Dime cómo cooperas

Frente a los modelos de exclusión y ruptura que hoy amenazan a las grandes potencias, surge la necesidad de rescatar la acción colectiva y la solidaridad como las únicas herramientas capaces de transformar círculos viciosos de división en un camino sostenible hacia el desarrollo.

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Hace años John Forbes Nash afirmó que si dos individuos –personas o empresas- se encuentran compitiendo entre ellos, la mejor estrategia para ambos es cooperar. También Nicklas Luhmann dijo que los grupos sociales son autocentrados y autopoiéticos, o sea se cierran en sí mismos y se reproducen a sí mismos por lo que auguraba un futuro distópico. De allí se puede deducir que los grupos que incluyen crecen, los que dejan de hacerlo se estancan, si sus miembros encuentran otros lugares mejores, languidecen y si se rompen acuerdos internos, explotan.

Nash, que por ello ganó un premio Nobel de Economía, indujo al interminable proceso de fusiones, absorciones y asociación de las grandes empresas que hoy dominan grandes porciones de mercados mundiales, son más poderosas que la mayoría de los países y muchas veces los controlan o inclusive les proveen a sus gobiernos de los dirigentes y funcionarios más importantes.

Sin embargo estos mismos sectores impulsan el individualismo y la competencia (muchas veces fratricida) de las personas, instituciones y grupos populares, en detrimento de la acción colectiva, la capitalización social y la disminución de las capacidades del Estado que podría y debería promoverlas.

Luhmann, quizás por su pesimismo tuvo un derrotero público y académico mucho menos visible, aunque sus afirmaciones se corroboran continuamente y se ratifica por el razonamiento opuesto el ciclo de vida de los grupos sociales.

Especialmente cuando define el modo de inclusión que implica un acoplamiento estructural en el que los distintos sistemas (económico, político, jurídico, etc.) interactúan y ajustan a sí mismos, evitando depender de otros y reduciendo la complejidad del mundo.

Con frecuencia he realizado un análisis de situaciones reales, buscando encontrar casos en los que las afirmaciones de ambos sean contradictorias con la realidad. Pero no he encontrado ninguna, y por el contrario solo puedo mencionar casos que las convalidan. Por ejemplo:

EEUU y el gobierno de Trump ha hecho gala de romper acuerdos preexistentes con países aliados -Europa, NAFTA, los BRICS, etc.-, los mercados de capital y sus inversores, etc. que lo complica en su desarrollo más allá de su slogan “America First” (América primero)

Además, promovió rupturas internas con estados demócratas, la Corte Suprema, empresas multinacionales estadounidenses, representantes republicanos tradicionales y hasta miembros sobresalientes de MAGA (hagamos América grande otra vez) que lo llevaron al poder.

Así, las tendencias y previsiones electorales para las próximas elecciones de medio término, en noviembre, auguran una catástrofe de sus candidatos que lo pondría nuevamente en minoría en el Congreso, que amenaza con un juicio político. O sea, una explosión.

En Europa hay una concentración de poder en la Comisión Europea y el Consejo Europeo, que no son elegidos por los ciudadanos, en detrimento del Parlamento Europeo que sí son elegidos por los ciudadanos europeos. Mientras que sus minorías están minando su capacidad de crecer, desarrollarse y ser importante en el contexto geopolítico internacional. Mucho más cuando EE.UU. ha dejado de ser un aliado y se plantea más como un “adversario dominante o ausente” que es muy poco fiel a los acuerdos preexistentes.

Su estancamiento y decadencia es visible y algunos países comienzan a pensar en bloquear las decisiones, salirse del bloque, o convertirse en nuevos líderes del bloque, si cambia el actual liderazgo -de partidos socialistas y populares conservadores-, ya que los más importantes países –Francia, Alemania, España- tendrán pronto elecciones que podrían perder, y países menores como Eslovaquia, Hungría y Austria ya son gobernados por opositores al grupo hegemónico. O sea, existe una diáspora de intereses y están a las puertas de una explosión, si se rompen acuerdos internos mínimos.

Por el contrario: 1) Los países BRICS; 2) el RCEP (Asociación Económica Integral Regional) como el mayor tratado de libre comercio; 3) el CPTPP (Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico); 4) APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation), que promueve la cooperación económica y el libre comercio entre 21 economías de la cuenca del Pacífico; 5) APTA (Asia-Pacific Trade Agreement), acuerdo arancelario con miembros como China, Corea del Sur, India y Mongolia; y 6) la Alianza del Pacífico –bloque comercial latinoamericano (Chile, Colombia, México, Perú) que a menudo interactúa con la región Asia Pacífico- están creciendo gradualmente en volumen y complejidad, incluyéndose mutuamente, dejando de lado problemas históricos que implican un acoplamiento estructural que reduce la complejidad de sus relaciones.

En nuestro país, la situación es ambigua. Por un lado, en el ámbito político y legislativo hay procesos de inclusión -en realidad de absorción oficialista de minorías- y el apoyo de una parte importante de la sociedad que espera, afectiva o ideológicamente, que la situación mejore a futuro, sin fundamentos objetivos y una realidad que la golpea.

Pero simultáneamente se dan diversas organizaciones sociales que se están consolidando y creciendo lentamente en base a cooperación, solidaridad y transparencia, contrariando el relato individualista del gobierno y los sectores dominantes –grandes empresas, medios masivos, etc.- que aún golpeados sostienen ese relato.

De allí el título de la nota, que nos pregunta el modo en que cooperamos siguiendo a Nash, para que se dé el acople estructural enunciado por Luhmann y que la cooperación –en pequeños grupos o institucionalizada- revierta el círculo vicioso de divisiones y lo convierta en un círculo virtuoso que sea el camino sostenible hacia el desarrollo. 

La receta en general implica: 1) reconocer nuestras prioridades esenciales; 2) identificar a quienes pueden ayudarnos o afectarnos significativamente –los llamados grupos de interés o Stakeholders-, 3) reconocer sus urgencias y prioridades; 4) acordar con ellos los objetivos comunes de mayor plazo; 5) adaptarse mutuamente en esos objetivos, dejando de lado las diferencias menores que existan. Así la potencia del conjunto aumenta exponencialmente.

Por el contrario, el sometimiento momentáneo o táctico genera las condiciones óptimas para la ruptura, cuando se quiebran los acuerdos mutuos de corto plazo.

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