Las protestas sociales que sacudieron Francia el sábado dejaron un saldo de 1.800 personas detenidas y más de 500 policías heridos, según informó este domingo el ministro del Interior, Laurent Nuñez. La jornada estuvo marcada por enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, saqueos e incendios que provocaron importantes daños materiales en distintas ciudades del país.
Las movilizaciones se desarrollaron en un contexto de creciente malestar por el encarecimiento del costo de vida y el deterioro del poder adquisitivo. La convocatoria reunió a distintos sectores sociales, entre ellos jóvenes, trabajadores, jubilados, docentes, agricultores y activistas, bajo consignas contra el Gobierno del presidente Emmanuel Macron.
Nuñez confirmó que ya se iniciaron investigaciones para identificar a quienes participaron en los hechos violentos y llevarlos ante la Justicia. El funcionario atribuyó los primeros episodios a grupos de extrema derecha y señaló que, posteriormente, se sumaron personas que protagonizaron saqueos y destrozos en establecimientos comerciales.
“Manifestarse es un derecho fundamental, pero sembrar el desorden con violencia y de manera concertada no lo es”, sostuvo el ministro, quien remarcó que los responsables deberán responder por sus acciones.
Daños millonarios en comercios y edificios públicos
El impacto de los disturbios también alcanzó al sector comercial. Alexandre Bompard, presidente de la Federación de Comercio y Distribución, informó que alrededor de 1.500 tiendas y establecimientos resultaron dañados y que muchos fueron saqueados.
Según sus estimaciones, las pérdidas económicas podrían ascender a varios cientos de millones de euros, aunque aclaró que todavía no es posible establecer una cifra definitiva.
En París, los incidentes incluyeron vehículos incendiados, comercios destruidos y enfrentamientos en distintos puntos de la ciudad. Algunos grupos intentaron acercarse a los Campos Elíseos y al Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia francesa.
El alcalde de la capital, Emmanuel Grégoire, describió un escenario de graves destrozos y afirmó que algunas calles habían quedado prácticamente devastadas.
También se registraron daños en edificios públicos de otras localidades. En Limoges, un incendio afectó gravemente al histórico Ayuntamiento, mientras que en Marsella y Lille se denunciaron ataques contra instalaciones municipales.
Ante la magnitud de los hechos, el ministro de Justicia, Gérald Darmanin, reclamó que se solicite la prisión preventiva para los acusados de protagonizar los episodios más graves.
Cuestionamientos por el accionar policial
La respuesta de las fuerzas de seguridad también quedó bajo la lupa después de que un manifestante perdiera una mano en Saint-Étienne, presuntamente por la explosión de una granada lanzada por agentes, según una fuente citada por la agencia AFP.
El episodio reavivó la discusión sobre el uso de estos dispositivos durante las manifestaciones. En los días previos, Nuñez había advertido que la Policía podría recurrir a granadas aturdidoras ante situaciones de violencia urbana.
Por su parte, el primer ministro, Sébastien Lecornu, informó que unos 150 policías y gendarmes habían resultado heridos, una cifra que refleja la gravedad de los enfrentamientos registrados durante la jornada.
El presidente Macron condenó los ataques contra prefecturas, comercios y ayuntamientos, y aseguró que quienes hayan participado en los destrozos serán perseguidos y castigados. En tanto, Lecornu vinculó los episodios con La Francia Insumisa, el partido de izquierda radical liderado por Jean-Luc Mélenchon, aunque la convocatoria reunió a sectores de distintas procedencias.
Una protesta contra el costo de vida y el ajuste fiscal
De acuerdo con las estimaciones difundidas, entre 550.000 y 800.000 personas participaron en las movilizaciones, según los cálculos de las autoridades y los organizadores.
Las marchas se desarrollaron mientras el Gobierno busca aprobar el presupuesto para 2027, que contempla un ajuste fiscal de 54.000 millones de euros para sanear las cuentas públicas. A ese escenario se suma el aumento de los combustibles desde el comienzo de la guerra en Oriente Medio, que profundizó el malestar económico.
La convocatoria se difundió a través de las redes sociales bajo el lema “Amarillos y Jóvenes”, con un llamado a confluir a los chalecos amarillos, la generación Z y otros sectores sociales. Durante las manifestaciones se escucharon consignas como “Tomamos la Bastilla” y “Macron dimisión”.
Las protestas evocaron las movilizaciones de los chalecos amarillos de 2018 y 2019, que surgieron en rechazo a un aumento previsto de los impuestos a los combustibles. En esta oportunidad, también se sumaron estudiantes que desde fines de septiembre reclaman mejores condiciones educativas.
Con miles de detenidos, cientos de efectivos heridos y daños materiales de gran magnitud, el Gobierno francés enfrenta ahora el desafío de esclarecer los episodios violentos y responder a un descontento social que tiene entre sus principales ejes la pérdida del poder adquisitivo.
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