En Argentina, casi 2 millones de personas están desocupadas o trabajan en la informalidad, en un mercado laboral que muestra señales de deterioro tanto en cantidad como en calidad de empleo. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la tasa de desocupación subió de 5,7% a 7,5% en los últimos dos años, lo que equivale a 1,7 millones de personas sin trabajo.
Al mismo tiempo, el empleo total se desplazó hacia formas más precarias: la tasa de empleo bajó a 45% y la informalidad alcanzó al 43% de los ocupados. En términos generales, se estima que hay 13 millones de trabajadores registrados frente a 9 millones no registrados.
Más precarización y menos empleo formal
El deterioro del mercado laboral no solo se explica por la falta de puestos, sino también por su calidad. En los últimos dos años se perdieron 262.000 empleos registrados, tanto en el sector privado como en el público.
En paralelo, creció el empleo informal en sectores tradicionales como el comercio y la industria, lo que refleja un proceso de precarización sostenido.
Presión laboral en aumento
Aunque la tasa de actividad se mantuvo estable, aumentó la presión sobre el empleo. Actualmente, casi el 30% de la población económicamente activa tiene problemas laborales, ya sea por desempleo, subocupación o búsqueda de mejores ingresos.
En ese universo se destacan los “ocupados demandantes”, personas que tienen trabajo pero necesitan otro o más horas. Este grupo alcanza a 3,7 millones de trabajadores.
Jóvenes y regiones más afectadas
Los mayores niveles de desocupación se registran entre jóvenes de 14 a 29 años, el segmento más vulnerable del mercado laboral. A nivel regional, Córdoba presenta uno de los indicadores más altos de presión laboral, con más de un tercio de la población con dificultades de empleo o ingresos.
Un mercado desequilibrado
El problema también se refleja en la demanda laboral: mientras las empresas buscan perfiles técnicos y especializados, la oferta de trabajadores se concentra en empleos operativos, generando una brecha difícil de cubrir.
En este contexto, crece el monotributo como alternativa: ya hay más de 4,7 millones de inscriptos, aunque la mayoría se concentra en las categorías más bajas.
El resultado es un mercado laboral más grande pero más frágil, donde no solo falta empleo, sino también trabajo de calidad y con ingresos suficientes.
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