Irán lanzó el domingo una ofensiva con drones y misiles contra Bahréin y Kuwait, en lo que constituye una grave escalada militar en Medio Oriente tras una serie de ataques cruzados con Estados Unidos en el Golfo Pérsico.
Según distintas fuentes militares y gubernamentales, la operación fue reivindicada por la Guardia Revolucionaria iraní, que aseguró que se trató de una respuesta directa a los bombardeos estadounidenses contra objetivos en territorio iraní.
La acción impactó en zonas cercanas a bases militares de Estados Unidos en ambos países, encendiendo alertas regionales y provocando el cierre de espacios aéreos en algunas áreas.
En Kuwait, las defensas antiaéreas lograron interceptar misiles y drones, sin que se registraran víctimas ni daños de gravedad. El país alberga una de las principales bases estadounidenses en la región.
En Bahréin, en cambio, se reportaron daños estructurales en un edificio residencial cercano al aeropuerto, causado por restos de proyectiles interceptados. No hubo muertos, pero el incidente elevó la tensión, especialmente por la presencia de la V Flota de la Marina de Estados Unidos en el país. El gobierno bareiní calificó la ofensiva como parte de un “patrón sistemático de agresión”.
Por su parte, la Unión Europea (UE) condenó los ataques, calificándolos de “inaceptables e injustificados”, y pidió a Irán que cese de inmediato las hostilidades y respete el derecho internacional.
Escalada con EE.UU. y represalias cruzadas
El conflicto se intensificó luego de que el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) realizara nuevos bombardeos contra infraestructura militar iraní, incluyendo sistemas de vigilancia, depósitos de drones y posiciones estratégicas vinculadas a la defensa aérea.
Washington justificó estas acciones como respuesta a ataques previos contra la navegación comercial, incluido el petrolero M/T Kiku, en el estratégico Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
En paralelo, fuentes militares indicaron que Irán habría atacado buques y posiciones asociadas a intereses estadounidenses, alimentando un ciclo de represalias directas.
El foco estratégico del conflicto es el Estrecho de Ormuz, donde Irán busca limitar la presencia militar extranjera y ha advertido que no aceptará supervisión directa de fuerzas estadounidenses. Teherán insiste en que la zona debe quedar bajo control iraní tras el fin de la guerra, mientras la comunidad internacional teme una interrupción del flujo energético global.
El canciller iraní Abbas Araghchi advirtió que cualquier interferencia externa “aumentará el nivel de tensión”.
Advertencias de Trump y riesgo de escalada total
Ante este escenario, el presidente estadounidense Donald Trump advirtió que, si continúan los ataques, Washington podría “completar el trabajo militarmente”, y lanzó una frase de alto impacto político al señalar que, de escalar el conflicto, “la República Islámica de Irán dejará de existir”.
CENTCOM, por su parte, confirmó operaciones contra múltiples objetivos iraníes en el marco de lo que describió como una respuesta a la “persistente agresión contra la navegación comercial”.
Los ataques ocurren tras la firma reciente de un memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, mediado por terceros países, que buscaba una tregua de 60 días y la reanudación del diálogo. Sin embargo, la continuidad de los enfrentamientos ha puesto al acuerdo al borde del colapso.
