Divididos, o juremos con gloria a morir. Las estrofas del himno argentino fueron la primera expresión musical que entregó la “Aplanadora” en su recital del sábado en la Plaza de la Música. Una declaración de principios que se replicó en la pantalla con el arte de tapa de su último disco “Divididos”: una bandera celeste y blanca atravesada a lo ancho por una costura. Síntoma de una época, trabajo en construcción.
El power trío llegó a Córdoba para celebrar los 38 años de trayectoria, y a su vez tocar por primera vez las nuevas canciones de su décimo álbum, un proyecto que se extendió por 15 años desde el lanzamiento de “Amapola del 66” en 2010. Repertorio aparte, el show significó la vuelta de la banda a la “Vieja Usina”. Acostumbrados a actuar en el Quality en los últimos shows que hicieron en la ciudad, los de Hurlingham también probaron el sonido del Orfeo dieciséis años atrás y en el Kempes en 2023 en su aniversario número 35.
“¡Hace cuánto que no veníamos a la Usina! ¡Qué emoción!”, soltó Ricardo Mollo apenas tomó contacto con el público. El recinto de barrio Alberdi, que hoy lleva el nombre de Plaza de la Música, volvió a cobijar al trío tras casi dos décadas de ausencia. Más de 4.000 personas fueron testigos de un ritual que expuso el carácter intergeneracional de la banda. El agite estuvo marcado por un público mayoritariamente superior a los 30 años, mezclado por la energía de algunos jóvenes y la ya clásica postal de padres y madres junto a sus hijos, en un asiduo intento de inculcarse la pasión por el grupo.
Lista sin pausa
Aliados en un viaje, el primer track del novedoso Divididos, abrió un repertorio de canciones que se extendió por casi dos horas y media. Y muchos hicieron los deberes. A pesar de no ser un hit, la banca estuvo desde el primer minuto y no lo dejaron huérfano a Mollo en los estribillos. Fue un arranque arrasador que repasó toda la discografía y una invitación al pogo constante. Así pasaron Azulejo, Cuadros colgados, Rasputin / Hey Jude, Tomando mate en La Paz y Casi estatua, entre otros.
La impronta era la de un concierto especial. Tema a tema sin pausa. Si existió algún intervalo fue para que el vocalista de 69 años cambie de guitarra. Entre Gibson y Fender un guiño a Catriel Ciavarella y a Diego Arnedo bastaba para poner nuevamente en marcha la maquinaria. Nadie les exige las credenciales, pero estos tres se encargan de reivindicar por qué son la Aplanadora del Rock. Monte de olvidos, con unas ricas intervenciones de Arnedo en armónica a modo de guiño a El Burrito, y Bafles en el mar —ambos de la gira de presentación— dieron marco para el cierre del primer bloque.
Spaghetti, al freezer
Tras un breve receso de tres minutos en el que se apagaron las luces, el escenario mutó hacia una propuesta más íntima. Mollo y Arnedo reaparecieron sentados, mientras que Catriel se acomodó tras una batería de menor envergadura. Las piernas de los presentes agradecieron el rebaje en la marcha, un respiro necesario para que el cuerpo pudiera asimilar el calor de una noche primaveral. En este formato pasaron joyas y canciones que no frecuentan habitualmente el repertorio, como 15 – 5, La gente se divierte, Amor japonés, Agua en Buenos Aires y Vida de topos, enganchada con un pedacito de Vientito de Tucumán.
En ese clima de cercanía, el cantante amagó con deslizar algunos acordes de Spaghetti del rock, pero frenó de golpe y bromeó: “Hubo algunos retoques en la lista y el spaghetti quedó en el freezer”. La decisión de guardar uno de sus mayores clásicos le hizo lugar a Vos ya sabrás, la dulce balada del último disco que abraza con sus versos: “Las manos se juntan / Se desviste el amor / Te acerco un poco de mí, vos ya sabrás”.
Gol de mujer
Tal como sucedió en los recitales de 2024 y 2025, el power trío mantuvo intacta la costumbre de sumar invitados locales al escenario. En esta oportunidad, la convocada fue Laura Repezza, la percusionista de La Mona Jiménez. Presentada por Mollo como una “paisana cordobesa”, la instrumentista se acopló con soltura a los tambores en El Faro y armó un potente cruce percusivo con el bajo de Arnedo durante Q tal. “Disfruté mucho mucho mucho muchísimo compartir este momentazo con Divididos”, graficó Laura en sus redes sociales.
El bloque previo al cierre sumó un instante de conexión directa con la gente cuando el líder quedó solo en escena para entonar a capela los primeros versos de Cabalgata deportiva: “Despojado del ser / Arranca esta vida hoy / A pesar de un desinterés social”. Luego de esa reflexión íntima, la distorsión volvió a tomar por asalto la Plaza de la Música para desatar el tramo de mayor furia. Catriel Ciavarella aportó un solo de batería arrollador como preludio de Ala delta, y Mollo sacó a relucir una púa tan artesanal como poco ortodoxa: usó una zapatilla que le lanzaron desde el público para solear durante Sucio y desprolijo.
El final llegó de la mano de Sumo con la vertiginosa Nextweek. Mientras Catriel y Arnedo se fundían en un abrazo, el guitarrista se acercó a la valla para saludar y repartir púas. Como bien supo resumir Mollo en uno de sus pocos diálogos de la noche para justificar la intensidad inclaudicable del trío: “Y bueno, son 38”. Brindemos por muchos más.
