Las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas volvieron a retroceder en julio y acumularon una caída del 2,7% en los primeros siete meses del año, según el relevamiento realizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
De acuerdo con el informe, las ventas registraron en julio una disminución del 3,8% frente al mismo mes de 2025. En la comparación mensual, también se observó una contracción, aunque el relevamiento señala una baja del 2,1% respecto de junio.
Se trató del segundo retroceso interanual consecutivo y de una nueva señal de desaceleración del consumo, en un escenario marcado por una mayor cautela de los hogares y el impacto de los gastos asociados a las tarifas de los servicios durante el invierno.
Desde CAME explicaron que una de las causas principales fue el agotamiento del impulso extraordinario que había generado el pago del aguinaldo durante el mes anterior. Sin ese ingreso adicional, sumado al incremento de los gastos familiares, los consumidores redujeron sus decisiones de compra y priorizaron los productos considerados indispensables.
Solo un sector logró crecer
La evolución fue negativa en casi todos los rubros relevados. De los siete sectores analizados, únicamente uno consiguió cerrar julio con una variación interanual positiva, aunque por un margen reducido.
Los mayores descensos correspondieron a Textil e indumentaria, con una caída del 5,6%; Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles, que retrocedió 5,5%; y Alimentos y bebidas, con una baja del 5,4%.
En el extremo opuesto, Ferretería, materiales eléctricos y materiales para la construcción fue el único sector que logró crecer, con una mejora interanual del 1%.
El desempeño acumulado también muestra una situación compleja: durante los primeros siete meses del año, la mayoría de los sectores registró retrocesos interanuales y fueron escasos los rubros que lograron mejoras respecto del período anterior.
Los comerciantes muestran mayor cautela
La percepción de los propios comerciantes también reflejó un deterioro en las expectativas sobre la actividad. El 48,1% de los empresarios consultados consideró que su nivel de operaciones se mantuvo estable frente a julio del año pasado, dos puntos menos que en la medición anterior.
Al mismo tiempo, aumentó la proporción de comerciantes que calificó negativamente su situación. Ese grupo pasó del 43,1% al 44,5% en apenas un mes.
Las perspectivas para los próximos 12 meses aparecen algo más divididas. El 46,3% espera que la actividad se mantenga sin cambios significativos, mientras que el 42,4% proyecta una mejora. Este último grupo creció 4,7 puntos porcentuales respecto de junio. El 11,3% restante anticipa un escenario desfavorable.
En materia de inversiones, la cautela es todavía mayor: el 61,5% de los comercios considera que las condiciones actuales no son favorables para realizar nuevas inversiones de capital. Solo el 14% las considera oportunas y el 24,5% no tomó una posición.
El comercio online marca otra tendencia
El relevamiento también mostró una diferencia importante entre los canales de venta. Mientras las operaciones generales de los comercios minoristas se contrajeron, las ventas online realizadas por establecimientos con locales físicos crecieron un 14,9% interanual durante julio.
En términos mensuales y con ajuste estacional, sin embargo, las ventas por internet registraron una leve baja del 0,1%.
El dato evidencia el avance de los canales digitales como alternativa para los comercios pyme, aun en un contexto general de menor consumo.
Un consumo más concentrado en lo indispensable
Según el análisis de CAME, el comercio minorista atraviesa una etapa de marcada desaceleración luego de los impulsos coyunturales registrados en los meses anteriores.
La pérdida de poder adquisitivo y el mayor peso de los gastos vinculados con los servicios durante el invierno llevaron a los consumidores a adoptar una conducta más defensiva. En consecuencia, las compras se concentraron principalmente en bienes esenciales, medicamentos recetados y productos de reposición inmediata.
En cambio, las decisiones relacionadas con bienes durables, indumentaria, muebles y artículos de mayor valor fueron postergadas.
Del lado de los comerciantes, las operaciones dependieron cada vez más de promociones bancarias, billeteras digitales y descuentos por pagos al contado. A esto se sumó la presión sobre los márgenes de rentabilidad generada por el aumento de los costos de reposición, los gastos logísticos y la competencia de productos informales e importados.
Frente a este escenario, las pequeñas y medianas empresas optaron por una estrategia de prudencia financiera: limitaron los planes de inversión y concentraron sus esfuerzos en sostener el funcionamiento cotidiano de sus negocios.
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