El consumo de carne vacuna en la Argentina cayó cerca de 10% interanual en marzo y acumula un descenso de 13,8% en el primer bimestre de 2026, según el informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA). El consumo per cápita se ubica en torno a los 47,3 kilos anuales, uno de los niveles más bajos de los últimos 20 años.
Los datos del sector muestran además un cambio en la estructura del mercado: mientras el consumo interno cayó cerca de 10%, las exportaciones crecieron 11,4% interanual. En paralelo, la producción retrocedió 5,1%, lo que refleja un escenario de menor oferta local y mayor orientación al mercado externo.

Menos oferta y presión sobre los precios
El informe advierte que la faena vacuna se mantiene en niveles bajos en términos históricos y acumula una caída de 7,6% en el primer trimestre. Esta menor disponibilidad de hacienda responde a factores climáticos de los últimos años —sequías e inundaciones— que redujeron el stock ganadero.
A esto se suma que el precio del ganado en pie registró un aumento de 66,2% interanual, alcanzando uno de los niveles más altos de los últimos 15 años. Este encarecimiento en el origen es uno de los principales factores que explica la suba en los mostradores.
Más allá de la caída, el dato más relevante es el cambio en los hábitos de consumo, cada vez más orientados a opciones económicas.
Precios en fuerte alza
Los precios de los cortes vacunos registraron subas superiores al 60% interanual. Entre los principales aumentos se destacan:
Asado: +68,9%
Paleta: +66,5%
Carne picada: +63,2%
En marzo, además, los incrementos continuaron en niveles elevados:
Carne picada: +8,4% mensual
Paleta: +8%
Nalga/cuadril: alrededor de +7,7%
El rubro carnes y derivados fue, de hecho, el de mayor incremento dentro de alimentos, con una suba de 6,9% mensual y 55,1% interanual.
La carne picada, la más elegida
En este contexto, la carne picada se consolida como la opción más demandada, pese a haber sido uno de los productos con mayores subas recientes. Su menor precio relativo la convierte en alternativa frente a cortes tradicionales más caros.
Pero no solo se trata de precio. La carne picada también es elegida por su mayor rendimiento en la cocina: permite preparar comidas como empanadas, hamburguesas, rellenos o salsas que rinden más por porción y pueden combinarse con otros ingredientes.
De esta manera, con un mismo gasto, los hogares logran generar mayor volumen de comida, aunque con menor proporción de carne por plato. Es decir, se mantiene el consumo del producto, pero se reduce la cantidad efectiva de carne consumida.
El fenómeno refleja un cambio más profundo: no solo se compra menos carne, sino que también se modifica la forma de consumirla, en un contexto de ajuste del gasto alimentario.
Ajuste en los mostradores
En las carnicerías crece la demanda de cortes delanteros y económicos, mientras que caen las ventas de cortes como asado o vacío. A la vez, se intensifica la sustitución hacia proteínas más accesibles, como pollo y cerdo.
El consumo interno, que históricamente representaba más del 90% de la producción, hoy se ubica cerca del 70%, lo que evidencia un cambio estructural en el mercado.
Al mismo tiempo, el crecimiento de las exportaciones —impulsado tanto por volumen como por precios internacionales, que subieron más de 30%— refuerza la tensión sobre la oferta disponible en el mercado local.
Un piso histórico
El nivel actual consolida un escenario de mínimos en dos décadas, en un contexto de pérdida de poder adquisitivo, menor oferta ganadera y precios en alza.
La combinación de estos factores redefine el patrón de consumo: se come menos carne vacuna y, al mismo tiempo, se priorizan opciones más económicas, en una tendencia que comienza a mostrar rasgos persistentes.
