Se cumplieron las previsiones. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), del saliente presidente Pedro Sánchez, ganó las elecciones generales españolas este 28 de abril. De esta forma, tiene altas probabilidades de consolidarse en el Gobierno, luego de una campaña en la que se mantuvo fiel a los ideales socialdemócratas europeos: moderación, prioridad a la políticas igualdad y europeísmo. Esta victoria del socialismo español se produce tras el quiebre del bipartidismo arrastrado desde 1977, con un parlamento con cinco grandes partidos, a los que se suman las formaciones nacionalistas regionales del País Vasco y Cataluña.
Sánchez tiene altas probabilidades de mantenerse en el poder, aunque este resultado no lo habilita para quedarse en La Moncloa automáticamente: tendrá que negociar y pactar con Podemos y con vascos y catalanes, dibujando un gobierno de coalición. Los partidos tendrán que aprender a tejer alianzas, cosa inédita en la historia española (aunque común en el resto de Europa). Habrá que ver qué sucede con los pactos a lo largo de las próximas semanas. Lo único seguro es que será un gobierno de coalición.
Así, las elecciones se inclinaron a un gobierno progresista, dejando pocas posibilidades al giro radical hacia la derecha. El fantasma ultra quedó taponado. Los números que circulaban antes de las elecciones hablaban de que el PSOE sería la fuerza más votada, aunque no conseguiría formar gobierno sin los apoyos de las formaciones nacionalistas, ya que la suma entre el PSOE y Podemos quedaba siempre por debajo de los 176 diputados que otorgan la mayoría absoluta. Esto se ratifica con los resultados del escrutinio: sólo con la suma de los partidos independentistas, más Podemos, es que Sánchez puede llegar a la mayoría y ser presidente. Pareciera que sin los nacionalistas, no se puede gobernar España.
Otra idea que se barajaba en los sondeos era que los tres partidos de la derecha -PP, Ciudadanos y Vox- tampoco lograrían los apoyos suficientes. Y así fue: sumando las tres derechas no se llega al mágico número de 176 escaños, y queda por debajo de los escaños que suma el PSOE y Podemos. Capítulo aparte es la debacle del PP, que de los 137 escaños que obtuvo en 2016, hoy sólo retiene 65.
Luego de algo más de diez meses de la moción de censura a Mariano Rajoy, España engrosa la familia socialdemócrata que gana elecciones generales en uno de los denominados países “grandes” del bloque europeo. Esto coincide con las victorias, en los últimos meses, de los socialistas suecos y finlandeses, y con las altas chances de que ganen en Dinamarca. Aunque no se pueda hablar, aún, de un cambio de tendencia política en el ámbito continental. De momento, en casi toda Europa sube la espuma de la extrema derecha, siempre al acecho y con gobiernos en Italia, Austria y Hungría, y fuertes presencias en Francia, Reino Unido y Polonia.
Al quiebre del bipartidismo español hay que sumarle el surgimiento, por primera vez tras la recuperación de la democracia, de un partido de extrema derecha, Vox, que alcanzó una importante presencia parlamentaria y que se convirtió en la gran incógnita de estas elecciones. En la campaña flotó en el aire la pregunta sobre si Vox podía tener un efecto destructor sobre la derecha o si la impulsaría hacia La Moncloa. Por lo visto, la atomización de la derecha no fue positiva. La aparición de este partido ultra está vinculada directamente con el intento independentista en Cataluña, que radicalizó a una porción importante de los antiguos votantes del PP y de Ciudadanos. Estos dos últimos partidos se vieron obligados a abrazar consignas de Vox para detener la hemorragia en su intención de voto. Lo que decantó en un nacionalismo rancio en toda la derecha de la política española.
Teniendo en cuenta que son sus primeras elecciones generales, los resultados no son desdeñable, aunque también nos señalan que el león no era tan león como se creía, ya que algunos colocaban a Vox como la primera fuerza de la derecha y el propio partido tenía expectativas más altas. En definitiva, se apuntó 24 diputados, nada mal para arrancar.
El PSOE recuperó la credibilidad en estos 10 meses de gobierno de políticas progresistas, de contenido social, dotando de estabilidad al país luego de años de crisis institucional. Lo meritorio es que, con sólo 84 escaños en el Congreso y con minoría en el Senado, pudo conseguir este buen resultado electoral y gobernar exitosamente los últimos meses.
Estas elecciones tendrán una “segunda vuelta” en menos de un mes, el 26 de mayo, cuando se celebren los comicios locales en todos los municipios del país, los autonómicos en más de la mitad de las Comunidades Autónomas y las elecciones europeas. Estas generales del 28A serán recordadas como una de las más trascendentes desde el fin del franquismo. Y será una interesante contribución desde España para la causa socialista de la Unión Europea.
