Cardellino: Hay un disco en camino, pero va por otro lado

En conversación con Hoy Día Córdoba, el músico uruguayo llega a la ciudad entre cábalas y una búsqueda constante por no repetirse. Cada show es una reinvención, cada canción una forma de dejar que algo aparezca sin forzarlo. “Hice un tema medio para arriba, como para joder, para ir calentando un poco la cosa”, dice sobre Topami, y en esa naturalidad se cuela también su forma de crear.

Cardellino: Hay un disco en camino, pero va por otro lado

Soy un músico uruguayo con raíces e inspiración de mucha música brasilera… y también influencias más modernas, un poquito de urbano, un poquito de recitado o rap, y una cuota latina también… pero siendo tranquila, una música como agradable, quizás porque no es tampoco algo super pesado o super urbano”, dice Javier Cardellino ante una pregunta inevitable: cómo presentarse frente al lector de Hoy Día Córdoba.

Más allá del eclecticismo, siento que tiene su personalidad”, agrega, y en esa frase aparece una idea que atraviesa toda su obra: no se trata de géneros, sino de identidad. De una música que no busca encajar, sino mover.

Un show verdaderamente irrepetible

Para Javier Cardellino, la pisada en Córdoba tiene la característica de ser la primera y última vez en Club Paraguay (Marcelo T. de Alvear 651) y será este viernes desde las 19. No es una casualidad ni una cuestión logística sino que más bien radica en una decisión, una cábala que forma parte de su manera de pensar los escenarios.

Desde hace años sostiene que prefiere no repetir espacios, incluso dentro de una misma gira, como forma de evitar la repetición y sostener la sorpresa, tanto para él como para el público. Cada show, entonces, se construye como una experiencia única, abierta, donde el repertorio puede mutar y la energía se define en el momento.

Esa lógica también atraviesa su forma de entender la música. Para Cardellino, la división no pasa por estilos, sino por una percepción más directa: “la música que te mueve y la que no”.

Ese horizonte lo empuja a no quedarse quieto, a explorar sin responder a etiquetas, con soltura. Incursiona, prueba, se deja llevar. Aunque lleva toda una vida en la música —formado desde muy chico, con una fuerte base de estudio y disciplina— su recorrido no fue lineal. Antes de afirmarse como cantante, fue un gran baterista y tuvo como uno de sus últimos maestros a Osvaldo Fattoruso, figura clave de Los Shakers, cuya influencia terminó de afinar su sensibilidad musical. Fue él, además, quien le señaló que podía vivir de la música.

Esa búsqueda se traduce también en su repertorio actual, donde conviven climas más introspectivos con momentos de mayor energía. En ese cruce aparece “Topami», su último lanzamiento: un single más electrónico, más liviano, con una impronta lúdica que se aleja de la solemnidad.

Hice un tema medio para arriba, para ir calentando un poco la cosa”, cuenta. No se trata de un adelanto de disco, sino de un experimento pensado para el vivo, una forma de probar nuevas dinámicas, de ver cómo responde el público y de abrir el juego dentro de sus shows.

“Hay un disco en camino, pero va por otro lado”, anticipa, sin explayarse demasiado, y deja en claro que Topami no funciona como anticipo de ese material, sino como un movimiento aparte dentro de su presente creativo.

En esa misma línea, el tema también juega con una energía más desinhibida, incluso sexual, con una impronta cercana a ese imaginario más lúdico y provocador que él mismo vincula a referencias como Lil Wayne, pero desde un lugar liviano, casi irónico, pensado para el vivo.

Sobre las efímeras tablas

En el escenario, esa apertura se vuelve método. No hay una estructura rígida ni una lista cerrada: cada presentación encuentra su propio pulso. La improvisación no es un recurso ocasional, sino parte del lenguaje. Algo de eso se volvió evidente en su versión de “Té para tres”, junto a la arpista Sonia Álvarez, durante su paso por el Movistar Arena. La escena surgió de manera casi espontánea y terminó en uno de los momentos más intensos del show.

Todo el mundo empezó a alumbrar con las luces, y eso nació naturalmente, quedó hermoso”, recuerda. No hizo falta pedirlo: sucedió. Y en esa espontaneidad se reafirma una de sus claves :dejar que la música encuentre su propio cauce.

De Cursi a Topami, del groove al impulso eléctrico.

El hogar en Argentina

Después de años de giras y espacios transitorios, Cardellino encontró en Buenos Aires un lugar propio. Un hogar donde conviven el estudio, los vinilos, el piano, las plantas y sus dos perros salchicha.

Llegar a un lugar que tenga mi identidad, que tenga mi personalidad, me hace muy feliz”, dice. Esa estabilidad también atraviesa su forma de crear: las canciones aparecen cuando algo lo toca.

Así nació una de sus composiciones más particulares. Al mudarse, encontró una carta escrita por la hija de los dueños anteriores, una nena a la que nunca conoció, que describía ese cuarto como su mundo. “Me dejó una carta re tierna… hablaba de ese lugar como un espacio de magia y alegría, y me nació hacerle una canción, sin conocerla”, cuenta.

Algo en esa escena lo tocó. Y eso se transformó en canción.

Ese mismo impulso se alimenta de todo lo que lo rodea. El cine ocupa un lugar central —con directores como los hermanos Coen, Scorsese o Tarantino—, así como la lectura, donde conviven autores como Bukowski, John Katzenbach o Brian Weiss. “Todo lo que vivo, leo, veo, escucho de alguna manera me influye”, resume.

Ese gesto —convertir una escena mínima en canción— también condensa una forma de entender su recorrido. A lo largo de los años, Cardellino fue construyendo una carrera que se mueve entre la colaboración y la búsqueda propia, con cruces que van desde Jorge Drexler hasta Nathy Peluso, siempre con la misma lógica: probar, desplazarse, no repetirse. Esa apertura lo empuja a seguir explorando nuevos sonidos y formatos, incluso dentro de un mismo presente creativo. Uno de esos espacios será Córdoba, donde se presentará en Club Paraguay en lo que será una de las primeras oportunidades para escuchar en vivo su nuevo material, incluido “Topami”. Las entradas se encuentran disponibles a través de Alpogo.

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