La libertad de ser esclavos

Es evidente que las batallas modernas quieren quedarse con el sentido de las cosas. Las fuerzas libertarias van más allá y operan en lo cultural.

libertad

Al introducirnos en una explicación del proceso de resignificación de palabras e instituciones que se creían ya consensuadas en la sociedad, vemos que tiene etapas. Y aunque parezca como algo de difícil comprensión, en lo cotidiano se hace visible.

El proceso de resignificación en comunicación no es un evento aislado, implica una transformación activa de la relación entre una experiencia y el sentido que se le otorga. Se produce a través de la interacción entre la memoria, el contexto actual y el lenguaje.

Suele seguir etapas fundamentales como la reflexión y toma de conciencia, donde el punto de partida es la reflexión crítica sobre un mensaje, palabra o situación existente. Allí se identifica que el significado actual ya no es funcional, pueda ser o no negativo o ha quedado obsoleto debido a cambios sociales o personales.

También la deconstrucción del contexto original, el marco en el que surgió el significado anterior. En esta etapa se separan los hechos objetivos de la carga emocional o cultural depositada en ellos y se introduce una nueva perspectiva, un reencuadre.

A partir de una comprensión actual, es cuando se propone un nuevo marco interpretativo. Las intenciones, buenas o malas, están presentes. En comunicación estratégica o social, esto implica un cambio de enfoque: transformar una debilidad percibida en una fortaleza. Esto es importante: se da una apropiación, cuando por ejemplo grupos sociales toman términos usados para estigmatizarlos y los dotan de una connotación de orgullo o poder.

Con las cartas cambiadas

Es en una conjunción de distintas ópticas donde posiblemente tengamos algo de luz en tanto oscurantismo del siglo XXI. Apostando a nuevos aportes podemos encontrar a la joven filósofa y escritora española Nerea Blanco Marañón.

Ella plantea que no es lo mismo una política libertaria que la libertad. Desarrollando esa idea, explica que «históricamente, si pensamos en el eje izquierda-derecha que surge tras la Revolución Francesa, la izquierda buscaba el progreso y una mayor libertad para el individuo. Hasta entonces, el pueblo era prácticamente esclavo. Y no sé si hemos cambiado tanto. De hecho, cada vez tenemos menos tiempo, no podemos pagar alquileres. A veces pienso que estamos incluso peor, con la diferencia de que ahora somos conscientes de ello”.

La filósofa comenta que “en algún momento, la derecha se apropió de la palabra libertad y la izquierda quedó asociada a la ética. Entonces parece que los de izquierdas son los nuevos ´curas´, y que la libertad está en el otro lado. Pero en realidad la libertad está directamente vinculada a la ética. Mi libertad termina donde empieza la del otro. No puedo ser libre ignorando al otro”.

Pensar en el otro es esencial. Tampoco puedo ser feliz si los demás no tienen espacio para serlo. Porque si tú no tienes posibilidad de vivir dignamente, acabarás invadiendo mi espacio. Libertad y ética deberían ir de la mano”, agrega Nerea Blanco Marañón.

La escritora remarca que “ahora parecen separadas: la ética en un lado, la palabra libertad en el otro. Antes era casi al revés: la ética era obedecer a Dios y la libertad era ser punk. Las tornas han cambiado. Quizá lo que necesitamos es que alguien vuelva a señalar que la libertad no puede desligarse de la responsabilidad y del cuidado del otro”, concluye.

Cuando sales a lucir los grilletes

Volviendo a lo específico de la comunicación. En un momento ya avanzado de la resignificación, juega un papel relevante la validación y la socialización. Para que la resignificación sea efectiva, el nuevo sentido debe ser validado socialmente y compartido por otros actores. Eso se consolida mediante el uso repetido (circulación en espacios públicos) y el consenso grupal (sistema de significaciones compartidas).

Todo eso se cristaliza en la acción y en la transformación de la realidad. El nuevo significado modifica la conducta del emisor y el receptor. Al cambiar la narrativa, cambia la forma de habitar el presente y de proyectar el futuro, permitiendo otra funcionalidad a cosas que parecían ya resueltas.

Podría decirse que no estamos descubriendo nada, pero la novedad reside en el cómo se logró este nivel de relatividad social, en Argentina y en el mundo, que los nuevos esclavos del sistema acepten complacientemente los grilletes y además justifiquen la existencia de los mismos. Una cuestión que no es sencilla resolver cuando ya se trata de un proceso no solo de comunicación política sino en la forma que metieron mano en lo cultural.

Como conclusión solo puedo dejar una pregunta, la cual tampoco es de simple respuesta: ¿Existe un profundo cambio de la opinión pública o solo una hábil manipulación en la opinión del público?

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