físico al máximo para evitar el peligro. Ese desgaste se avizora en el segundo tiempo de forma nítida en el doble cinco conformado por Federico Fattori y Matías Galarza, ambos de labor destacada anoche. Atrás, Ezequiel Unsain atendió con solvencia cada vez que lo llamaron, mientras el triunfo era solamente por la mínima.
Promediando el complemento, la solución táctica para definir el trámite la encontró directamente en el contraataque. Los goles del Matador llegaron en una ráfaga letal a los 69, 74 y 77 minutos. El segundo tanto de Rick, que significó el 3-0 transitorio, fue un verdadero golazo para encuadrar: la paró de derecha, acomodó el cuerpo y de zurda la clavó al ángulo superior.
“Hoy aprovechamos mucho la transición y desesperación de Platense, eso fue determinante”, analizó Sampaoli sobre esa contundencia de la segunda mitad. Y agregó: “Tuvimos aplomo para jugar con la ventaja, nos costó jugar en la igualdad. Aprovechamos con la velocidad de quienes entraron para marcar la diferencia”.
Aún en plena etapa de construcción, la “T” comprobó que el material individual puede maquillar las falencias colectivas mientras se aceita el sistema. Como el propio técnico admitió en su conferencia, este proceso demanda tiempo, pero transitarlo con los tres puntos en el bolsillo cambia completamente el escenario. “Siempre ganar genera tranquilidad, te da tranquilidad para trabajar en lo que viene”, sentenció el DT albiazul. Ahora, con el alivio de haber cortado una racha de seis sin ganar y haber recuperado el poder de fuego, el Matador tendrá una semana para sostener la mejoría. El próximo martes recibirá a Lanús a las 21, en el Kempes.
