El rey de Marruecos, Mohamed VI, designó a Fátima Zahra El Mansuri, de 50 años, como primera ministra, luego de que su partido, Autenticidad y Modernidad (PAM), obtuviera la mayor cantidad de bancas en las elecciones parlamentarias del pasado 23 de septiembre. De esta manera, El Mansuri se convertirá en la primera mujer en la historia de Marruecos en ocupar ese cargo.
Según se informó, el monarca optó por El Mansuri por encima de Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación Marroquí de Fútbol y otra de las principales figuras del PAM.
Su designación coloca al frente del Ejecutivo a una de las dirigentes más conocidas del partido. La hasta ahora ministra de Ordenación del Territorio Nacional, Urbanismo, Vivienda y Política de la Ciudad y actual alcaldesa de Marrakech era una de las principales candidatas para liderar el Gobierno debido a su extensa trayectoria política.
Además, con su llegada al Ejecutivo, El Mansuri se convertirá en la segunda mujer en liderar un gobierno en el mundo árabe, después de la tunecina Najla Bouden, quien ocupó el cargo de primera ministra de Túnez entre 2021 y 2023.
Una extensa trayectoria política
El Mansuri es abogada y estudió Derecho en la Universidad Mohammed V, en Rabat, antes de continuar su formación en Francia y Estados Unidos, donde se especializó en derecho empresarial y corporativo. Hija de un conocido diplomático, procede de una familia vinculada a las altas esferas de la administración y la justicia de Marrakech.
Divorciada y madre de dos hijos, construyó buena parte de su carrera política en Marrakech, donde obtuvo respaldo tanto de la población como de dirigentes de su partido.
Su carrera política comenzó tras la fundación del PAM en 2008. Un año después, se convirtió en la primera mujer en asumir la alcaldía de Marrakech, cargo al que regresó tras las elecciones de 2021.
Durante los últimos cinco años también se desempeñó como ministra de Ordenación del Territorio Nacional, Urbanismo, Vivienda y Política de la Ciudad durante el gobierno del ex primer ministro Aziz Akhannouch.
En febrero de 2024, además, asumió como coordinadora de la conducción colectiva del PAM, partido que desde entonces no cuenta con un único secretario general.
A pesar de su creciente protagonismo, El Mansuri rechazó en el pasado que se la definiera como una “mujer de hierro”. “No soy una mujer de acero ni de hierro… Soy una activista libre”, afirmó en 2021.
Sin embargo, durante su trayectoria pública habló en pocas ocasiones sobre los derechos de las mujeres y la desigualdad de género, en un país donde continúan abiertos debates sobre cuestiones como la poligamia y la igualdad entre hombres y mujeres en materia de herencia.
El desafío de formar gobierno
Ahora, El Mansuri deberá avanzar en la formación de un nuevo gobierno, ya que el PAM no consiguió la mayoría absoluta en las elecciones parlamentarias. Por ese motivo, deberá negociar con otras fuerzas y previsiblemente conformar una coalición, como ocurrió durante la pasada legislatura, cuando el partido compartió el Ejecutivo con la Reagrupación Nacional de Independientes (RNI) y el Istiqlal.
El escenario, sin embargo, no aparece definido. El PAM mantiene diferencias con la RNI, que encabezó el gobierno saliente y tuvo al partido de El Mansuri como socio minoritario.
En las elecciones, el Partido Justicia y Desarrollo (PJD) consiguió 54 bancas, con una recuperación respecto de las 13 obtenidas en los comicios anteriores. El resultado estuvo impulsado por el regreso de su líder y ex primer ministro Abdelilah Benkirane.
No obstante, Benkirane anunció después de las elecciones que el PJD permanecerá en la oposición y descartó una alianza con el PAM.
En paralelo, la llegada de El Mansuri al Gobierno se produce en un contexto marcado por el descontento de una parte de la juventud marroquí, las dificultades para acceder al empleo y la vivienda y la presión migratoria hacia Ceuta y Melilla.
Durante la campaña, El Mansuri vinculó la llegada de migrantes a las ciudades autónomas con una “crisis de confianza entre los jóvenes, las instituciones y la sociedad” y defendió la necesidad de establecer un “nuevo contrato social”.
Esos serán algunos de los principales desafíos que deberá afrontar ahora al frente del Ejecutivo marroquí.
