El “oro verde” argentino: el pistacho gana terreno en el mundo

La escasez en el hemisferio norte duplicó los precios internacionales y disparó la demanda por el fruto seco producido en el país. San Juan lidera el crecimiento de un sector que apuesta a generar divisas y empleo.

El “oro verde” argentino: el pistacho gana terreno en el mundo

La escasez global y la suba de precios impulsan la demanda del pistacho argentino, que gana terreno en provincias como San Juan y se proyecta como una nueva fuente de exportaciones y divisas para el país.

La producción de pistacho en la Argentina atraviesa un momento histórico. La falta de oferta en países del hemisferio norte elevó los precios internacionales hasta duplicarlos en algunos mercados, y ese escenario impulsó una demanda creciente por el pistacho argentino, cuya cosecha ya se comercializa anticipadamente y proyecta un fuerte aumento de superficie sembrada.

En el día mundial del Pistacho, el sector celebra un auge inédito. La combinación de escasez global, calidad del producto y condiciones agroclimáticas favorables posicionó al país como un proveedor emergente con alto potencial exportador, especialmente en provincias como San Juan, que concentra la mayor parte de la producción nacional.

Escasez global y precios en alza

La demanda internacional por el fruto seco crece a medida que disminuye la producción en regiones tradicionales. Según explicó el productor Marcelo Ighani, pionero del cultivo en el país, el pistacho es un producto de oferta limitada en el mundo, lo que explica su valor: el kilo pasó de rondar los 11 dólares a valores cercanos a 20 en algunos mercados.

El fenómeno responde a problemas productivos en países del hemisferio norte, que comparten latitudes similares con las zonas productoras argentinas. En ese contexto, la cosecha local se vende rápidamente y la demanda supera ampliamente la oferta disponible.

San Juan lidera el crecimiento

La provincia de San Juan concentra cerca del 90% de la superficie plantada en Argentina, con miles de hectáreas en expansión y nuevos inversores interesados. A esa producción se suman proyectos en Mendoza, La Rioja y La Pampa, donde el cultivo se perfila como alternativa a otras actividades en crisis, como la vitivinicultura.

Actualmente se estiman más de 11.000 hectáreas sembradas y una tendencia sostenida de crecimiento. El cultivo requiere inversiones iniciales altas y varios años para alcanzar rendimiento, pero su vida productiva supera los 50 años y los retornos pueden resultar atractivos en dólares.

Oportunidad de divisas y empleo

El pistacho argentino se proyecta como una nueva fuente de ingreso de divisas para el país. Gran parte de la producción se destina a exportación y el mercado internacional continúa creciendo a un ritmo cercano al 6,5% anual.

El empresario agrícola Juan Ignacio Ponelli destacó que la demanda mundial supera la oferta desde hace décadas y podría generar un déficit estructural de cientos de miles de toneladas hacia 2040. En ese escenario, nuevos productores buscan ingresar al mercado mediante fideicomisos rurales y proyectos de largo plazo.

Además del impacto en exportaciones, el crecimiento del sector genera empleo en zonas rurales, impulsa inversiones en infraestructura de riego y logística y fortalece economías regionales.

De producto gourmet a tendencia masiva

El pistacho dejó de ser un ingrediente de nicho para convertirse en protagonista de la gastronomía global. En Europa y Estados Unidos se utiliza en platos dulces y salados, heladería, chocolatería e incluso cosmética, gracias a su aceite con propiedades nutritivas.

En la Argentina, el consumo interno también crece, con heladerías y pastelerías que incorporan el fruto en sus productos. Sin embargo, el mercado local aún es pequeño en comparación con la demanda externa.

Un cultivo estratégico

La combinación de clima favorable, calidad reconocida y demanda sostenida posiciona al pistacho como una alternativa agrícola estratégica para diversificar la matriz productiva argentina. En un contexto económico complejo, el “oro verde” promete convertirse en un nuevo generador de divisas, empleo e inversión.

El desafío, coinciden productores y especialistas, será sostener la expansión con tecnología, financiamiento y planificación para que el crecimiento no sea solo coyuntural, sino una política de desarrollo de largo plazo para el agro nacional.

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