La distancia entre la Argentina de Evita y el Hollywood de Marilyn desaparece en una propuesta que imagina un cruce tan imposible como fascinante. Dos íconos del siglo XX que, a través del juego, la caricatura y las máscaras que la historia construyó sobre ellas, dejan entrever una grieta por la cual asoma el ser humano detrás del mito. La obra, titulada “Quien quiera amar que ame”, se aleja de la solemnidad biográfica para mostrar a dos mujeres sensibles que ríen, se enojan y se encuentran en una búsqueda común: la de ser amadas.
Pero para llegar a ese encuentro hubo primero una idea mucho más amplia. Ludmila Hernández, quien interpreta a Eva, imaginó una obra alrededor de grandes figuras femeninas y de aquello que podía encontrarse detrás sus cruces. Sobre ese recorrido conversamos con la directora de la pieza, Karla Torres.
“La idea fundacional era el encuentro de mujeres famosas y ver qué había detrás de eso. Entonces ahí aparecían Tita Merello, Frida Kahlo y más mujeres. Se les hizo un proyecto muy grande y muy ambicioso. Ella justamente funda la compañía con el nombre de ‘Por Boca de Ellas’, por ese proyecto”, explica.
Y cuenta que, de esa manera, la propuesta escénica siguió desarrollándose hasta que se sumó Laura Pilone, quien interpreta a Marilyn. Sin embargo, el rumbo de la obra todavía no estaba definido y terminó de precisarse cuando comenzaron a trabajar junto al dramaturgo Leandro Calle, quien encontró en el cruce entre Eva y Marilyn una forma de concentrar aquella particular idea inicial.
Y ha de considerarse que, entre todas las combinaciones posibles, difícilmente podría haber una mejor que esta dupla.
Llamativamente, aquella idea que había comenzado a crecer y a sumar nombres terminó encontrando su forma en apenas dos meses de trabajo. Calle escribió el texto durante Semana Santa y, poco después, comenzaron los ensayos. “Se puso en esos días que tenía libre, después me llaman a mí y empezamos a trabajar”, cuenta la directora. La velocidad de ese último tramo contrastó con el tiempo que había llevado imaginar la obra y terminó llevando al estreno hacia finales de junio.
Ahora sí, ¿qué podría pasar?
Después de conocer cómo nace el proyecto y cómo termina concentrándose en estas dos figuras, la charla se detiene justamente en lo que sucede cuando Eva y Marilyn llegan al escenario. En pocas palabras, Karla precisa que algo había que resolver desde el comienzo: “La obra inicia entendiendo que el público sabe quiénes son, sabe cuál es el estereotipo, y desde ese estereotipo empezamos a quebrarlo”.
En este sentido, cuenta cómo fue trabajar —una labor que aún continúa— con esas imágenes tan instaladas y qué lugar ocupa la caracterización en ese proceso.
“Para mí, como directora, era súper importante justamente trabajar el estereotipo primero para deconstruirlo. Entonces dije: acá lo físico va a ser un estereotipo tal cual. Marilyn está con el vestido blanco típico de la imagen que tenemos de ella. Y a Eva la tenemos con sus trenzas”.
La decisión de comenzar desde esos rasgos reconocibles también fue un aspecto crucial para las actrices. “Para ellas también fue muy importante para poder tomar ese rol. Entonces, estuvimos entre lo que yo proponía y lo que ellas sentían que les era necesario para poder entrar en el personaje”, explica.
En el caso de Ludmila Hernández, la transformación física tuvo un peso particular. “Ludmila necesitaba sí o sí estar rubia; era fundamental para ella cambiar su pelo”, cuenta.
La caracterización, entonces, funciona como una primera puerta de entrada.
A su vez, construir una imagen para su representación, que permita a las actrices entrar en rol, también implica lidiar con aquello que sucede del otro lado del escenario: qué pasa cuando la caracterización es tan reconocible que el personaje parece imponerse sobre la ficción. Esa tensión se hizo particularmente visible durante una función en Perón Perón, en San Telmo, Buenos Aires, donde el contexto terminó jugando a favor de esa identificación.
“Ahí toma un protagonismo Eva por el contexto. Estuvimos para el aniversario de la muerte de Eva. Aparte que Ludmila se parece mucho, ha logrado una caracterización muy buena. Entonces la gente la ve y ya entra en el lugar de ‘es Eva la que está ahí’”, relata Karla.
Y esa mirada puede llegar a ocupar tanto espacio que incluso modifica la recepción de aquello que ocurre en escena. “Me llama la atención que muchas veces los lugares en los que se pone en tensión a Eva, porque las dos se ponen en tensión, siento que la gente no lo ve porque está embobada viéndola a Eva”, señala.
Entre esa imagen que el público reconoce casi de inmediato y la mujer que la obra intenta hacer aparecer detrás de ella se abre, también, el sentido de su título. “Quien quiera amar que ame” retoma una frase de un discurso de Eva —“Quien quiera oír que oiga, quien quiera seguir que siga”— y la lleva hacia otro territorio.
“Es un discurso que está presente en la obra y se termina resignificando al final”, enuncia.
Desde esa reformulación, la directora encuentra un hilo que une a ambas protagonistas más allá de aquello que las convirtió en figuras públicas: “[…] hay una búsqueda de ellas que va más allá del hecho de ser visibles o de sobrevivir. Las dos empezaron su rol de actriz desde el lugar de una vida compleja y en donde necesitaban salir adelante, pero más allá de eso, hay una búsqueda de validación, de aparecer en el mundo y de ser importantes”, plantea.
Y es justamente en esa necesidad de ser vistas donde Torres encuentra otra resonancia para el título: “Eso no es más que la búsqueda del amor: ‘quiero que me amen, quiero aparecer’. En este lugar ellas se encuentran”, dice.
¿Y cómo podría pasar?
Si solo miráramos la imagen, podríamos pensar que un encuentro entre Eva y Marilyn tomaría la forma de un musical o de una reconstrucción histórica. Sin embargo, la puesta se aleja de esos registros y encuentra en el humor, el juego una forma de acercarse a estos personajes desde un lugar menos previsible. Así aparecen situaciones, gestos y cruces que difícilmente asociaríamos con las imágenes que tenemos de ellas.
“A mí me encanta el clown y tomé varios elementos para ponerlos así como un poco en el momento en que una de ellas picantea a la otra”, cuenta.
La búsqueda también tiene que ver con no encerrar a estos personajes en una mirada solemne. “Si hacés ese ejercicio desde la seriedad, tratando de acercarse siempre a la realidad o a lo dramático, lo coartás”, sostiene.
La posibilidad de imaginar cruces que nunca ocurrieron también aparece en otro ejemplo que Torres trae durante la charla. Recuerda una obra que reúne a Carlos Gardel y Frank Sinatra, dos figuras que tampoco llegaron a compartir un encuentro en la vida real.
“Hay una obra o musical que junta a Carlos Gardel con Frank Sinatra, que no pasó, pero qué rico hubiese sido que pasara. Y es un musical, es súper alegre”, cuenta.
Más que la coincidencia histórica, lo que le interesa de ese tipo de propuestas es todo aquello que puede abrirse a partir de una situación que nunca ocurrió. “Creo que por ahí es el punto también desde donde podemos entrar a estas vidas. Y cuando podés hacer eso, cuando podés entrar desde ese lugar, entrar a la parte dramática, entrar a la reflexión es más ameno”, explica.
En “Quien quiera amar que ame”, esa posibilidad se traduce en una relación que tampoco existió, pero que el escenario vuelve posible. Eva y Marilyn pueden discutir, provocarse, reírse y compartir situaciones que no pertenecen a ninguna reconstrucción histórica. Y justamente por eso la obra puede permitirse algo que una biografía no tendría: imaginar qué habría pasado si alguna vez se hubieran encontrado.
Aunque la obra parte de vidas atravesadas por conflictos y episodios dramáticos, Torres tampoco busca encerrarla en una categoría: “No sé si podría calificarla como comedia, pero sí es una obra muy divertida”, resume.
Paso a paso
A casi tres meses de su estreno, “Quien quiera amar que ame” todavía no parece una obra terminada. El paso por Buenos Aires y por distintos escenarios de Córdoba —en salas, espacios culturales y lugares no tan convencionales— fue dejando algo más que funciones: nuevas miradas, reacciones inesperadas y pequeños movimientos que el equipo recoge y lleva de vuelta a los ensayos.
“Creo que ahí está la riqueza. Primero, del teatro, que lo podemos repetir y eso es hermoso. Y también de estar en diferentes espacios y ante diferentes públicos, nos damos cuenta de las distintas reacciones y devoluciones”, cuenta
Ficha técnica
Actúan: Ludmila Hernández y Laura Pilone.
Dramaturgia: Leandro Calle.
Dirección: Karla Torres.
Compañía: Por Boca de Ellas.
Edad recomendada: mayores de 13 años.
Próximas funciones
Las próximas funciones serán el sábado 22 de agosto, a las 20.30, en Cielo y Tierra, de Río Ceballos, con entrada a la gorra; el domingo 23, a las 20.30, en Teatro La Calle (Rodriguez Peña esquina Gral Bustos); y el sábado 29, a las 21, en La Piojera (Av. Colón 1559), también con entrada a la gorra. Las reservas se realizan al 351 6962220. luego de esto adentraria con alguna explciacioninteresante,podemos decir, en la charla ya repasamos el origen pero ahora iremos contansdo sobre la idea
