La firma del Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíprocos entre Argentina y Estados Unidos abrió una intensa agenda de repercusiones empresarias, políticas y sectoriales. Mientras la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham) celebró el entendimiento como un hito para la inversión, dirigentes opositores advirtieron sobre impactos en la industria local y el Mercosur. En paralelo, mercados, agro y minería comenzaron a anticipar ganadores y riesgos del nuevo esquema de apertura.
El convenio aún debe ser ratificado por el Congreso y se perfila como uno de los debates económicos centrales del año. El Gobierno evalúa si lo hará en sesiones extraordinarias o en el período ordinario.
La Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham) calificó el pacto como “una oportunidad estratégica para el desarrollo, la inversión y la competitividad” y pidió al Congreso su rápida aprobación.
La entidad destacó que el acuerdo alinea la normativa argentina con estándares internacionales en comercio, inversiones, propiedad intelectual y comercio digital. También subrayó que la eliminación de aranceles por parte de Estados Unidos podría generar exportaciones adicionales por US$1.013 millones, a lo que se sumarían US$800 millones por la ampliación del cupo de carne bovina.
Además, el convenio habilita financiamiento estadounidense a través del Banco de Exportaciones e Importaciones de Estados Unidos (EXIM Bank) y la Corporación Financiera de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (DFC) para proyectos en energía, infraestructura y minerales críticos.
Defensa oficial y rechazo político
Desde la Casa Rosada, el vocero presidencial Manuel Adorni, jefe de Gabinete, y el canciller Pablo Quirno defendieron el acuerdo como un “hito histórico” que permitirá acceder a un mercado de 340 millones de personas y recuperar exportaciones por más de US$1.000 millones.
En contraste, el diputado nacional Eduardo Valdés, legislador del bloque peronista, rechazó el tratado y lo calificó como “una bomba de tiempo”. El dirigente advirtió que podría afectar la arquitectura institucional del Mercosur y generar litigios comerciales internacionales, al considerar que el pacto vulnera normas del bloque y de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El debate parlamentario aparece como el próximo capítulo, ya que el Gobierno aún no definió si enviará el proyecto en sesiones extraordinarias o durante el período ordinario.
Mercados y empresas anticipan oportunidades
Las primeras reacciones del mercado mostraron subas en acciones vinculadas al agro, la minería y la energía. Especialistas prevén un flujo de inversiones en minerales críticos, clave para la industria tecnológica estadounidense.
El acuerdo elimina aranceles para 1.675 productos argentinos y abre el mercado local a maquinaria, tecnología, dispositivos médicos y bienes agrícolas estadounidenses.
Agro y carne
Uno de los sectores más favorecidos sería el agro. El cupo de exportación de carne bovina se amplía a 100.000 toneladas con acceso preferencial, lo que implicaría cerca de US$800 millones adicionales.
El presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Carlos Castagnani, afirmó que la apertura comercial es clave para aumentar exportaciones y actividad. En la misma línea, el presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), Georges Breitschmitt, sostuvo que la medida “genera mejor competencia entre mercados”.
El contexto global refuerza el optimismo: Estados Unidos atraviesa el nivel más bajo de stock ganadero en 75 años y aumentó sus importaciones.
Sectores ganadores del acuerdo
Entre los rubros con mayor potencial aparecen:
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Carne bovina, aviar y porcina
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Lácteos, frutas, vinos y economías regionales exportadoras
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Energía, minería y minerales críticos
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Tecnología, salud y dispositivos médicos
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Industria automotriz con reconocimiento de estándares internacionales
El convenio permitiría recuperar exportaciones por más de US$1.000 millones y atraer inversiones en sectores estratégicos.
Industria, empleo y asimetrías
Junto al entusiasmo, surgieron fuertes advertencias de economistas e industriales sobre los posibles costos del acuerdo.
Especialistas señalaron que la diferencia de escala entre ambas economías podría generar asimetrías competitivas significativas, especialmente para la industria local.
Entre los sectores más sensibles aparecen:
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Industria manufacturera y pymes industriales
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Textil y calzado
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Acero y aluminio
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Autopartes y producción automotriz local
Analistas advierten que una apertura acelerada podría provocar mayor dependencia de importaciones estadounidenses si no se establecen plazos de adaptación y políticas de acompañamiento.
También se mencionan riesgos para economías regionales que podrían enfrentar competencia externa sin herramientas de protección o reconversión productiva.
Críticas políticas y debate por el Mercosur
El diputado nacional Eduardo Valdés, legislador peronista, calificó el acuerdo como una “bomba de tiempo” y advirtió que podría afectar la arquitectura institucional del Mercosur y generar litigios comerciales internacionales.
El debate político ya se perfila como intenso: mientras el oficialismo resalta el potencial exportador, la oposición advierte sobre empleo industrial, soberanía económica y compatibilidad con el bloque regional.
La industria reclama corregir distorsiones internas ante la apertura económica
