La discusión pública habitualmente debate sobre indicadores que surgen de relevamientos recurrentes como los que realiza el Indec o los que generan las múltiples consultoras que trabajan en nuestro país y particularmente en Córdoba.
En HDC reflejamos diariamente esos contrapuntos en notas que abordan la evolución del consumo general, como la siguiente:
El consumo sigue estancado y no muestra señales de recuperación
O aquellas que hacen foco en la caída de ventas que vienen sufriendo algunos productos tan tradicionales para nuestro país como lo es la carne:
El consumo de carne cayó por debajo de los 50 kilos por persona, el menor nivel en 20 años
También por supuesto nos ocupamos cada mes de informar sobre mediciones que generan discusión permanente como el IPC (Índice de Precios al Consumidor), básicamente la inflación, o los índices de pobreza e indigencia.
Sin embargo, a veces la calle nos entrega datos más contundentes que toda una serie anual de indicadores, públicos o privados.
En un supermercado perteneciente a una cadena internacional, ubicado en Barrio Urca de la Ciudad de Córdoba, le colocaron alarma antirrobo al fiambre y queso fraccionados. Lo que ya era habitual de encontrar en artículos más costosos, como las bebidas alcohólicas, ahora se extendió a productos de consumo tan habitual como 200g de paleta de cerdo y 150g de queso Tybo cortado en fetas, que sumados sus precios dan un valor de $8.550.
Que los alimentos se hayan convertido en objeto de hurto en supermercados debería hacernos reflexionar sobre las discusiones que nos ocupan diariamente.
