El presidente estadounidense, Donald Trump, suspendió la aplicación de un nuevo paquete de sanciones económicas contra Rusia, apenas unos días antes de que entraran en vigor las penalizaciones previstas por una legislación que él mismo había promulgado el mes pasado, tras recibir un amplio respaldo del Congreso.
La medida fue formalizada mediante una orden ejecutiva publicada el pasado viernes, en la que Trump justificó la exención por considerar que responde a los intereses nacionales de Estados Unidos. Sin embargo, la Casa Blanca no explicó públicamente los motivos concretos de la decisión, que alcanza las restricciones comerciales y las penalizaciones vinculadas a la compra de hidrocarburos rusos.
La legislación, conocida como Ley Lindsey O. Graham de Sanciones contra Rusia e Irán de 2026, tenía como objetivo reducir los ingresos que permiten al Gobierno de Vladimir Putin financiar la guerra contra Ucrania, iniciada en febrero de 2022.
El cambio de postura de Washington abrió un nuevo frente de tensión diplomática, en un contexto marcado por las diferencias entre Trump y Zelenski, las negociaciones para poner fin al conflicto y los cuestionamientos europeos a cualquier flexibilización de las medidas económicas contra Moscú.
Qué sanciones decidió suspender Trump
La normativa, impulsada por el fallecido senador republicano Lindsey Graham y el senador demócrata Richard Blumenthal, contemplaba un mecanismo de presión económica contra Rusia y los países que mantuvieran determinados vínculos comerciales con Moscú.
Entre sus disposiciones figuraban aranceles de hasta el 100% para los productos importados desde los cinco principales compradores de petróleo crudo o gas natural ruso, además de posibles sanciones contra terceros países que adquirieran hidrocarburos rusos o facilitaran la evasión de las restricciones internacionales.
El paquete también incluía medidas contra funcionarios rusos, entidades bancarias y una flota clandestina de petroleros utilizada para transportar petróleo y otros productos energéticos.
Aunque el Congreso aprobó la legislación con un amplio respaldo bipartidista y Trump la promulgó el mes pasado, el mandatario recurrió a las facultades previstas en la propia norma para detener temporalmente su aplicación.
De acuerdo con la orden ejecutiva, la suspensión permanecerá vigente hasta que Trump o los altos funcionarios de su gabinete determinen que corresponde adoptar nuevas medidas o reactivar las penalizaciones.
La decisión provocó cuestionamientos de legisladores de ambos partidos. Blumenthal acusó al presidente de darle la espalda al Congreso y a los aliados europeos de Estados Unidos, mientras que el representante demócrata Don Beyer pidió modificar la ley para impedir que el Ejecutivo pueda bloquear sus disposiciones.
Zelenski pidió mantener la presión sobre Moscú
El presidente de Ucrania cuestionó la decisión de Washington y pidió a sus socios internacionales que respalden la continuidad de las sanciones. Según sostuvo, la flexibilización de las restricciones podría alentar al Kremlin a prolongar las operaciones militares.
“Lamentablemente, en Estados Unidos se tomó la decisión de ignorar por completo la Ley Lindsey Graham, que se suponía que impondría una presión verdaderamente efectiva sobre Rusia para poner fin a esta guerra”, expresó Zelenski.
El mandatario agradeció a los legisladores republicanos y demócratas que apoyaron la iniciativa y reiteró que Ucrania necesita mantener la cooperación internacional para avanzar hacia un acuerdo de paz.
Pese a sus críticas, evitó confrontar directamente con Trump y manifestó su expectativa de que el presidente estadounidense contribuya a detener los bombardeos rusos.
Zelenski también informó que su principal negociador, Rustem Umerov, mantuvo una reunión con Jared Kushner, enviado presidencial estadounidense y yerno de Trump. Además, señaló que Washington trabaja en la organización de un posible encuentro trilateral entre Trump, Putin y el mandatario ucraniano, que podría celebrarse en Medio Oriente, Europa o Estados Unidos.
En paralelo, el presidente ucraniano destacó que Estados Unidos reanudó el intercambio de información de inteligencia con Kiev, después de un período en el que la interrupción de esa cooperación había limitado la capacidad ucraniana para anticipar determinados ataques rusos.
El diésel ruso y las tensiones por el apoyo militar
La suspensión de las sanciones se suma a otros episodios que incrementaron las diferencias entre Washington y Kiev.
La semana anterior, Trump anunció un acuerdo para comprar grandes cantidades de diésel ruso, con el argumento de contribuir a reducir los precios internacionales de los combustibles. Según sus declaraciones, el suministro contemplaría entregas sucesivas de cientos de miles de toneladas y volúmenes adicionales en los meses siguientes.
La iniciativa recibió críticas de legisladores estadounidenses que advirtieron sobre el posible impacto de esas compras en los ingresos energéticos de Moscú, en momentos en que Washington busca negociar el fin de la guerra.
También surgieron tensiones por las restricciones aplicadas a Starshield, el servicio satelital militar vinculado a SpaceX que Ucrania utiliza en sus operaciones defensivas. Kiev denunció limitaciones de conectividad que afectarían a determinados drones militares, mientras que Trump negó haber ordenado esas medidas. Elon Musk, por su parte, señaló que el control del sistema militar corresponde al Gobierno estadounidense.
La Unión Europea rechazó flexibilizar las sanciones
La decisión de Trump también generó preocupación entre los aliados europeos de Kiev. La Comisión Europea defendió la continuidad de las restricciones y advirtió que, aunque las sanciones están ejerciendo presión sobre la economía rusa, todavía es necesario hacer más.
El portavoz comunitario Thomas Reigner recordó que la Unión Europea (UE) ha proporcionado a Ucrania una ayuda total de 230.000 millones de euros y destacó la aprobación de nuevas medidas contra Moscú.
En la misma línea, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sostuvo que el bloque no levantará sus sanciones mientras Rusia no ponga fin a la guerra. Los líderes europeos también expresaron su rechazo a la suspensión temporal de las restricciones relacionadas con el diésel ruso y avanzan en la preparación de un nuevo paquete de sanciones.
La guerra continúa y aumenta la presión sobre la infraestructura energética
Mientras se desarrolla la disputa diplomática entre Washington, Kiev y sus aliados europeos, Ucrania lanzó uno de sus mayores ataques con drones contra Rusia desde el inicio de la guerra, con impactos en San Petersburgo y la región de Leningrado. La ofensiva alcanzó instalaciones petroleras, infraestructura tecnológica y centros logísticos, en un nuevo episodio de la campaña ucraniana contra objetivos estratégicos rusos.
El ataque se produjo durante la noche del sábado al domingo y provocó incendios en la Terminal Petrolera de San Petersburgo y en el depósito de combustible de Ruchi. Según informaron las autoridades locales, al menos una persona murió y varias resultaron heridas. El gobernador de la ciudad, Alexander Beglov, indicó que los equipos de emergencia trabajaban para controlar las llamas en las instalaciones afectadas.
Las instalaciones petroleras se encuentran entre los objetivos estratégicos de la ofensiva ucraniana, debido a su importancia para el almacenamiento, la distribución y la exportación de combustibles rusos. Los daños en estos complejos podrían afectar las operaciones logísticas y energéticas de la región, aunque todavía no se había establecido públicamente el alcance total de las pérdidas materiales.
Rusia, por su parte, mantiene sus ataques contra territorio ucraniano. Zelenski denunció nuevas ofensivas contra instalaciones energéticas y edificios residenciales, con víctimas mortales y heridos en distintas regiones. Kiev advirtió que los daños en el sistema eléctrico podrían agravar los problemas de suministro ante la proximidad del invierno.
