La comunicación política, o sea el contexto en que se produce el debate, no ha cambiado mucho, luego de más de 100 años, aunque la conexión directa por redes de los políticos ha cambiado las formas, procurando disminuir la influencia de los grandes medios en los decisores privados, y lo ha logrado en los más jóvenes.
Max Weber (1864-1920) un año antes de fallecer expuso en una conferencia los temas vinculándolos a la política y ciencia como vocación, que implica convicción en contraposición con la ética de la responsabilidad.
En él señalaba que “el trabajador del periodismo tiene cada vez menos influencia política, en tanto que el magnate capitalista de la prensa, tiene cada vez más”. A la vez que afirmaba que “el periodista es político profesional y solo la empresa periodística es, en general, una empresa política permanente”.
Por último concluía que “el negocio de los anuncios pagados ha sido así el camino por el que, durante la guerra, se intentó, y aparentemente aun continua intentándose hoy, ejercer sobre la prensa una influencia política de gran estilo. Aunque hay que esperar que la gran prensa lograra sustraerse a esa influencia (lo que obviamente no ocurrió), la situación es mucho más difícil para los pequeños periódicos”.
Liderazgos
Respecto de la Política, identifica tres liderazgos, tradicional (por la costumbre), técnico-legal y carismática. Es este último tipo el que parece dominar la escena política nacional e internacional (Milei y Trump son sus mayores exponentes).
En ellos a priori parece dominar la “Ética de la convicción”, sin medir demasiado las consecuencias inmediatas y mediatas de sus acciones “revolucionarias”. Mientras que en otras, como en Europa se sostiene por ahora un liderazgo tradicional con fundamentos técnicos-legales que parecen adherir también a la ética de la convicción (defensa de la democracia, los ataques externos, etc.).
En ambos casos, los resultados no han sido los esperados, mucho menos para la población en general e inclusive sus propuestas de aumento de la inversión para la defensa o la guerra, disminuyendo los beneficios sociales e inversión en infraestructuras, parecen augurar un futuro aún peor.
Mientras tanto la ética de la responsabilidad está sostenida por un variado conjunto de liderazgos que desde la neutralidad, la prescindencia de diferencias ideológicas y el desarrollo integrado de sus cadenas comerciales, inversiones mutuas, sistemas y medios de pago trasfronterizos que utilizan sus propias monedas, procuran aumentar su importancia relativa. Los BRICS y otras asociaciones, especialmente en Indochina y el Pacífico, son muestra de ella.
El tecno-feudalismo
Mientras tanto los tecno-feudalistas silenciosamente o no tanto, procura imponer sus sistemas de control y microblogging -una forma de comunicación en línea que consiste en publicar mensajes breves, generalmente entre 120 y 280 caracteres, para compartir información rápida, ideas o actualizaciones multimedia- con una filosofía que encabezada por Peter Thiel (el dueño de Palantir) cuestiona la democracia liberal como modo de decisión política.
Obviamente, se trata de una práctica ética basada en la convicción, en la que el modelo tecnológico y sistemas configuran una realidad distópica que prescinde y manipula la voluntad popular que se expresaría condicionada por el escroleo (del inglés scroll) que es la acción de deslizar el dedo por la pantalla de un dispositivo móvil o mover la rueda del ratón en una computadora para navegar vertical u horizontalmente por el contenido.
La democracia cuestionada públicamente por Thiel y entre bambalinas por tecnócratas políticos –europeos, etc.- y algunos tecnológicos –Antropic se negó a colaborar en el control de los ciudadanos estadounidenses-, la mayoría de los cuales colabora con la Secretaria de Guerra (defensa) y su titular Peter Hegseth en las guerras que lleva adelante.
Nuestras elecciones
Winston Churchill afirmó que “la democracia es la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás formas que se han probado a lo largo de la historia”. Comenzando en la antigua Grecia envenenando a Sócrates por “corromper a la juventud y de impiedad” (no creer en los dioses de la ciudad e introducir nuevas deidades).
O sea, las formalidades democráticas no excluyen tendencias dictatoriales, que debiéramos evitar, si queremos seguir teniendo la capacidad de cambiar los gobiernos que no nos representan o nos perjudican, aun habiéndolos elegido.
Las democracias liberales, que es el gobierno de las mayorías con respeto a las minorías, es relativamente reciente y no es perfecta, pero es perfectible si somos conscientes que sus errores –y nuestros votos- sirven para corregirlos, si sus consecuencias son indeseadas.
Así podremos evitar o corregir gobiernos basados en la ética de la convicción –que no miden las consecuencias-, gobiernos que gobiernan para ellos mismos –que solo miden sus beneficios personales o de pequeños grupos- y lograremos gobiernos basados en la responsabilidad que miden las consecuencias para el país, sus mayorías y minorías, con base a objetivos comunes.
