La necesidad de un nuevo sentido común: evadir es condenable

La afirmación con gesto de naturalidad del jefe de gabinete, se basa en una subjetividad en la cual la evasión impositiva es “lo que hacemos todos los argentinos”.

Manuel Adorni, jefe de gabinete de ministros.

Manuel Adorni, jefe de gabinete de ministros.

Más allá del reclamo a coro, proveniente de aliados, ex aliados, semi opositores y opositores, que pide la renuncia de Manuel Adorni por haber mentido en su presentación en la Cámara de Diputados (entre tantas otras oportunidades), hubo una parte de su alocución en La Nación+ que no deja de resonar y quedó flotando al aire sin que la bajemos del todo a tierra: “ahorré en negro, ni se me habría ocurrido ahorrar en blanco”.

La justificación para esa afirmación del jefe de gabinete radica en las políticas que aplicaba el gobierno de aquel entonces y abona el “sentido común” tan argentino que siempre encuentra motivos para evadir obligaciones tributarias.

La subjetividad imperante sostiene de manera explícita o tácita que pagar impuestos en Argentina es alimentar a los choros, que son los políticos claro, por lo cual, siempre que se encuentre un resquicio, atajo o alternativa para evadir, uno la debe tomar porque simplemente así funciona nuestro país.

Parte constitutiva de esa misma subjetividad admite que en “los países serios” evadir es duramente penalizado e incluso está mal visto por la propia sociedad. Por otro lado, expresa como una letanía el deseo/queja de que Argentina se convierta de una vez en uno de “esos países”.

¿Quién podría negar que en nuestro país se roba? Que son incontables los casos de personas que acceden a un puesto de poder y lo aprovechan para obtener beneficios para sí y su entorno.

Afirmar que evadir es condenable no implica de ninguna manera tener una mirada inocente que pase por alto esa evidente falta de escrúpulos.

Pagar impuestos es alimentar a los ladrones, sí, es cierto. Pero también implica salvar vidas y mejorarlas. Permite pagarle a los docentes universitarios, a las médicas de los hospitales, a los enfermeros, a las fuerzas de seguridad, a quienes necesitan la AUH para que sus hijos coman (al menos).

Pagar impuestos es la fuente para mejorar la infraestructura para que circule la producción de las economías regionales, es la vía de cuidar nuestras fronteras y de mantener los diferentes estratos del Estado que sustentan el sistema democrático.

Nada de todo lo enumerado en el párrafo anterior funciona como debería pero, ¿serán conductas como la de Adorni las que contribuyan a una mejora permanente, consistente y definitiva de nuestra realidad? ¿Será ese el camino?

¿Alguien puede imaginar al jefe de ministros de un “país serio” afirmando en el prime time de televisión que evadió impuestos voluntariamente porque eso hace la mayoría de la población?

Para que Argentina inicie un camino de crecimiento y progreso resulta absolutamente indispensable acordar sobre una nueva subjetividad, un renovado sentido común que nos guíe, en el cual cada uno hace lo que le corresponde, paga sus impuestos, no mira con simpatía a quien no lo hace y así contribuye a construir ese país en el que anhelamos vivir.

En esta nueva subjetividad debemos acordar que evadir es condenable, siempre, gobierne quien gobierne, lo hayamos votado o no. De no ser así, definitivamente no somos mejores que esos a los que señalamos.

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