El fútbol es un deporte, y también, claro, un refugio. A nivel amateur ese hogar de esparcimiento y competencia no está exento de acaloradas discusiones. Un lateral mal cobrado, una falta fuerte o un gol fantasma suelen ser los detonantes de reclamos interminables que, muchas veces, desvirtúan el verdadero espíritu del juego. Así como ocurrió en el profesionalismo, un proyecto surgido en las inmediaciones del aeropuerto decidió cortar de raíz con esta problemática, apostando por una herramienta que hasta hace muy poco tiempo parecía exclusiva de la primera.
La decisión de ser los primeros en Córdoba en instalar un sistema de revisión en pantalla le pertenece a Torneoempresas. Lejos de los presupuestos de las grandes ligas, y ubicado en Espacio La Diez (José Antonio Ceballos 1370) armaron una estructura técnica y humana que funciona a pleno. La innovación tecnológica llegó para transformar la manera en que los equipos transitan sus partidos, aportando justicia deportiva y reduciendo drásticamente los conflictos habituales. El responsable detrás de esta movida es el organizador Armando Rojas, conocido como “Grillo”.
La ingeniería detrás del proyecto
En diálogo con Hoy Día Córdoba, “Grillo” detalla que el camino hacia la implementación no fue para nada sencillo y requirió una evolución constante a base de prueba y error. La idea dio sus primeros pasos entre septiembre y octubre del año 2022, cuando los organizadores comenzaron a utilizar celulares para registrar las acciones. Rápidamente advirtieron que necesitaban dar un salto de calidad.
A mediados de 2023, la apuesta creció al incorporar un circuito de cámaras de alta definición (1080p), distribuidas en lugares clave de las canchas para cubrir los distintos ángulos y no perderse absolutamente ningún detalle crucial.
La logística demanda un esfuerzo por parte del equipo de trabajo. Detrás de esta maquinaria está el hermano de “Grillo”, un estudiante de ingeniería en sistemas, encargado de afinar el mecanismo. El propio organizador reconoció la magnitud de la tarea: “Tenemos que ir aproximadamente con dos horas de anticipo al lugar para tratar de acomodar todas las cámaras, ponerlas en su lugar, instalarlas, ponerle los cables. Son dos horas de armado y una hora de desarmado”.
El impacto en el terreno de juego
A puertas abiertas todo cambia. Uno de los aspectos que resaltan de esta iniciativa es el efecto psicológico que produjo en los jugadores. Apenas los futbolistas escuchan el relato en vivo y notan que las cámaras los apuntan, su postura se transforma de inmediato. Rojas describe este fenómeno con claridad: “Empiezan a pararse de otra forma, juegan más para mostrarse. Y mantienen más seriedad”.
El VAR tiene como objetivo brindar soluciones y, en este caso, ayudó a pacificar el clima, evitando que las discusiones pasen a mayores. Grillo sostiene: “Ha traído mucha solución en más de un partido y eso conlleva a que no haya protestas desmedidas”.
El trabajo detrás de la pantalla
Para que la maquinaria ruede, Rojas coordina un staff de entre 10 y 12 personas cada semana. Sin embargo, el equipo abocado específicamente a la tecnología es de cuatro integrantes: dos operando las máquinas dentro de una cabina improvisada en un andamio y dos árbitros en campo. Actualmente, cuentan con ocho árbitros federados que rotan semanalmente y conocen a fondo el protocolo.
Rojas aclara que, a pesar de los esfuerzos técnicos, el sistema no tiene una garantía total debido a factores externos que a veces complican el desempeño de la jornada. La calidad de la conexión depende de proveedores que van desde la fibra óptica hasta antenas satelitales, y las adversidades climáticas juegan su parte.
El organizador admite: “Hay muchos partidos donde el VAR no está en funcionamiento debido a una tormenta eléctrica o que el internet es malo”. Incluso menciona que han sufrido episodios de inseguridad vinculados al robo del cableado de internet, lo que les impide garantizar la herramienta en cada encuentro. “El promedio de uso es de entre un 80% o 90%”.
Despliegue audiovisual y proyecciones
El esquema de grabación varía según las dimensiones del terreno. En una de las canchas utilizan hasta cinco cámaras de monitoreo, mientras que en otra se apoyan en tres dispositivos. La distribución nunca es azarosa: se ubican en las esquinas para controlar si la pelota entra al arco o posibles penales, mientras que otra lente central se encarga del seguimiento general y sirve como base visual para el relato en vivo.
Según relata su organizador, sostener la estructura exige destinar la mitad de la recaudación a la compra de equipamiento para evitar aumentos en el valor de las inscripciones. Con el sistema patentado para eludir plagios, la organización fijó su próximo paso fuera de la provincia. Rojas resume la meta final: “Buscamos que el torneo sea conocido, llegando a la capital del país, ya que este formato allá no existe”.
