La carne vacuna volvió a marcar el pulso de los alimentos en febrero, con aumentos muy superiores al nivel general. Mientras el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) se ubicó en 2,9% mensual, los cortes vacunos registraron una suba promedio del 7,4%, según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA).
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El incremento fue generalizado. Los mayores aumentos se observaron en la paleta (8,1%), el cuadril (8,0%) y la nalga (8,0%), mientras que la carne picada común subió 7,1% y el asado 5,7%. En términos de precios, el kilo de asado se ubicó en torno a los $16.800, el cuadril cerca de $19.800 y la nalga superó los $20.500.
En la comparación interanual, el salto es aún más significativo: el precio de los cortes vacunos acumuló un 63,6% de aumento, muy por encima del nivel general de inflación, que se ubicó en torno al 33%. Dentro del rubro alimentos, las carnes y derivados lideran las subas, con un incremento del 54,1%.
Menor oferta y presión sobre el mercado
El informe de CICCRA atribuye este comportamiento a una oferta ganadera restringida, producto de condiciones climáticas adversas en los últimos años. La sequía y las inundaciones provocaron una reducción del stock y una menor disponibilidad de hacienda, lo que impulsó el precio del ganado en pie a niveles elevados.
Este factor impacta en toda la cadena: menos animales disponibles derivan en menor producción y mayores costos, que finalmente se trasladan al consumidor. En febrero, la faena alcanzó 924,3 mil cabezas, lo que representó una caída del 10,7% interanual, ubicando la actividad entre las más bajas para ese mes en décadas.
En el primer bimestre del año, la producción de carne vacuna fue de 457 mil toneladas res con hueso, lo que implicó una baja del 9,1% frente al mismo período de 2025.
Consumo en mínimos históricos
En paralelo a la suba de precios, el consumo interno volvió a retroceder. Según CICCRA, el consumo aparente per cápita se ubicó en 47,3 kilos por habitante al año, el nivel más bajo en más de dos décadas.
El informe señala que el consumo total cayó a un ritmo del 13,8% interanual en el primer bimestre, reflejando el impacto de los precios sobre el poder adquisitivo. La combinación de valores elevados y menor ingreso disponible llevó a los hogares a reducir las compras o a reemplazar la carne vacuna por otras proteínas más accesibles.
Exportaciones en alza y menor oferta interna
A contramano del mercado interno, las exportaciones mostraron un comportamiento dinámico. En el primer bimestre del año, los envíos al exterior habrían alcanzado unas 124 mil toneladas res con hueso, con un crecimiento del 6,6% interanual.
Este escenario refuerza la tensión en el mercado local: más exportaciones y menor producción implican menos volumen disponible para el consumo interno, lo que contribuye a sostener los precios elevados.
Además, el valor de exportación también registró mejoras. El precio promedio de la tonelada exportada se ubicó en torno a los US$7.362, con subas interanuales cercanas al 30%, impulsadas por la demanda en mercados como Israel, Europa y China.
Un mercado bajo presión
El comportamiento de la carne vacuna consolida un escenario de fuerte tensión en la cadena cárnica, donde la menor oferta, el aumento de precios y la caída del consumo conviven de manera simultánea.
En este contexto, la carne vuelve a posicionarse como uno de los principales factores de presión sobre la inflación alimentaria, incluso en un escenario donde otros productos mostraron cierta desaceleración.
La dinámica actual refleja un cambio relevante en el mercado: precios en alza y consumo en retroceso, una combinación poco habitual en un país históricamente caracterizado por altos niveles de consumo de carne vacuna.
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