El Gobierno de Javier Milei comenzó a modificar algunos aspectos de su estrategia económica con un objetivo cada vez más evidente: lograr que la recuperación de la actividad se perciba en la vida cotidiana antes de las elecciones de 2027.
El ministro de Economía, Luis Caputo, junto con funcionarios del área productiva, profundizó durante las últimas semanas un análisis sectorial para identificar qué actividades muestran una evolución favorable y cuáles continúan retrasadas. El diagnóstico oficial distingue entre sectores que ya muestran un fuerte dinamismo, como el agro, las finanzas, la minería y la energía, y otros que todavía necesitan estímulos para recuperar actividad.
A partir de esa evaluación, el Ejecutivo comenzó a diseñar medidas específicas para determinados sectores, una modalidad que representa un cambio respecto de la idea inicial de dejar que el mercado opere sin intervenciones puntuales.
En esa línea se inscriben algunas de las medidas adoptadas recientemente, como la reducción de tasas para incrementar la circulación de pesos, la flexibilización de determinadas condiciones para ampliar el crédito en dólares y el uso de recursos de la Anses para favorecer el financiamiento hipotecario.
Crédito y consumo, en el centro de la estrategia
Uno de los principales instrumentos utilizados por el Gobierno es el crédito. En particular, el Banco Nación comenzó a adquirir un papel más importante en la estrategia de reactivación mediante líneas de financiamiento destinadas a distintos sectores.
El caso más reciente es el mercado automotor. Las terminales agrupadas en ADEFA plantearon las dificultades que atraviesa la industria local frente al ingreso creciente de vehículos importados, especialmente modelos provenientes de China que compiten con precios más bajos y un mayor nivel de equipamiento tecnológico.
Como respuesta, el Banco Nación ampliará desde este lunes su línea +Autos, incorporando una modalidad en UVA que permitirá financiar hasta el 100% del valor de vehículos nuevos o usados de hasta diez años de antigüedad, con un límite de $100 millones y sin necesidad de constituir una prenda.
Los préstamos tendrán plazos de entre 12 y 60 meses, con cuotas iniciales inferiores a las de otras alternativas tradicionales en pesos y un mecanismo de actualización vinculado con la evolución de los salarios.
La apuesta oficial es que el mayor acceso al financiamiento permita recuperar el consumo de bienes durables y, al mismo tiempo, darle impulso a una industria que enfrenta una fuerte competencia externa.
El mayor protagonismo del Banco Nación también modificó el escenario del sistema financiero. Al ofrecer líneas de crédito en condiciones competitivas, la entidad estatal logró ampliar su participación en determinados segmentos del mercado, incluso frente a los bancos privados.
Construcción e industria, entre los sectores rezagados
La construcción aparece como otro de los sectores que el Gobierno busca dinamizar. Aunque Milei mantiene su decisión de limitar la obra pública, dentro del equipo económico consideran que existen proyectos de infraestructura cuya paralización puede terminar siendo más costosa que su finalización.
En ese marco avanzan algunas obras puntuales, particularmente vinculadas con rutas, a partir de la insistencia del jefe de Gabinete, Diego Santilli, quien busca mostrar resultados concretos ante los gobernadores.
Caputo respalda esa estrategia en la medida en que pueda contribuir a generar actividad sin modificar el eje central del programa económico.
También se analiza la posibilidad de reducir aún más los impuestos a la importación de maquinaria destinada a sectores exportadores, con el objetivo de mejorar su capacidad productiva y competitiva.
El diagnóstico que manejan en el Gobierno es que no todos los sectores están atravesando el mismo momento. Mientras algunas actividades muestran un desempeño sólido, la construcción, la industria y el consumo masivo todavía permanecen por debajo de las expectativas oficiales.
La economía y la política ya funcionan como una sola agenda
La evolución de la actividad económica comenzó a ocupar un lugar central en las conversaciones políticas dentro del oficialismo y entre sus posibles aliados.
En ese contexto, Mauricio Macri retomó un diálogo frecuente con Karina Milei, luego de una conversación telefónica de aproximadamente media hora que ambos mantuvieron semanas atrás y que permitió recomponer los contactos entre La Libertad Avanza y el PRO.
El objetivo compartido está puesto en las elecciones de 2027. Macri habría transmitido su preocupación por la necesidad de que la mejora de las variables macroeconómicas se traduzca en una percepción favorable entre los ciudadanos.
La misma inquietud aparece dentro del oficialismo. En el entorno presidencial reconocen que, más allá de los resultados fiscales y de la reducción de la inflación, la población necesita comenzar a sentir una mejora concreta en sus ingresos y en su situación económica.
El desafío, por lo tanto, dejó de ser exclusivamente estabilizar las cuentas públicas. Ahora la prioridad es que esa estabilización se transforme en crecimiento, empleo, consumo y una mejora del poder adquisitivo.
Caputo gana protagonismo
Este nuevo escenario colocó a Luis Caputo en el centro de la estrategia económica. El ministro busca alternativas para estimular la actividad sin apartarse de las restricciones que impone el programa de Milei.
Su mayor protagonismo también quedó reflejado en su exposición pública durante los últimos días, con entrevistas concedidas en Estados Unidos y declaraciones ante periodistas luego de participar en actividades empresariales en Argentina.
Dentro del Gobierno conviven, sin embargo, distintas miradas sobre algunas de las herramientas utilizadas para impulsar el crédito.
El ministro Federico Sturzenegger, identificado con una postura más estrictamente desreguladora, es señalado como crítico de algunas medidas destinadas a ampliar el financiamiento bancario en dólares. También existen reparos dentro de otros sectores del Gabinete respecto del uso de recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para fondear créditos hipotecarios.
Estas diferencias muestran que la estrategia económica no está exenta de discusiones internas, aunque el objetivo general de sostener la recuperación parece contar con respaldo dentro del oficialismo.
El respaldo de Estados Unidos y la cuestión Malvinas
El vínculo con Estados Unidos constituye otro de los pilares de la estrategia del Gobierno. Caputo mantuvo recientemente una reunión con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, durante la cumbre del G-20, encuentro que el ministro interpretó como positivo y que terminó acompañado por elogios hacia la gestión argentina.
La relación bilateral también comenzó a tener derivaciones en otros terrenos.
Un reciente pronunciamiento de Donald Trump sobre las Islas Malvinas abrió la puerta para que Milei anunciara nuevas medidas contra empresas petroleras vinculadas con proyectos de explotación de hidrocarburos en el archipiélago.
En ese marco, las compañías Rockhopper y Navitas, vinculadas al proyecto petrolero Sea Lion, aparecen bajo la lupa del Gobierno argentino. Según documentación citada en el informe, ambas empresas desarrollaron durante años vínculos de lobby principalmente en Londres y contrataron a la consultora Hanbury Strategy and Communications.
Navitas, además, mantuvo en 2023 una reunión con el entonces funcionario del Foreign Office Zac Goldsmith para abordar específicamente el proyecto Sea Lion.
El análisis sostiene que las compañías construyeron una red de relaciones mucho más desarrollada en el Reino Unido que en Washington. La incorporación del tema Malvinas al debate político estadounidense abrió, en ese sentido, un nuevo margen de acción para Buenos Aires.
El desafío de convertir la estabilidad en votos
El cambio de estrategia no implica que Milei haya abandonado sus principios económicos ni que el Gobierno se haya convertido en desarrollista. La premisa central del programa continúa vigente: equilibrio fiscal, desregulación y reducción de la inflación.
Lo que cambió es el diagnóstico político.
La Casa Rosada entiende que la estabilidad macroeconómica por sí sola puede no ser suficiente para garantizar respaldo electoral. El Gobierno necesita que sus resultados se traduzcan en una mejora perceptible para amplios sectores de la sociedad.
Por eso, mientras mantiene el rumbo fiscal, comenzó a buscar herramientas para acelerar la recuperación de las actividades que todavía no despegaron.
La expectativa oficial es que, si la inflación continúa descendiendo y los salarios empiezan a crecer por encima de los precios, la mejora económica sea más visible durante el primer trimestre de 2027, justo cuando comience a definirse con mayor claridad el escenario electoral.
La apuesta de Milei será, en definitiva, convertir los avances macroeconómicos en resultados concretos para la población. De esa capacidad dependerá buena parte de la estrategia del oficialismo para intentar extender su proyecto político más allá de 2027.
