Talleres y sus ídolos, una puerta que vuelve a abrirse

Rodrigo Astudillo había planteado meses atrás la necesidad de recuperar el sentido de pertenencia en el club. Ahora, junto a otros referentes históricos, volvió al predio, se reunió con la dirigencia y compartió una jornada con el plantel. El acercamiento llega en medio de una crisis futbolística y abre una pregunta: ¿es el inicio de una nueva relación o una respuesta a la urgencia?

Talleres y sus ídolos, una puerta que vuelve a abrirse

En mayo, Rodrigo Astudillo había dejado una preocupación sobre la mesa. El ex jugador de Talleres, uno de los futbolistas que construyeron parte de la historia reciente del club, hablaba entonces de la necesidad de recuperar algo que consideraba fundamental: el sentido de pertenencia.

“Yo siento que al club le hace falta sentido de pertenencia, que es fundamental”, había dicho. Para Astudillo, ese concepto tenía que ver con que quienes conocen la historia de Talleres pudieran tener un lugar dentro de la institución. “Que haya gente del club que haya estado anteriormente, que conozca la historia, cada rincón”, explicaba.

Meses después, esa idea comenzó a tomar forma. El último viernes, Astudillo, Julián Maidana, Valentín Brasca, Gustavo Lillo y Daniel Albornos recorrieron el Centro de Alto Rendimiento Deportivo Amadeo Nuccetelli, presenciaron el entrenamiento y mantuvieron una reunión con el presidente Andrés Fassi y el vicepresidente Miguel Cavatorta. Al día siguiente, el encuentro continuó en el Mario Alberto Kempes, donde pudieron presenciar la práctica del plantel, y luego compartir charlas y un asado con los jugadores y el cuerpo técnico encabezado por Jorge Sampaoli. También se sumaron Daniel Valencia y Pablo Guiñazú.

Fassi, Lillo, Maidana, Astudillo, Brasca y Albornos se reunieron el pasado viernes.

No fue una reunión improvisada. “Hace un tiempo atrás, junto a este grupo de ex jugadores teníamos esta idea firme de tener una reunión con los directivos y manifestarle nuestras inquietudes y nuestras ganas de poder estar y ayudar al club desde donde se pueda”, contó Astudillo.

Según explicó, el encuentro fue “bastante positivo” y permitió hablar de distintos temas, aunque sin definir todavía roles concretos. “La idea era tener una primera reunión y seguramente haya muchas más”, señaló.

El dato es importante. Porque, al menos desde el relato de Astudillo, el acercamiento no nació exclusivamente como consecuencia de la mala racha del equipo. Existía previamente una intención de los ex jugadores de sentarse con la dirigencia y plantear su voluntad de colaborar.

La coyuntura, sin embargo, aceleró el encuentro. Talleres ganó apenas uno de sus primeros cinco partidos del Torneo Clausura y atraviesa un momento deportivo que genera preocupación entre sus hinchas. En ese contexto, la presencia de los ídolos tuvo también un objetivo concreto: acompañar al plantel.

“Fue bueno para descomprimir un poco la situación, sabemos que el plantel no está pasando por un buen momento”, reconoció Astudillo.

El mensaje hacia los futbolistas fue sencillo: tranquilidad y unidad. “Esto se saca entre todos, es importante que estemos todos unidos, el club está por sobre todas las cosas. Tenemos que tirar todos para el mismo lado”, explicó.

Rodrigo Astudillo recorriendo el predio de Talleres junto a Gustavo Lillo.

Y en ese punto aparece una diferencia importante respecto de cualquier intento de convertir a los ex jugadores en una suerte de salvadores. Astudillo fue claro: no están allí para solucionar los problemas futbolísticos. “Nosotros no vamos a salvar al equipo de esta situación. Los mismos jugadores lo van a hacer. Yo creo totalmente en los chicos que están”, afirmó.

¿Qué lugar pueden ocupar los ídolos?

Quizás ese sea el verdadero interrogante que queda después de este primer encuentro.

Maidana fue otro de los ex jugadores que expresó su interés en convertirse en un nexo entre plantel, cuerpo técnico y dirigencia. Astudillo coincide con esa posibilidad, aunque entiende que todavía es demasiado pronto para definir funciones. “Es muy reciente todo esto. Después cada uno verá en qué rol le es más útil al club”, explicó. Y agregó que también él se siente cómodo en un eventual lugar de nexo, aunque está dispuesto a adaptarse a las necesidades de la institución.

La definición resulta interesante porque vuelve a poner sobre la mesa una discusión que Talleres tiene pendiente: qué lugar ocupan sus ex jugadores dentro de la estructura actual.

El club construyó en los últimos años una infraestructura de primer nivel. El propio Astudillo había reconocido en aquella entrevista de mayo que “en lo estructural estamos a nivel europeo”, pero entendía que todavía había una deuda en el área futbolística.

Su propuesta no pasa necesariamente por llenar la estructura de ex jugadores ni por reemplazar a los profesionales que actualmente trabajan en el club. Pasa, más bien, por aprovechar un conocimiento que no se adquiere únicamente con títulos o cursos: el de haber vestido la camiseta, haber vivido al club desde adentro y conocer lo que representa para sus hinchas.

Maidana lo resumió recientemente: “La idea es pertenecer al club, nosotros conocemos al club, estuvimos ahí, fuimos jugadores, sabemos cómo es la opinión del hincha, conocemos al hincha”.

Ese vínculo, durante mucho tiempo, pareció debilitado. Y por eso el encuentro de este fin de semana puede ser más importante de lo que aparenta.

Julián Maidana junto a Pablo «Cholo» Guiñazú.

Una buena decisión, con una condición

Desde cualquier perspectiva, acercar a los ídolos al plantel es una buena decisión. También lo es que Matías Catalán y Juan Sforza hayan vuelto a entrenarse con el grupo y puedan ser considerados por Jorge Sampaoli.

En el caso de los futbolistas, las cuestiones contractuales pueden discutirse y resolverse en otros ámbitos. Dentro de la cancha, Talleres necesita contar con todas las herramientas posibles para salir de un comienzo que no fue el esperado.

En el caso de los ídolos, el beneficio es quizás menos tangible, pero no menos importante.

El hincha viene reclamando desde hace tiempo mayor cercanía con quienes representan la historia del club. Que Astudillo, Maidana, Brasca, Lillo, Albornos, Valencia o Guiñazú puedan entrar al predio, conversar con los jugadores y compartir experiencias debería ser algo natural en una institución que pretende fortalecer su identidad.

La condición es que no sea algo pasajero.

Porque la pregunta inevitable aparece: ¿esta puerta se habría abierto si Talleres hubiese ganado sus primeros cuatro o cinco partidos? ¿Catalán y Sforza habrían vuelto al plantel? ¿Los ídolos estarían recorriendo el predio y compartiendo un asado con los jugadores?

No hay una respuesta concreta. Y tampoco sería justo afirmar que este acercamiento nació exclusivamente de la crisis, porque Astudillo asegura que el grupo ya buscaba reunirse con la dirigencia desde antes. Pero la coincidencia temporal obliga, al menos, a mirar con atención.

El club utilizó en sus comunicaciones dos frases contundentes: “Talleres por encima de todo” y “Juntos todo, separados nada”.

Astudillo, lejos de apropiarse de esas consignas, las llevó a un terreno más profundo. “El ‘Talleres por encima de todos’ es una frase de hace mucho tiempo atrás. Todos los clubes están por arriba de todas las personas y todos los nombres”, sostuvo.

Y agregó una observación que también merece ser escuchada: “Noto que cuando el club pasa por una mala racha unos tiran para un lado y otros para otro, y ahí se complica mucho”.

Maidana, Astudillo y Lillo.

Talleres no necesita que sus ídolos salgan a jugar los partidos ni que carguen con una responsabilidad que no les corresponde. Tampoco necesita que la dirigencia abandone la profesionalización que construyó en los últimos años. 

Talleres necesita que ambas cosas puedan convivir. La estructura moderna y la identidad. Los profesionales y quienes conocen la historia. El presente y la memoria. La dirigencia, el plantel, los ex jugadores y los hinchas.

El sentido de pertenencia del que hablaba Astudillo no se recupera con una visita al predio ni con un asado. Tampoco con una frase publicada en redes sociales. Se construye con vínculos sostenidos en el tiempo.

Por eso, lo ocurrido este fin de semana puede ser apenas una foto o puede convertirse en el comienzo de una nueva etapa. La diferencia estará en lo que suceda después de que pase la urgencia, cuando Talleres vuelva a ganar —o cuando vuelva a perder— y ya no haya una crisis que obligue a tender puentes.

Ahí se sabrá si esta vez las puertas realmente quedaron abiertas.

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