En la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios (Corintios I), capítulo 10 se trata el tema en profundidad. Escrita entre el año 54 y 55 en Éfeso –luego de su tercer viaje-, respondió a los informes sobre divisiones e inmoralidad llevados por los seguidores de Cloe, evitando generar contradicciones a judíos, paganos y la comunidad de fe.
Allí, comienza diciendo: “«Todo está permitido», pero no todo es conveniente. «Todo está permitido», pero no todo es edificante”. “Que nadie busque su propio interés, sino el de los demás”. O sea que el libre albedrío debe ir a priorizar la Gloria de Dios.
Sigue diciendo: “Si un pagano los invita a comer y ustedes aceptan, coman de todo aquello que les sirvan, sin preguntar nada por motivos de conciencia”. Pero agrega: “Si alguien les dice: «Esto ha sido sacrificado a los ídolos, entonces no lo coman, en consideración del que los previno y por motivos de conciencia. Me refiero a la conciencia de ellos, no a la de ustedes: ¿acaso mi libertad va a ser juzgada por la conciencia de otro?”.
Y termina dando testimonio de sí mismo diciendo: “Hagan como yo, que me esfuerzo por complacer a todos en todas las cosas, no buscando mi interés personal, sino el del mayor número, para que puedan salvarse”.
Trasladado a nuestros días, el texto nos permite comprender que lo que hagamos o dejemos de hacer –votar, apoyar, criticar, etc.- en cualquier ámbito, sin conocer que quien nos ofrece la comida o bebida es consagrado a los dioses, no afecta nuestra conciencia.
Consagrado a los dioses, significa que la obtención de dinero por cualquier medio, solo orientado al disfrute personal, a invisibilizar o sojuzgar a los demás, al odio al prójimo o quitarle su libre albedrío, es lo que determina tomar o dejar lo que se nos ofrece.
No por nuestra conciencia, sino la de quien nos advierte.
Así, trabajar en una empresa, participar de un partido político, de una organización social o inclusive ser miembro de una familia que aún con contradicciones, no explicita objetivos que se oponen al interés colectivo, no es objetable. Hasta que lo hace.
Allí, será hora de tratar de evitar de seguir haciéndolo, so pena de ser parte de eso que se contradice con el amor al prójimo, sea quien fuere, convirtiéndonos en vasallos de aquellos que se consagran a los dioses y perdiendo “la libertad de conciencia”.
Casos como 1) el de los “tecno féudales” que buscan un gobierno “eficiente” de ellos mismos, contra la democracia; 2) aquellos que promueven el odio a quienes se les oponen, 3) aquellos que en los partidos políticos, gobiernos u organizaciones sociales priorizan su interés personal por sobre el interés de quienes dicen representar, 4) los que desde las empresas disfrutan de beneficios individuales destruyendo sus grupos de interés aguas arriba o abajo, pudiéndolo evitar, o 5) los que solo buscan satisfacer sus deseos –sexuales, consumistas, de riqueza, etc.-. Son algunos ejemplos de quienes consagran lo que ofrecen a los dioses.
No lo son, aquellos que en situaciones críticas sostienen el interés colectivo, al menos hasta que se pone en crisis su sobrevivencia y aun así tratan de minimizar el perjuicio a quienes son sus colaboradores.
Por supuesto que sostener nuestra libertad de conciencia no es gratis, ni fácil. A nadie puede pedírsele que abandone su trabajo, militancia o membresía porque algunos dirigentes se consagren a los dioses, pero sí que ellos mismos puedan priorizar en su ámbito el interés colectivo, antes que su interés personal.
También es necesario que en algunos de los ámbitos en los que nos desempeñamos con pretensiones de liderar algunos aspectos por decisión de quienes lideramos, construyamos el bien común, sin promover el individualismo, el odio a quienes se nos oponen o la invisibilización de los más débiles, que nos harían perder nuestra “Libertad de conciencia”.
Siguiendo aquella afirmación de Juan (Juan 8:32) “la verdad os hará libres” y su complementaria “la libertad os hará verdaderos”.
Que así sea.
