En el inframundo de las especulaciones políticas cuesta demasiado diferenciar los hechos de aquellas informaciones que funcionan como globos de ensayo para sondear reacciones y generar conversación alrededor de un tema. Sin embargo, la saturación de experimentos destinados a medir el clima ante la sociedad, puede provocar desconfianza. Los constantes movimientos del gobernador en el plano nacional sirven para establecer cabeceras de playa en orillas muy variadas. Tanto, que algunos empiezan a leer con desconcierto esos movimientos y no logran calibrar hacia adentro el mensaje. Es que la política modula de modo descendente las consignas hacia quienes finalmente las trasladan al territorio.
Los contactos con Mauricio Macri fueron los últimos que trascendieron. Allí se habría hablado del escenario electoral para el 2027 en Córdoba saltándose a Juan Schiaretti, el interlocutor en quién el ex presidente confía. Antes fue la reunión en Buenos Aires con el experimento Dante Gebel que tanta perplejidad provoca en la clase política. También los enviados al acto que Victoria Tolosa Paz y otros peronistas bonaerenses hicieron en CABA. Y a esto hay que sumar la cercana relación con el radical santafesino Maxi Pullaro más allá del desorden que quedó en Provincias Unidas luego de la elección de medio término.
“Los peronistas somos verticalistas y elásticos: necesitamos órdenes claras desde los líderes y luego nos adaptamos a las instrucciones y ajustamos el discurso para salir a jugar a la cancha”, describió un experimentado legislador que duda entre señales tan confusas que bajan desde el poder provincial.
La difícil adaptación a una nueva versión del cordobesismo depende de cómo se interpreta a una nueva conducción. De la Sota fundó un espacio y fue un líder pragmático y carismático con lecturas muy lúcidas de lo que convenía en cada momento; Schiaretti es un jefe más rígido en los ideológico y concentrado en que los resultados electorales provienen de la eficacia de la gestión. En cambio, Martín Llaryora aun parece deberle a su partido un enfoque práctico que pueda decodificarse claramente en las bases. “Hasta ahora, lo único que nos repiten es ‘salgan a decirle a la gente todo lo que hacemos’ y eso sólo no alcanza”, dice un puntero muy arraigado en la zona sur de la ciudad.
Opositores en modo construcción
En la punta opositora, el diputado Gabriel Bornoroni comienza a moverse en modo candidato con las limitaciones que le impone la crisis dentro de La Libertad Avanza y el equilibrio que le exige un socio tan impredecible como necesario como el senador Luis Juez. Con la presentación de la app “Qué abuso Córdoba” busca canalizar denuncias contra la administración provincial con el objeto final de hacer la conversión de los denunciantes en futuros fiscales de LLA. La búsqueda de una estructura militante propia se explica por los asistentes al acto: la radical Soledad Carrizo que junta voluntades entre los intendentes de la UCR, la bullrichista Laura Rodriguez Machado que proporciona una parte de la estructura del PRO y el juecismo que ofrece su red de dirigentes y afiliados. El jefe del bloque violeta en el Congreso aparece demasiado flaco de participación organizada y esa vulnerabilidad le exige trabajar en tándem con demasiados socios.
Aunque falta mucho para el 2027 y todos juren que no habrá mayores movimientos hasta después del Mundial, se sabe que en política el trabajo acumulado evita errores y acumula capital simbólico. El mismo capital que el presidente Javier Milei expone en cada desborde público contra periodistas y opositores. La encendida defensa de José Luis Espert y de Manuel Adorni en su raid por los streamers libertarios como Neura de Alejandro Fantino y Carajo del Gordo Dan, lo muestran al primer mandatario como alguien aislado en la propia interna de su gobierno donde Santiago Caputo y Karina Milei se disputan porciones del Estado.
En el Panal siguen de cerca todos los movimientos en la Rosada al tiempo que consumen encuestas que revelan el humor de la sociedad cordobesa de forma semanal. Todas señalan como un logro de la administración nacional el descenso de la inflación pero reprochan la caída en los ingresos de las familias. Ahí creen que estará el factor determinante en cualquier elección del año próximo.
La decisión de salir a auxiliar a los empleados públicos, policías y docentes para que Bancor les refinancie las deudas en la tarjeta de crédito es un intento de demostrar empatía con quienes sufren las consecuencias del ajuste.
Sin embargo, la lectura que hacen desde un sindicato estatal es otra: “La gente le reprocha a Llaryora que el sueldo no le alcanza y no vé a Milei como la causa de su deterioro económico. Además tendrá que poner la mirada en los clientes privados del banco provincial porque también tienen deudas y esperan que los ayuden”, dice un dirigente gremial que recorre reparticiones a diario.
La observación no parece desacertada ya que un programa que beneficie sólo a los empleados públicos alimenta la idea de que son una casta. Y se sabe que el resentimiento ha sido el combustible más eficaz que encaminó a los libertarios hasta el poder y puede volver a serlo el año que viene.
Mensajes cruzados y un clima político que cambió en medio de la crisis
