Luego de sus primeras funciones en espacios independientes como Espacio Máscara, La Balsa, Casa La Bastarda, Teatro La Calle y La Piojera, “Cuando las luces tiemblan” volverá a escena este domingo, a las 19, en Sala 12 (Santa Rosa 212). La función que coincidirá con el Día de la Madre, una fecha especial para una obra que enlaza historias de distintas generaciones y pone en escena experiencias familiares que muchas veces no se nombran, no se hablan.
Escrita y coproducida por Mirian Velázquez y Daniela Copertari, con dirección de Marxela Etchichury, Cuando las luces tiemblan comienza con una mudanza. Precisamente es en esta atmósfera donde los cortes de luz se convierten en el puntapié inicial y es en esa vibración que comienza a alterarse la rutina de Mía e Iván. Finamente es en esas circunstancias el momento en el que irrumpen Clara, la abuela de Mía, y Dolores, una mujer vinculada a la pareja pero es una información que mas bien queda a cargo de las develaciones propias en la escena.
Entonces, sus apariciones comienzan a sacar a la superficie secretos familiares, aquello que se calla para seguir adelante y aquellos sucesos que —lamentablemente en demasiadas ocasiones— no encuentran espacio para ser nombrados. Todos forman parte de una trama en la que lo sobrenatural se mixtura con escenas mas reconocibles de la vida cotidiana. En este contexto, las historias de las tres protagonistas muestran distintas formas de vivenciarlo. Y aunque sus situaciones son sumamente diferentes, sus experiencias se conectan y dejan ver comportamientos que se repiten y repiten a lo largo del tiempo. En este sentido, aspectos como la luz y la oscuridad, no recaen solamente en elementos escenográficos sino que forman parte del lenguaje de una obra que busca hacer visibles las situaciones que se mantienen fuera de la conversación familiar y social. Es decir, en los silencios que atraviesan a los personajes.
A partir de estos aspectos, la dramaturga y actriz Mirian Velázquez habló con este medio para precisar el origen, los objetivos y el sentido principal de «Cuando las luces tiemblan».
En un principio, cuenta que si bien partieron de sus experiencias personales a raíz de textos breves (monólogos), esos materiales comenzaron a ficcionalizarse. Por lo que con el tiempo, los monólogos dejaron de ser piezas aisladas y empezaron a encontrar conexiones entre sí. Así surgieron los personajes, el espacio y el tiempo en una Córdoba contemporánea.
“Esto empezó hace un par de años, el mundo independiente también tiene sus tiempos. Nosotros habíamos escrito unos monólogos, hicimos un ciclo de monólogos con una experiencia muy personal en mi caso y en el caso de ella también. Todo ficcionado, por supuesto. Y de ahí nos quedó como la semilla que empezó a crecer y dijimos: ‘No es suficiente, vamos a la obra’ Y ahí la idea tomó su propio vuelo. Trabajamos con un tutor porque era la primera vez que yo escribía una obra, entonces nos fue guiando. Y en la obra hoy se ve poquito y no se reconoce casi nada de esa semilla de los monólogos”, contó.
La intención, explica Velázquez, no es dar lecciones desde el escenario, sino generar un espacio de reflexión con quienes se acercan a la sala. “No creo mucho en el teatro que te educa, no se trata de eso, sino que te acompaña. Y en donde nos invitamos mutuamente a reflexionar”, sostiene.
En esa búsqueda, la actriz también vincula la obra con el presente y con la necesidad de encontrar espacios de acompañamiento frente a un contexto social difícil y a la persistencia de la violencia de género.
“Tenemos muchas ganas de compartir la historia. Para nosotros lo fuerte está ahí, en un momento como el de hoy, tan amargo para muchos, tan oscuro desde lo socioeconómico, el contexto mundial y el contexto local. Y por el otro lado, todavía más nos interpela a la invitación el hecho de las cifras de los femicidios, que parece que en vez de mejorar o continuar tendencias positivas que se venían consiguiendo, hay como un parate, una resistencia y cuestiones que empiezan a salir. Entonces para nosotros es un lindo momento para decir: nos acompañemos. La invitación va por ahí. Porque creemos realmente que al contar una historia así podemos sentirnos acompañadas”, agrega. Para trabajar sobre una temática tan sensible, destaca la preparación y la sensibilidad del elenco. “Nos preparamos para darle todo al público”, resume.
En la escritura también encontró una forma de poner en palabras experiencias que durante mucho tiempo prefirió callar. “Personalmente he pasado por muchas situaciones a lo largo de mi vida donde el silencio prevaleció. Con esta obra quiero invitar a otros a hablar, que nuestro grupo hable, diga y que ocupemos lugares”, cuenta. Ese lugar que muchas veces toma forma de espejo.
Entonces, para la dramaturga, uno de los ejes centrales de la pieza reside en la posibilidad de hablar. Por lo que la oscuridad que interrumpe la vida de los personajes funciona como una metáfora de los temas que se evitan, de las experiencias que se guardan y de las situaciones de violencia que muchas veces no se reconocen hasta que sus consecuencias resultan imposibles de ignorar.
“Todo nace de una metáfora en realidad, porque tiene algo de realismo mágico. Las situaciones son reales: una pareja en medio de una mudanza totalmente realista, y después están las dos mujeres que aparecen a interactuar con esta pareja. Y hay un factor donde está la metáfora de que algunas verdades que aparecen como luces y que se van destapando, pero que a veces están en la oscuridad. Es lo que pasa en la vida: tenemos cuestiones calladas, temas que no hablamos, temas que no iluminamos. A través de esta metáfora queríamos darle luz, y darnos luz para poder ver algunas situaciones de la violencia de género”, explicó.
Y con una frase que pronuncia atraviesa esa búsqueda es clara: “Ya no más el silencio y ya no más la oscuridad”.
En el intercambio posterior a las funciones aparece otra dimensión de la obra que da cuenta de las reacciones de quienes reconocen algo propio en las escenas. No necesariamente refiere al haber vivido una situación idéntica a la de los personajes. A veces el alcance se presume en la identificación una forma de silencio, una relación familiar o una experiencia que nunca se había podido contar.
Para la dramaturga, esas respuestas forman parte del sentido de la propuesta escénica. Y como bien expresa, el teatro no puede resolver por sí mismo las situaciones de violencia ni reemplazar otros espacios de acompañamiento, pero sí puede abrir una conversación y habilitar preguntas que antes no encontraban lugar.
En ese marco, la obra también busca apartarse de una representación que se sostenga exclusivamente en el dolor. Las historias son difíciles, pero un atisbo de alegría tiene un lugar en la puesta. La resistencia, en esa mirada, también se construye desde la posibilidad de seguir adelante y de compartir con otros lo vivido.
La intención, según expresa: “no es perdernos en la lágrima, sino la resistencia desde la alegría también”.
A quiénes interpela
Aunque la violencia de género ocupa un lugar central en la historia, Velázquez quiere que la obra también interpele a los varones. Su deseo es que puedan acercarse a esa realidad desde la escena, conmoverse y preguntarse qué pueden hacer.
“Tengo ganas de que la vean los hombres porque yo, como mujer, puedo hablar sobre ella, conmoverme con ella y hacer algo. Entonces, la pregunta al hombre es: ¿qué podés hacer vos? Creo que se está despertando esta pregunta”, reflexiona.
La actriz celebra que entre los espectadores haya novios, maridos y amigos. La invitación, aclara, no busca dividir entre buenos y malos, sino reconocer que la violencia es una realidad que involucra a toda la sociedad y que también exige asumir responsabilidades. “Está la invitación a que seamos parte de la solución”, agrega.
Para Velázquez, esa posibilidad está ligada a la responsabilidad y al alcance del arte. La obra no pretende hablar en nombre de todas las mujeres ni resumir experiencias diferentes en una única historia. Busca, en cambio, hacer lugar a voces que con frecuencia quedan relegadas y ponerlas en relación con quienes están dispuestos a escucharlas. De allí también surge la importancia de sostener la obra en el circuito independiente, con funciones en diferentes espacios de la ciudad. Cada presentación abre un nuevo encuentro con diversos espectadores y permite que la conversación continúe más allá de la representación.
Además, busca “… inyectar esperanza y desde el arte reflejar muchísimas voces de mujeres. Yo le puse voz a situaciones que en mi vida no pude hablar. Pero a través de esto estoy diciendo ‘Soy parte, acá estoy hablando’. Nadie sabe qué parte, pero poder hablar a través del arte es un privilegio”, sostiene. Y agrega “Son realidades que nos unen, que nos hermanan, por más que no todos las hayamos atravesado ni sufrido. No pasa por ahí, sino por esto de hermanarnos, agarrarnos de la mano y decir: ‘No estás sola’. Es un privilegio poder darle una palabra, una expresión y una voz a todo eso que va pasando. Por eso estamos muy contentas de haber hecho esta obra este año”.
La próxima función será el domingo 18 de octubre, a las 19, en Sala 12 (Santa Rosa 212), un espacio en el que la obra se presentará por primera vez. La fecha coincide con el Día de la Madre y el elenco decidió convertir esa coincidencia en una invitación a compartir una salida al teatro entre madres, hijos y familiares. Además, habrá pequeños regalos, sorteos y sorpresas para las madres. La intención, explica Mirian, es mantener la seriedad de los temas que aborda la pieza sin dejar de lado el disfrute y la posibilidad de pasar un buen momento en compañía. Las entradas se pueden reservar por Instagram, en @cuandolaslucestiemblan, o por WhatsApp al 3515 90-5374.
El recorrido continuará el viernes 30 de octubre, a las 21, en Teatro Medida x Medida (Montevideo 870); el 7 y 8 de noviembre, a las 20.30, en la Sala Azucena Carmona del Teatro Real (San Jerónimo 66); y el sábado 28 de noviembre, a las 21, en La Balsa Teatro (La Rioja 681).
Ficha técnica
Dramaturgia y coproducción: Mirian Velázquez y Daniela Copertari.
Dirección: Marxela Etchichury.
Actúan: Mirian Velázquez (Clara), Daniela Copertari (Dolores), Bianca Pantucci (Mía) y Federico Malamud (Iván).
Asistente de dirección: Leonardo Ordoñez.
Asistente general: Mateo Ramos.
Redes sociales: Chiara Bergese.
Duración: 70 minutos.
Público: +16
La historia que aborda Cuando las luces tiemblan también invita a reflexionar sobre la importancia de reconocer las situaciones de violencia de género y buscar ayuda. En este contexto, es importante recordar que existen líneas gratuitas de orientación y asistencia para quienes atraviesan estas situaciones o conocen a alguien que las esté viviendo.
Dónde pedir ayuda
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Línea nacional 144: gratuita, disponible las 24 horas, todos los días del año.
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WhatsApp en Córdoba: 351 814-1400. Enviar un mensaje con la palabra “Hola”.
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WhatsApp a nivel nacional: +54 9 11 2771-6463.
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Línea provincial: 0800-888-9898.
