BRASILIA.- El escándalo político desatado en Brasil por las filtraciones de comunicaciones entre el entonces juez Sérgio Moro (actual ministro de Justicia) y los fiscales de la operación Lava Jato, tuvo un nuevo capítulo que fortalece las sospechas de un direccionamiento ilegal de la investigación contra el ex presidente Luis Inacio Lula da Silva.
Una nota publicada por Folha de San Pablo en colaboración con The Intercept reveló en efecto el modo en que el empresario Leo Pinheiro, principal accionista de la constructora OAS y testigo clave de la pesquisa que condenó al ex mandatario, fue chantajeado por los propios fiscales de la causa para involucrar a Lula a cambio del beneficio de reducción de la pena. Pinheiro cambió de hecho su testimonio al menos tres veces a lo largo de pocos meses hasta que, finalmente, incriminó al ex presidente, que fue condenado por Moro por su “convicción” de que había cometido los ilícitos que le endilgaba, ante la ausencia de pruebas concretas.
La declaración de Pinheiro fue clave para habilitar esa sentencia, pero los diálogos revelados el domingo muestran que los fiscales de la causa estaban disconformes con los resultados de su primer testimonio, donde el empresario aseguró que había ofrecido al ex presidente el departamento de tres pisos en Guarujá (que la sentencia de Moro endilga a Lula como supuesto beneficio obtenido a cambio de contratos en Petrobras) como un regalo “sin pedir nada a cambio”, aunque aclaró que Lula no aceptó la oferta.
Tal testimonio no agradó a los fiscales, que en agosto de 2016 discutieron sus alcances: en los mensajes revelados, la fiscal Anna Carolina Garcia pregunta por ejemplo a sus colegas si “¿hay una cuenta clandestina de Lula?” entre las informaciones entregadas por Pinheiro y recibe tres respuestas negativas. Los diálogos revelan que el jefe del equipo, Deltan Dallagnol, congeló entonces la negociación con Pinheiro de la llamada “delación premiada”, figura del “testigo arrepentido”, que lo terminaría beneficiando con una reducción de pena.
La nota periodística sugiere que el testimonio del constructor, que estaba condenado a 16 años de prisión, fue cambiando a medida que avanzaban las negociaciones para obtener tales beneficios: finalmente, en su tercer testimonio (abril de 2017), Pinheiro aseguró que el departamento había sido reparado para ser entregado a Lula, garantizando que él recibiría la propiedad del inmueble cuando las obras fuesen finalizadas. También dijo que poseía una cuenta informal donde reunía dinero de supuestas coimas destinadas al PT (aunque las investigaciones revelaron que esa cuenta no registró giros a personas ligadas al partido ni al ex mandatario), aunque no pudo exhibir prueba alguna para sostener sus declaraciones, ante lo cual afirmó que el propio Lula le había ordenado destruirlas.
El “Morogate” se amplía
BRASILIA.- El escándalo judicial apodado como “Morogate” por la prensa comienza a trascender el caso Lula, ya que la prensa filtró ahora mensajes privados de los fiscales del Ministerio Público Federal que cuestionan duramente la actuación del ex juez Sérgio Moro en la operación Lava Jato. “Moro viola siempre el sistema acusatorio y es tolerado por sus resultados”, dijo por ejemplo la procuradora Monique Cheker el 1 de noviembre, una hora antes de que el ex juez anunciara su aceptación del cargo de ministro de Justicia. Un día antes, ante los rumores de esa decisión, la procuradora Jerusa Viecili escribió: “Me siento pésimo. (La decisión) sólo dará aliento a las acusaciones de parcialidad y partidismo” en el Lava Jato.
Marchas en defensa del ex juez
BRASILIA.- Los movimientos más conservadores de Brasil salieron el domingo a las calles de las principales ciudades del país para defender al ministro de Justicia, Sérgio Moro, y repudiar al Tribunal Supremo Federal (STF) ante la posible liberación del ex presidente Lula da Silva, además del propio Congreso, al que acusan de entorpecer las iniciativas legislativas del presidente Jair Bolsonaro. Las marchas fueron convocadas hace tres semanas cuando The Intercept empezó a publicar los mensajes que pusieron en duda la imparcialidad de Moro (ver principal). “Esto es una dictadura del Congreso, es un Congreso de dictadores que busca su propio beneficio”, arengó uno de los oradores ante una multitud reunida en San Pablo.
