La reconocida actriz argentina María Rosa Fugazot falleció en la noche de este domingo a los 83 años, una triste noticia que enluta al mundo del espectáculo y que fue confirmada en las últimas horas. El deceso fue constatado a las 21:41 por personal médico del SAME, quienes acudieron al edificio de la calle Güemes al 4700 tras un llamado al 911 que alertaba sobre una persona descompensada. Al momento de su fallecimiento, la actriz se encontraba acompañada por dos mujeres que permitieron el ingreso de los efectivos de la Comisaría Vecinal 14 A de la Policía de la Ciudad.
Debido a la naturaleza del suceso, la Fiscalía Nacional Criminal y Correccional N° 12, bajo la instrucción del Dr. Martín Parrando, ha dispuesto actuaciones preventivas bajo la carátula de “averiguación de causales de muerte”. Aunque los primeros indicios señalan que no se observaron signos de violencia en la habitación, el procedimiento legal busca descartar cualquier irregularidad formal ante la ausencia de una causa médica inmediata certificada al momento del hallazgo.
Una vida dedicada al escenario
Hija de dos leyendas del espectáculo, la actriz y vedette María Esther Gamas y el músico y actor Roberto Fugazot, María Rosa nació en Vicente López el 20 de diciembre de 1942. Pese a crecer rodeada de arte, siempre sostuvo que el apellido no fue un privilegio, sino una responsabilidad que exigía disciplina y una adaptación constante al oficio. Su debut profesional se produjo a los 15 años de manera casi fortuita. Según recordaba la propia artista, su madre participaba en la obra Tangolandia cuando ella se presentó a una audición para bailarines a espaldas de sus padres. “Aparecí en el escenario y mi vieja casi se infarta. Y mi viejo estuvo un mes sin hablarme”, rememoró en una ocasión sobre aquel inicio impulsado por una curiosidad imposible de ignorar.
Desde entonces, su carrera no conoció interrupciones. Fugazot se convirtió en una figura insignia de la revista porteña, el drama y la comedia, transitando con igual solvencia los escenarios del Teatro Maipo y los sets de televisión. Formó parte de hitos de la pantalla chica como Operación Ja-Já, La peluquería de Don Mateo y Polémica en el Bar, trabajando codo a codo con figuras de la talla de Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Susana Giménez y Darío Vittori. Con Olmedo, a quien consideraba un hermano, compartía un vínculo familiar profundo; el «Negro» era incluso el padrino de su hijo René.
La ética del trabajo y la cercanía popular
A lo largo de más de sesenta años de trayectoria, María Rosa Fugazot cultivó una filosofía de trabajo centrada en la dignidad y la humildad. En entrevistas recientes, había dejado una definición que sintetizaba su carácter: “Nunca tuve anillos para trabajar”. Esta frase cobraba sentido al recordar sus años de adolescencia cuando, ante la falta de empleo artístico, no dudó en emplearse en una fábrica cosiendo puntillas para lencería. “Me pagaban tres pesos la hora y yo trabajaba lo suficiente como para sacarme la comidita y los cigarrillos”, relataba sin dramatismo, convencida de que no existen géneros menores ni personajes secundarios.
Para ella, el teatro era una experiencia humana irreemplazable, un espacio de encuentro y energía compartida que hoy, en la era de las pantallas, adquiere una relevancia especial. Su compromiso con el público era su mayor tesoro. “El cariño de la gente es lo único que me voy a llevar cuando me vaya”, aseguró con gratitud en una de sus últimas charlas públicas. En esa misma línea, solía expresar: “Agradezco infinitamente el cariño y el respeto que la gente me tiene, porque es la única satisfacción a diario que vos tenés”.
El dolor que marcó sus últimos días
A pesar de su fortaleza, los últimos meses de la actriz estuvieron atravesados por un dolor profundo e irreparable: la muerte de su hijo, el actor y director René Bertrand, ocurrida el 25 de junio del año pasado a causa de un cáncer de huesos. Este golpe afectó severamente su estado anímico, aunque intentaba refugiarse en el trabajo y en sus nietos para seguir adelante. “No quiero hablar mucho porque no me hace bien. Está conmigo, estará siempre conmigo”, decía sobre su hijo.
Sus compañeras de la obra Viejas Chorras, en el Teatro Picadilly —donde se mantuvo activa hasta sus últimos días—, recordaron que María Rosa hablaba constantemente de René y que la tristeza era un manto que la acompañaba en los camarines. No obstante, ella encontraba consuelo en la fe y en el recuerdo de la dedicación de su hijo al arte: “A veces me tranquiliza pensar… un tipo que tenía, todo lo que tenía él, el amor por la gente… Yo creo que estaba de más. Me parece que Dios se lo llevó porque estaba de más”.
Un legado de seis décadas
La trayectoria de Fugazot no solo se limitó al humor y las plumas. También exploró facetas menos conocidas, como su etapa como cantante de la orquesta de Eddie Pequenino, llegando a compartir experiencias con Frank Sinatra Jr. y la formación de Tommy Dorsey. En años recientes, se destacó en producciones como la serie El Marginal, interpretando a la madre del personaje de Julio Chávez, en la obra La Casa de Bernarda Alba dirigida por José María Muscari, y en la película Putas, estrenada en noviembre pasado.
Desde el sector cultural, las despedidas no se hicieron esperar. El Multiteatro la recordó como una actriz de aquellas que «respiró este oficio desde siempre», mientras que el secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, destacó su «humildad y entrega de quienes entienden el arte como un trabajo y una vocación al mismo tiempo».
María Rosa Fugazot se despide dejando una última enseñanza para sus colegas y el público: “A los grandes les digo que no bajen la guardia. Disfruten los nietos. Disfruten el día de sol, de lluvia, que todo valor. No vale que a uno le vaya bien. Tenemos que tratar de estirar la mano y levantar al caído”.
