El tango rioplatense guarda una relación ancestral con la memoria urbana y con las historias que habitan los márgenes. Ahí mismo, en ese espacio, se ubica la propuesta de Julieta Laso. Ese en el que la crudeza interpretativa y la poesía popular conversan sin tapujos. En ese marco, su trabajo más reciente, titulado “Fabriquera”, parece constituirse como testimonio de una búsqueda sonora minuciosa que en esta ocasión fue concebida íntegramente junto a Daniel Melingo.
Ese vínculo con el maestro, asegura, trasciende la coyuntura del álbum y hunde sus raíces en la formación de su propia identidad musical. “Todo lo pensé con él. Es el productor artístico y, como a mí Melingo me marcó mucho en mi vida, mucho antes de conocerlo, tenía un deseo muy grande de compartir este proyecto con él. Su música me acompañó desde los 16 años, cuando escuché ese disco maravilloso que sacó, Tangos Bajos, y toda esa camada de discos que hicieron que me convirtiera en una gran admiradora suya. Diez años más tarde, cuando todavía no sabía que iba a cantar tango, seguía escuchando sus discos. Después me puse a cantar tango y soñé mil veces con cantar con él. Y, diez años más tarde, me llamó para que lo acompañara en sus conciertos. A partir de ahí surgió una amistad, un cariño y una admiración muy grandes, de mi parte. Entonces apareció este disco… Todo lo decidimos juntos”, rememora sobre el origen compartido de las doce composiciones.
Pero la labor conjunta terminó por cobrar un matiz imprevisto y conmovedor a partir del fallecimiento del músico a finales de junio. Lo que fue grabado en estudio como una obra a dos manos mutó, de forma inevitable, en una conmemoración sobre los escenarios. “No fue pensado como un homenaje, pero lo hicimos juntos. El disco está producido por él. Él toca las guitarras, toca los instrumentos, canta; son sus canciones. Claramente, ahora sí tiene ese color de homenaje, pero no fue pensado así. Es, bueno, mi admiración por esa obra maravillosa que nos dejó”, reflexiona la artista. Y en esa misma línea, destaca en múltiples momentos de la conversación la generosidad de su mentor.
Durante más de dos años de labor, ambos construyeron una arquitectura acústica singular, donde las voces, las capas tonales y las atmósferas instrumentales fueron trabajadas al detalle. Y más allá de eso, precisa con ternura que el disco conserva una presencia constante de Melingo. Su voz, sus respiraciones y hasta las intervenciones de María Celeste Torre, su compañera y colaboradora artística, forman parte de una trama sonora que acompaña todo el recorrido del álbum, desde aquel primer encuentro en Buenos Aires. Asimismo, agrega sobre el diseño vocal y la delicadeza de los arreglos: «El disco es muy teatral y está puesto todo el foco en las voces que se escuchan, en las intenciones de las voces», expresa.
Sumado a que el proceso no respondió a un ritmo acelerado, sino a una maduración paciente, guiada por la mirada minuciosa del compositor. Cada aspecto, cuenta, fue tomado a su debido tiempo, sin apuros y con especial atención a cada detalle. “Todo está ahí en su lugar. Lo hizo de una forma muy minuciosa el maestro. La verdad es que pudimos tomarnos mucho tiempo para grabar, para escuchar, para volver a grabar”, señala. El grado de compromiso de Melingo alcanzó cada instancia previa a las actuaciones en vivo: «él llegó todo a escucharlo, a ver el video y a elegir la fecha de estreno», agrega.
Entonces, afrontar el recorrido por los escenarios representa un tránsito de intensa carga afectiva para la cantante y para el grupo que sostiene la propuesta sonora. “Claro, muy fuerte. La verdad es que estoy haciendo el duelo mientras presentó el disco. Desde hace 2 meses que estoy totalmente inmersa en sus canciones. Es el tema de mi vida en este momento y es fuerte la situación. Me tiemblan las piernas de salir, pero bueno, nos dejó tanto que estaremos enalteciendo su música todo lo que podamos”, manifiesta muy emocionada. Ese sentimiento que también alcanza a los músicos que la acompañarán en la fecha: Leandro Angeli, en guitarra, y Patricio Cotella, contrabajista que acompañó a Melingo durante más de 20 años.
En el plano lírico, Fabriquera recorre una selección de poetas argentinos vinculados al lunfardo, entre ellos Julián Centeya y Carlos de la Púa, y suma textos de Federico García Lorca musicalizados por Melingo. En relación al contenido, las composiciones transitan por la tristeza y la oscuridad, aunque también dejan lugar a una mirada esperanzadora, con versos que invitan a seguir adelante, según destaca la cantante.
En esa misma línea, durante la charla encuentra el trabajo en “un disco de tango donde hay mucho arrabal, mucha periferia, mucha gente de los márgenes. Se cuentan muchas historias, es un disco con muchas capas, pero que nos va a dar fuerza para todos estos momentos tremendos que estamos viviendo y que parece que continuarán por un rato”, concluye.
Ese mapa de emociones halla su cauce en la ceremonia del directo, donde la música se vuelve encuentro y fortaleza compartida frente a la coyuntura. «El vivo es el momento más hermoso. Es un momento donde el espacio y el tiempo cambian, la forma de moverse, todo cambia. Es un momento sagrado de ceremonia que generalmente nos gusta mucho a las personas que lo habitamos», sostiene la artista. La presentación será este sábado, a las 20, en Studio Theater (Rosario de Santa Fe 272). Con entradas que se pueden adquirir a través de Alpogo.
