La canasta básica total registró en marzo una suba del 2,6%, por debajo de la inflación general del mes, y marcó así una desaceleración en su ritmo de crecimiento. Sin embargo, el costo para no caer en la pobreza continúa en niveles elevados.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), una familia tipo necesitó $1.434.000 para no ser considerada pobre, mientras que la canasta básica alimentaria —que define la línea de indigencia— también mostró una variación más moderada.
Desaceleración relativa
El dato de marzo reflejó una dinámica distinta respecto al índice de precios al consumidor, que se ubicó por encima de ese nivel. Esto implica que, en términos relativos, los alimentos y servicios esenciales aumentaron menos que el promedio general de precios.
No obstante, especialistas advierten que la desaceleración no implica una mejora real del poder adquisitivo, ya que los valores acumulados siguen siendo elevados y presionan sobre los ingresos.
El umbral de la pobreza
El informe oficial precisó que una familia compuesta por dos adultos y dos menores necesitó más de $1,4 millones mensuales para cubrir el conjunto de bienes y servicios básicos.
En tanto, para no caer en la indigencia, el mismo hogar requirió cubrir el costo de la canasta alimentaria, que también continúa en niveles altos pese a la menor variación mensual.
Impacto en los hogares
Si bien el menor ritmo de aumento puede interpretarse como una señal de desaceleración inflacionaria en ciertos rubros, el impacto sobre los hogares sigue siendo significativo.
La evolución de estos indicadores es clave para medir la pobreza y la indigencia en la Argentina, en un contexto donde los ingresos aún corren por detrás de los precios en varios sectores.
La inflación de marzo fue del 3,4% y acumuló 9,4% en el primer trimestre del año
