El Cosquín Rock volvió a confirmar su lugar como uno de los encuentros musicales más convocantes del país: más de 90.000 personas caminaron durante el fin de semana entre pilusos, banderas y el imponente paisaje serrano, en un festival que volvió a cruzar generaciones, géneros y miradas sobre el presente.
Mientras el sábado estuvo atravesado por el clima romántico de San Valentín, con parejas abrazadas y recitales vividos a pura emoción, el domingo tomó otro pulso: discursos encendidos, reflexiones políticas y una humedad sofocante que anticipó una jornada que muchos ya recuerdan como histórica.
Hoy Día Córdoba estuvo presente durante el recorrido artístico y pudo comprobar cómo el festival, al igual que su público, se transforma año tras año. Quizás antes la pregunta era “¿Cómo será ir a un Cosquín Rock?”. Hoy, con el paso del tiempo, los interrogantes mutan: ¿cómo es actualmente el festival?, ¿qué cambió y qué permanece intacto en esta celebración tan propia de las sierras cordobesas?
Entre corridas de escenario en escenario, vendedores ambulantes y nuevas generaciones que viven el festival a su manera, el Cosquín Rock vuelve a resignificarse. Cambian públicos y debates, pero la experiencia colectiva sigue intacta.
De Charly García a la murga uruguaya
La hoja de ruta de Gieco comenzó con Beats Modernos, el tributo a Charly García liderado por el «Zorrito» Von Quintiero y Fernando Samalea. Allí, León aportó su voz en clásicos como «Los Salieris de Charly» y «Pensar en nada», además de homenajear al propio García —quien seguía la transmisión por TV— con versiones de «El fantasma de Canterville» y «Yo no quiero volverme tan loco«.
Sin embargo, uno de los momentos más viscerales ocurrió junto a la murga uruguaya Agarrate Catalina. El público, al detectar la presencia del artista en el escenario sorpresa, modificó sus planes y se amontonó frente a el. Ni la persistente llovizna que empezó a caer sobre el predio logró enfriar el clima del escenario que vibró con cada acorde. Con una versión cruda y conmovedora de ‘El ángel de la bicicleta’, León Gieco reafirmó su lugar como el gran cronista de nuestra historia, rodeado de nuevos artistas que tomaron su posta bajo el cielo gris de las sierras.
Fue allí donde la memoria se hizo presente. Gieco recordó la historia de Claudio «Pocho» Lepratti ante jóvenes que quizás oían el relato por primera vez: “Lo mató un policía en Rosario en el 2001, Pocho Lepratti, tres eran sus asesinos”, sentenció el músico. La frase final de la canción, “bajen las armas”, fue recibida con un estallido de aplausos y cánticos políticos de la multitud que, pese a la inminente lluvia, no se movió de su lugar.
Memoria viva en Cosquín Rock. Bajo la llovizna, el público cambió de escenario para ver a León Gieco junto a Agarrate Catalina. Con El ángel de la bicicleta, recordó a Claudio Lepratti y el grito de “bajen las armas” estalló bajo la lluvia.#Cosquinrock2026 pic.twitter.com/QAhEkkB7bW
— Hoy Día Córdoba (@hoydiacordoba) February 17, 2026
El cierre de un círculo federal
La jornada de colaboraciones se extendió hacia otros géneros y estéticas. León compartió escenario con El Plan de la Mariposa y cerró un círculo perfecto junto a Trueno. En el Escenario Sur, el referente del trap y el maestro del folk revisitaron «Cinco siglos igual» y unieron fuerzas en «Tierra Zanta».
Ambos artistas, separados por décadas pero unidos por la vocación de expresar problemáticas sociales, lograron una conexión única con la audiencia. Entre el calor, el barro y la mística de las sierras, Gieco demostró que, aunque el festival cambie y se mueva de lugar, hay canciones que siguen siendo parte de nuestra historia.
