En medio de una escalada militar que mantiene en vilo a Medio Oriente, los países del G7 reclamaron a Irán el cese “inmediato e incondicional” de los ataques en la región y ratificaron su respaldo a las naciones afectadas.
A través de una declaración conjunta, el bloque de potencias expresó su preocupación por lo que consideró una ofensiva injustificada y subrayó la necesidad de avanzar hacia una desescalada del conflicto. El viceprimer ministro y canciller de Italia, Antonio Tajani, fue uno de los encargados de difundir el posicionamiento, destacando la “unidad y determinación” del grupo frente a la situación.
“El G7 respondió con firmeza ante los inaceptables ataques de Irán y reafirmó su apoyo a los países de la región”, señaló el funcionario, quien además enfatizó la urgencia de detener las hostilidades para evitar una mayor desestabilización.
El comunicado también puso el foco en la seguridad de la navegación internacional, en particular en el estratégico estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio energético global. En ese sentido, las potencias instaron a garantizar la libre circulación en la zona.
Asimismo, el G7 reiteró su respaldo al derecho de los Estados afectados a defender su soberanía y proteger a sus ciudadanos frente a ataques externos. La declaración incluyó además una condena explícita a los recientes hechos de violencia en Irak.
En paralelo, el conflicto sumó un nuevo capítulo con la intensificación de las operaciones militares de Israel en el sur del Líbano. El Ejército israelí bombardeó el puente de Qasmiya, una infraestructura clave sobre el río Litani, en el marco de una ofensiva destinada a cortar rutas de suministro vinculadas al grupo Hezbolá.
El ataque impactó en una vía estratégica que conecta el sur libanés con la ciudad de Sidón y la capital, Beirut, lo que agrava tanto la situación logística como humanitaria en la zona.
Ante la inminencia de los bombardeos, las Fuerzas Armadas libanesas evacuaron sus posiciones en el área, una decisión que fue confirmada oficialmente y que respondió a advertencias directas de Israel.
En este contexto, el primer ministro libanés, Nauaf Salam, encabezó una reunión de emergencia con autoridades militares y de seguridad para evaluar el escenario. Durante el encuentro se abordaron, entre otros puntos, el desplazamiento de población y el deterioro de las condiciones de seguridad en distintas regiones del país.
Como respuesta, el Gobierno libanés dispuso reforzar los controles y medidas preventivas, especialmente en Beirut, con el objetivo de contener el impacto de la escalada.
La combinación de presiones diplomáticas, advertencias militares y operaciones sobre el terreno configura un escenario de alta tensión, con crecientes temores de que el conflicto se extienda y comprometa aún más la estabilidad de una región clave para el equilibrio global.
