Techos bajo la lupa: cómo resolver las filtraciones

Causas y soluciones. Las posibles respuestas a los diferentes problemas. Mantenimiento y productos.

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En tiempos de lluvias intensas es importante detectar problemas de humedad y solucionarlos en seguida.

Hay un momento, casi siempre en pleno verano, en el que el techo deja de ser una abstracción técnica y se vuelve protagonista. Suele suceder durante una tormenta intensa, de esas que descargan en pocos minutos lo que no llovió en semanas. Aparece entonces la mancha en el cielorraso, la gotera insistente o el olor a humedad que avanza por la casa. Y con eso, la certeza de que algo no fue previsto, mantenido o resuelto a tiempo.

En Córdoba, el clima es un factor estructural del proyecto y del mantenimiento de la vivienda. La combinación de altas temperaturas, fuerte radiación solar, amplitud térmica y lluvias concentradas en eventos breves pero violentos conforma un escenario exigente para cualquier cubierta. No se trata solo de impermeabilizar, sino de entender cómo envejecen los materiales y cómo responde cada sistema constructivo frente a estas condiciones.

Las patologías en techos no aparecen de manera súbita. Por el contrario, suelen ser el resultado de procesos lentos y acumulativos. Una microfisura imperceptible, un desagüe parcialmente obstruido o una membrana que superó su vida útil pueden pasar desapercibidos durante años, hasta que una tormenta intensa expone la falla.

El control y mantenimiento regular de la cubierta es una buena acción preventiva contra las filtraciones

Dilataciones, agua y mantenimiento

Uno de los factores más determinantes en la región es la dilatación térmica. Las losas y carpetas de cemento se expanden durante el día y se contraen por la noche. Este movimiento permanente genera tensiones que, con el tiempo, se traducen en fisuras. No se trata de grandes grietas visibles, sino de pequeñas aberturas que permiten el ingreso del agua.

A esto se suma la cuestión del drenaje. En muchos barrios de la ciudad y del Gran Córdoba, especialmente en zonas con arbolado consolidado, las canaletas y bocas de tormenta se obstruyen con hojas, tierra y sedimentos. Cuando el agua no encuentra salida, se acumula sobre la cubierta y busca caminos alternativos: juntas, encuentros con muros, fisuras preexistentes.

Las membranas asfálticas tradicionales, muy utilizadas durante décadas, también presentan límites claros. Su vida útil está condicionada por la exposición al sol y a los cambios de temperatura. “Cuando la capa de aluminio se cuartea, la protección se pierde y el agua comienza a filtrarse por debajo, muchas veces sin señales visibles en el exterior”, indican desde Membranas Centro.

La membrana asfáltica es uno de los materiales más comercializados en el mercado local.

En techos livianos, como los de chapa o teja, el viento y el granizo son actores centrales. Tornillos con arandelas resecas, solapas mal selladas o piezas desplazadas son problemas habituales luego de tormentas fuertes, especialmente en viviendas que no reciben mantenimiento periódico.

Señales de alerta

Reparar no es tapar

Cuando la filtración ya se manifestó, el abordaje debe ser cuidadoso y metódico. Uno de los errores más comunes es intervenir solo desde el interior, pintando o reparando el cielorraso sin resolver el origen del problema. El agua siempre encuentra el punto más débil, y si ese punto no se corrige, la patología reaparece.

La inspección del techo es el primer paso. No siempre el lugar donde aparece la humedad coincide con el punto de ingreso del agua, ya que esta puede desplazarse siguiendo pendientes o elementos estructurales. Por eso, la lectura integral de la cubierta es clave.

Las cubiertas de chapa también requieren mantenimiento para evitar filtraciones.

La limpieza profunda del soporte es una etapa insoslayable. Hongos, verdín, polvo y restos de pinturas en mal estado impiden la correcta adherencia de cualquier sistema impermeabilizante. “En este sentido, el uso de hidrolavadora resulta una herramienta eficaz para dejar la superficie en condiciones”, comentan los asesores de Pintecord.

En ese sentido, los mismos expertos indican que el tratamiento de fisuras requiere algo más que una solución cosmética. Abrirlas levemente, limpiarlas y sellarlas con productos elásticos —como los selladores de poliuretano— permite acompañar los movimientos del material sin generar nuevas roturas.

“La elección del sistema de impermeabilización debe responder al tipo de techo. En losas planas, las membranas líquidas de base poliuretánica ofrecen continuidad y buena respuesta frente a la dilatación térmica”, señalan los expertos consultados.

En techos de chapa, la revisión de fijaciones y el sellado de solapas resulta fundamental. En cubiertas de tejas, el control de piezas rotas o desplazadas es indispensable, sobre todo después de una granizada.

 

Materiales, vida útil y mantenimiento

Membrana asfáltica aluminizada

Membrana líquida poliuretánica

La membrana líquida poliuretánica es otra de las opciones más recomendadas.

Membrana cementicia

Techo de chapa galvanizada

Techo de tejas cerámicas u hormigón

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