Con el tour “Te Sigo Amando” que tuvo su punto de partida en Chile el año pasado, Luciano Pereyra ha sabido transitar diversos escenarios de la región, dejando a su paso momentos que definen la identidad de cada ciudad. Hace pocos días, en Rosario, el clímax se alcanzó en un Metropolitano colmado, donde la presencia de Uriel Lozano como invitado especial selló una noche de conexión constante y éxitos compartidos. Por su parte, en Corrientes, la mística se volvió fe en el momento en que el artista modificó la letra de su clásico “Como tú” y cambió la referencia a la Virgen de Luján por la de Itatí, la patrona del nordeste, provocando una ovación inigualable. Sin embargo, al desembarcar en la Docta, el signo distintivo no fue un invitado o la esencia de la letra, sino una emoción cruda y desbordada que terminó por gravitar, inevitablemente, sobre ambos lados del escenario.
Al caer la noche…
El encuentro del sábado comenzó a desplegarse mucho antes del horario programado: sobre la Avenida Cruz Roja, largas filas aguardaban desde temprano la llegada noche; flores, vinchas y luces que hacían presente la figura de Luciano. A las 21:20, el reloj del Quality Arena se detuvo para dar paso a un fenómeno que trascendía lo estrictamente musical. Los primeros acordes de «Ahora resulta» funcionaron como el disparador de una energía contenida que explotó de inmediato, seguida por la rítmica «Una Mujer Como Tú«.
Ya en este segundo tema, Luciano se llevó la mano al pecho, cerró los ojos y dejó que la emoción, eje central de la noche, comenzará a dictar el pulso del concierto. Al finalizar los primeros acordes, el suspiro fue inevitable: “Ay mi Córdoba”, lanzó antes de dirigirse formalmente a su auditorio con palabras que demostraron su gratitud: “Qué alegría tan grande. Muchas gracias, es un placer volver a esta ciudad, volver a esta tierra que siempre me trata con tanto amor, con tanto cariño desde hace muchísimos años”.
Con una honestidad que caló hondo, Pereyra no pasó por alto el esfuerzo de quienes llenaron el estadio: “ Y no dejo de agradecerle a Dios que al ver tantos autos para que ustedes se puedan acercar, que hayan comprado un ticket, valoro tanto el esfuerzo de que estén acompañándome en esta noche y como siempre les digo, ojalá mi garganta esté a la altura del amor que todos ustedes me brindan”.
El repertorio avanzó sobre instantes más introspectivos con «22 de marzo«, una balada que se profundizó en el silencio del recinto con versos que se hicieron sentir: «La noche que te fuiste el tiempo entero se paró de golpe huyó la primavera con los pájaros a otro lugar y yo sigo sin saber como seguir de pie si me enseñaste todo pero no a dejarte de querer«. Tras la melancolía de “Sin testigos”, ejecutada con su guitarra, llegó el momento que definió la noche cordobesa como la más sensible de la gira. Durante “Es mi culpa”, la mística del intercambio entre el artista y su gente alcanzó un punto sin retorno: Luciano, sumergido a la energía de miles de voces que cantaban por él, se agarró la cara y rompió en llanto. Se quedó varios minutos inmóvil, simplemente siendo testigo del amor de su público, en un silenció habitado por la emoción que solo se vio interrumpido cuando el piano introdujo “Me enamore de ti”.
Siempre folklore
Pero Luciano es, ante todo, un hijo de la tierra, y la identidad cultural de su show no se entiende sin la intromisión del folklore. Entre las notas del piano, el sonido profundo y telúrico del bombo legüero comenzó a darle otras formas a la energía contenida en el Quality. La introducción de la chacarera “Chaupi Corazón” encendió las palmas de un público que conoce el lenguaje de la raíz. Sobre el escenario, Luciano bailó con los brazos abiertos, celebrando su esencia mientras entonaba versos como:
“Cuando agarro la guitarra
Para mis penas matar
Me florece dentro ‘el pecho
Este ritmo pa alegrar”.
Al concluir la performance, los gritos de “¡Viva la patria! ¡Viva Córdoba!” se sumaron al clima del espectáculo. Entre las butacas, buzos y remeras comenzaron a revolearse al aire como ponchos en plena jineteada, en un gesto festivo que desbordó la sala. Esta sensibilidad no estuvo exenta de la simpatía que lo caracteriza a Luciano, quien se dio el tiempo de leer los carteles que sus fans alzaban con esperanza: desde el tierno “Luciano dame la mano” hasta el hilarante “Luciano vine con mi suegra”, mientras al lado otra mujer sostenía el cartel confirmando la complicidad: “Soy la suegra”. Tras las risas y la distensión, el artista arengó a la multitud: “¿estamos para una canción romántica?”, dando paso a “Enséñame a vivir sin ti”, donde el grito de “Canta mi Córdoba, canta” fue obedecido con una potencia ensordecedora.
El concierto continuó con una intensidad ascendente a través de éxitos como “Qué Suerte Tiene Él” y “Eres Perfecta”, canción en el que Luciano terminó arrodillado, en un gesto de total entrega.
Sin embargo, la versatilidad del artista quedó demostrada con el cambio rítmico de “El Vestido Rojo” y una posterior mudanza de vestuario a una chomba blanca para recitar “Quédate conmigo”. Pero entre el cierre de “Quédate”, Luciano Pereyra aprovechó el momento para compartir un anuncio que generó expectativa, en sintonía con la cercanía del Día del Animal: el lanzamiento de “Cuando la vida duele”, una balada dedicada a las mascotas que verá la luz este martes.
“Son los que siempre están cuando la vida duele”, explicó el cantante, al presentar una canción que nació de la nostalgia por su hogar.
“Córdoba te sigo amando”
“Esta canción jamás imaginé que le iba a dar el título al disco y a esta gira. Siempre uno se pone un poco más nostálgico cuando está lejos de su tierra. Siempre digo que es lindo irse de gira porque también es lindo volver. Pero en esos momentos en los que la nostalgia está a flor de piel, aparecen canciones como esta, y uno sueña con poder decir: ‘Córdoba, una vez más, te sigo amando’”, expresó Luciano al explicar que ese sentimiento de distancia con su tierra fue el que terminó dando nombre al disco y al tour.
Esa sensibilidad, ligada al recuerdo y la emoción de la composición, tuvo su punto más alto cuando el artista decidió asumir todos los riesgos técnicos en favor de la verdad interpretativa. En un instante que el público calificó de mágico, el lujanense se alejó del micrófono y, en un gesto de valentía vocal, se quitó los in-ears. Cantó a capela, ofreciendo su voz desnuda frente a un estadio que quedó en un denso silencio. Definitivamente, fue un momento único, donde los minutos parecieron suspenderse y el aplauso posterior, con todo el estadio de pie, marcó un instante irrepetible en el tour.
Historias que se cruzan
En medio de este clima, el cantante divisó a tres generaciones en el público: una abuela, una madre y una nieta. A ellas les dedicó “Mi primer amor”, una canción que le costó años escribir para su propia madre: “Hace mucho tiempo que tenía que escribir la canción que voy a cantar ahora y no me salía, no encontraba las palabras. He hecho muchos borradores, los escribía y los volvía a tirar porque no me servía o no me gustaba. Pero en esta ocasión, hace poquito tiempo, esa inspiración por fin llegó, porque siempre digo que los tiempos de Dios son perfectos y le pude escribir una canción a mi primer amor. Cuando hablo de mi primer amor estoy hablando de mi mamá”. Sentado con su guitarra, extendió el homenaje a todas las madres cordobesas, para aquellas que estaban presentes y para aquellas que no.
Más allá del brillo de las luces, Luciano también dedicó un momento para dejar un mensaje de conciencia social y agradecimiento a los clubes de fans, por su labor solidaria junto a personas en situación de vulnerabilidad social. En es contexto, instó a su público a dedicar el gasto de regalos que le llevan a el hacia causas solidarias: “ese gasto que generás en hacerme un regalo a mi lo podés donar a gente que lo necesita: comedores escolares, asilos de ancianos, no importa que sea poquito, ese poquito siempre va a ayudar. Es un hermoso regalo que me hacen de poder compartir y ayudar a quienes más necesitan pero también se hacen un hermoso regalo a su corazón, a su alma”. Bajo este principio, invitó a todos a tomarse de las manos para interpretar “Tu mano”, un momento en el que el artista terminó con la mano en alto y nuevamente quebrado por la emoción.
«70 años de amor… ayer mis padres cumplieron 51 años de casados”, dijo, entre aplausos que interrumpieron su relato. “Los padres de Aníbal, de Matilda… esta gran familia que se arma, la vida misma. Gracias otra vez por regalarme esta emoción, perdonen… arrancamos de vuelta. Ayúdenme a cantar, mirá cómo estoy”.
Tras retomar con “Siento que la vida se me va” y desatar la fiesta con la versión en cuarteto de “Si te vas”, el show enfiló hacia su conclusión. A las 23:10, y tras el pedido incesante de un público que no quería marcharse, regresó para el cierre definitivo con “Como tú”. Con las fechas de octubre (24, 25 y 26) ya agotadas, Luciano Pereyra dejó Córdoba con la certeza de que su pacto de amor con esta tierra es, al igual que su música, una historia que no tiene fin.
