Algunos pocos grandes empresarios, cual “Saduceos”, una influyente secta religiosa y política judía de la aristocracia sacerdotal que compartían el consejo supremo y tribunal de justicia de aquella época (Sanedrín) avalan tras bambalinas las nuevas normas laborales, junto a sus representantes mediáticos.
Los debates de las últimas leyes –“Régimen penal juvenil” y “Modernización laboral”- revelaron que algunos legisladores –Senadores y Diputados oficialistas y “amigables”- aplicaron a trabajadores y Jóvenes normas que ellos mismos no cumplen o no se preocupan por hacerlas viables.
En el “Régimen Penal Juvenil” la norma no considera los recursos requeridos para las tareas de prevención mínimas de los pocos casos en los que los jóvenes de 14 a 16 años han cometido delitos graves –con condenas posibles mayores a 10 años-, que deberán estar a cargo mayoritariamente de las provincias agobiadas por reducciones en la recaudación propia y coparticipada que muy probablemente no cumplirán.
Por lo que el cambio en la ley no será eficaz, ni tampoco responderá a las familias que tienen casos críticos que no pueden controlar y hace años que reclaman instituciones adecuadas para sus hijos en conflicto con la ley que aún no ingresaron en delitos graves.
En la ley de modernización laboral, los legisladores que: 1) disfrutan de generosos presupuestos para designación de familiares o allegados “leales” a sus intereses personales, pero sin la calificación necesaria para asesorarlos en los temas en los que intervendrán; 2) Dietas (salarios) abultadas y autoimpuestas; 3) La posibilidad de no asistir a las reuniones a las que fueron convocados. Imponen a otros normas que no se aplican a sí mismos.
Mientras que los aportantes a sus campañas electorales miran para otro lado y fingen demencia, y a los empresarios más pequeños que necesitan trabajadores motivados solo les quedaría reducir los costos de indemnizaciones por despido y pagar menos si se enferman, por lo que florecerán los peores empleadores en una economía caracterizada por la recesión y el cierre o reducción de las empresas y el trabajo registrado.
Mientras tanto, medios oficialistas, redes sociales y la Oficina de Respuesta Oficial apuntan a contradecir las afirmaciones opositoras, lo que puede generar temor y autocensura en comunicadores sociales, mucho más cuando está en riesgo el Estatuto del Periodista, que al menos los protege de los editores y propietarios de medios que quedarían como “protectores de la libertad de prensa”, antes que el “librepensar” periodístico.
El “librepensar” en la novela distópica “1984” de George Orwell, se consideraba un delito, en la medida que contradiga el relato del “Gran hermano”.
El exceso de confianza del gobierno tras haber acordado con gobernadores amigables –la reducción del Impuesto a las Ganancias coparticipable- y sindicatos –aportes obligatorios y a sus obras sociales-, lo llevó a incluir subrepticiamente la limitación a las licencias por enfermedad, de la que nadie se hace cargo, con reducción de haberes, ha despertado a las mayorías populares que han puesto en crisis la sanción por los Diputados, sin modificaciones a la norma.
Eso ha puesto en duda varias partes más de la normas, como: 1) el régimen de vacaciones; 2) la reducción de las indemnizaciones por despido; 3) el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) que puede hacer que los despidos sean gratuitos para los empresarios, con fondos que hoy se asignan a jubilaciones; 4) la bolsa de horas que elimina o reduce las horas extra; 5) el fin de la ultra actividad de los convenios vigentes sino se logra uno nuevo; o 6) los cambios en la doctrina “in dubio pro laborens” que favorece al trabajador en caso de duda.
Todo parece ir a una ley muy conflictiva en el ámbito legislativo y en el ámbito judicial que está lejos de lograr una “modernización”, menor conflictividad laboral y aumento de empleos registrados que se mencionan como objetivos de la ley, a los que adhieren los modernos fariseos y saduceos.
Por lo pronto a nosotros nos queda aplicar la táctica que utilizaron los seguidores de Jesucristo cuando eran interpelados por los fariseos. Los padres del ciego de nacimiento, curado por Jesús (Juan 9), solo señalaron el hecho que “nuestro hijo nació ciego…. y ahora ve” sin atribuir a Jesucristo su sanación, por miedo a ser excluidos de la sinagoga.
