Talleres y el desafío de reencontrarse con su identidad

El Matador cerró su etapa con Carlos Tévez de la peor manera, siendo eliminado en octavos de final ante su máximo rival. En un año, el entrenador cumplió los objetivos mínimos planteados pero terminó yéndose por la puerta chica. Ahora, la comisión directiva deberá buscar alguien que se alinee con los objetivos y a su vez no negocie el ADN matador.

Talleres

El ciclo de Carlos Tévez en Talleres cerró de la peor manera, pero es necesario abrir varias aristas para entender por qué se despidió elogiado por Andrés Fassi y a su vez con una gran apatía por parte de los hinchas.

Si hay una manera atípica de comenzar una etapa al frente de un club, fue la del ‘Apache’ en el Matador. A dos días de empezar el Torneo Clausura 2025, con una pretemporada floja de papeles y con el portazo de Diego Cocca sin dirigir ni un partido oficial, el hombre que llegó a apagar el incendio fue el ídolo xeneize.

Sin hablar demasiado, Tévez se hizo cargo de un momento de crisis no solo institucional, sino también deportivo, con Talleres peleando por mantenerse en Primera División. No hubo nada de juego vistoso, poco gol y más corazón que otra cosa, pero el objetivo se cumplió, no sin que el proyecto tambaleara por momentos, como lo fue luego de la derrota en Tucumán, ante Atlético, por 3-0.

Como yapa, la T se clasificó casi por la ventana a los octavos de final, donde cayó ante Boca en La Bombonera.

Lo que siguió después fue, a criterio de este redactor, el mejor trabajo y seguramente el más difícil que tuvo a cargo el entrenador: el de depurar un plantel con una decena de jugadores que ya habían cumplido su ciclo, y el reemplazarlos con otros que estén a la altura de un club tan masivo como el Albiazul. Fue como armar un gran rompecabezas, con una gran cantidad de salidas y llegadas.

Carlos Tevez dirigió a Talleres en 36 partidos oficiales, logrando 13 victorias, 12 empates y 11 derrotas (47,62% de efectividad).

Allí también aparece otro ítem donde Tévez dio en la tecla. Primero fue Giovanni Baroni el juvenil que, sin que nadie lo esperara, tuvo su chance con el plantel titular. Es que a falta de refuerzos, el Apache tuvo que armar un plantel competitivo con lo que tenía. Y lo que tuvo fue una gran base de juveniles listos para dar el salto al plantel profesional. Baroni cumplió con creces y también lo hizo Valentín Dávila, que terminó siendo el goleador del equipo en este Torneo Apertura. Nada más y nada menos.

Luego aparecen otros asteriscos, claves para entender la salida anticipada del entrenador, al cual se le terminaba el contrato a fines de mayo, con un partido aún por jugar, en el marco de la Copa Argentina.

El primero es la ausencia de un estilo marcado, como sí lo supo tener Talleres con otros entrenadores. Si bien la T empezó a sacar resultados importantes en canchas difíciles, siempre le costó hacerse fuerte en el Estadio Kempes, ante su gente. Y aunque la T terminó en el cuarto lugar de su zona, el paladar del hincha nunca lo perdonó, como así también su poca cercanía al socio.

La gota que derramó el vaso fue el clásico ante Belgrano, siendo el partido más importante a cargo de Carlos Tévez y el más importante de la última década para ambos clubes de la capital cordobesa. Desde el vamos, la decisión del entrenador de aislar al plantel en un hotel en Salsipuedes no fue bien vista por el hincha albiazul, que no pudo demostrarle su apoyo al plantel como sí lo pudo hacer el hincha pirata.

Otra polémica fue la formación titular. Tévez se declinó por un 11 que no había compartido cancha ni un minuto de los 16 partidos de la fase regular. Si quiso arriesgar o experimentar, ese no era el partido para hacerlo. Tampoco supo cambiar el rumbo de un encuentro que siempre tuvo como dominador a Belgrano. Tévez tuvo advertencias y oportunidades para intervenir, pero no lo hizo. Y para peor, cada decisión que tomó, fue en detrimento del resultado. A fin de cuentas, arrancó mal la semana previa y los 90 minutos terminaron de hundir las aspiraciones albiazules. A esto hay que sumarle que fue solo gracias a la actuación de Guido Herrera que la T no sufrió una goleada.

No todo terminó allí. La conferencia de prensa post clásico fue otra arista importante a la hora de hacer el balance. “La vida continúa”, lanzó Tévez, con total apatía e indiferencia para con las 60 mil almas que estaban en el Kempes, y las tras decenas de miles que lo veían por televisión o por las redes. La derrota ante Belgrano fue un golpe duro, con peso histórico, que el DT nunca supo entender. Esa fue, quizá, la gota que derramó el vaso.

La salida del entrenador era lo más lógico y la despedida tampoco ayudó a calmar las aguas. “Vine a Talleres a pelear el descenso y me voy con el equipo en zona de clasificación a copas internacionales”. No mintió, y como se mencionó al principio, Tévez logró cumplir con las expectativas mínimas para un club como el Matador. Pero fue su tozudez la que nuevamente enojó a más de un hincha.

Porque en definitiva, el paso de Carlos Tévez por Talleres deja una enseñanza incómoda pero necesaria: no alcanza con cumplir objetivos si en el camino se pierde la identidad. El resultado puede maquillar muchas cosas, pero no construye pertenencia. Y en un club como Talleres, donde el hincha aprendió a reconocerse en una idea, en una forma, en un estilo, eso pesa tanto como los puntos. Ahí estuvo el quiebre. Y ese será, ahora, el principal punto de partida para lo que venga.

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