“Criado por lobos»: sanar duele (y hace reír)

El unipersonal de Pablo Agustín se sumerge en la memoria, el trauma y la identidad con una premisa tan incómoda como honesta: no somos solo lo que nos hicieron, sino también lo que decidimos hacer con eso.

“Criado por lobos": sanar duele (y hace reír)

Un monólogo íntimo donde Pablo Agustín transforma su historia en una experiencia tan incómoda como necesaria: entre el humor y el dolor, Criado por lobos invita a sentir, recordar y animarse a mirar hacia adentro.

Hay obras que se ven y otras que se atraviesan. Criado por lobos, del youtuber y creador Pablo Agustín, pertenece sin dudas a la segunda categoría. Un monólogo que, aunque podría condensarse en una frase, “somos lo que nuestros padres hicieron de nosotros, pero también lo que hacemos con lo que hicieron”, se resiste a ser reducido. Porque lo que sucede en escena no es una idea: es un proceso.

Parafraseando al filósofo Jean-Paul Sartre y contenido por el psicoanálisis, el relato se despliega en capas. La infancia aparece como territorio fundante, pero no estático: padres, abuelas, escenas, objetos, silencios, simbolismos y heridas que no se ordenan de manera lineal, sino que irrumpen como lo hace la memoria, fragmentada, caprichosa, insistente.

Entre traumas y coincidencias, entre el peso del pasado y los intentos de reconciliación con el presente, Pablo construye una narrativa que muta constantemente de tono. Hay momentos de crudeza, otros de ternura, y muchos, quizás los más incómodos, donde el humor aparece como su fiel caballito de batalla en la supervivencia. No como evasión, sino como herramienta. Reír no para olvidar, sino para poder mirar de frente.

En ese gesto se sostiene uno de los principios más potentes de la obra: las personas no son solo lo que nos hicieron sentir. Hay algo más allá del vínculo, más allá del daño o del amor, que exige ser revisado. Reconocer, odiar, perdonar, incluso validar matices en quienes nos marcaron, forma parte de un proceso que no es lineal ni definitivo, pero sí necesario. Como en terapia, como en la vida.

El propio Pablo lo anticipa, a la hora de publicarla, más de diez años de análisis volcados en un texto que intenta responder, o al menos exponer, las preguntas que lo persiguen: el miedo, la verborragia, la neurosis. “Es una comedia igual”, aclara, casi como una advertencia o una defensa. Y lo es. Pero también es sórdida, incómoda, y por momentos profundamente sanadora… o quizás no. La duda queda flotando, como debe ser.

El trabajo se potencia con el acompañamiento de Romi Scalora en guion y Flor D’Agostino en dirección, quienes logran darle forma escénica a un material íntimo sin domesticarlo. Y en ese entramado también aparece una figura invisible pero central: la terapeuta, ese otro que escucha, devuelve, y permite que lo que alguna vez fue vergüenza hoy pueda convertirse en risa compartida.

Criado por lobos no busca cerrar heridas ni ofrecer respuestas tranquilizadoras. Propone, en cambio, habitar la contradicción: entender que no somos una sola historia, sino muchas al mismo tiempo. Historias que se superponen, que se discuten entre sí.

En tiempos donde todo parece exigir respuestas rápidas y emociones digeribles, esta obra se anima a incomodar y a quedarse. Por eso, más que recomendarla, casi se impone como una experiencia necesaria: especialmente para quienes estén dispuestos a espectarla y conmoverse.

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