En el debate por la reforma laboral, el gobernador Martín Llaryora apuesta a la indefinición. De esa forma, su juego parece oscilar entre una actitud prescindente y al mismo tiempo crítica, aunque en el fondo se sabe que le prometió a los empresarios cordobeses acompañar la reforma del sistema que actualmente impera.
Por otro lado, con la actitud que parece desentendida de sus legisladores, a quienes, supuestamente, los dejó votar de acuerdo a sus convicciones, asoma una intención y es dejar un resquicio por donde colar alguna postura crítica y es por eso que algunos de sus diputados ya anticiparon que rechazarán el Fondo de Asistencia Laboral y que también se opondrán al cuestionado régimen de licencias por enfermedad.
De esta manera, Llaryora busca aire para abrir una negociación por los fondos para la Caja de Jubilaciones. Actualmente recibe 5.000 millones mensuales y aspira, por lo menos, a duplicar esa cifra. Hay canales abiertos con la Casa Rosada que, en principio y sin confirmarlo todavía, esperan que pase la votación de la reforma laboral para, de esa manera, empezar a discutir con el auspicio de la Corte Suprema qué pasará con esos recursos.
Lo que parece haber quedado claro es que el apuro del gobierno nacional para obtener una victoria política significativa en el Congreso está ligada a la necesidad de mostrar fortaleza ante los operadores financieros globales y traducir la victoria legislativa de octubre en transformaciones concretas. La reforma laboral es una de las prendas que Milei quiere ofrendarle al establishment económico independientemente de si modificará para bien las relaciones con los empleados. El problema de las causas sagradas es que tarde o temprano se topan con el barro de la política real.
La reforma laboral en el Senado dejó muchas evidencias que demuestran la descomposición del sistema político como un entramado capaz de moldear a una sociedad y sus reglas de relacionamiento.
Lo primero que se comprobó es la capitulación total del PJ como partido que siempre tuvo en su base de representación a los trabajadores. No logró articular con los sindicatos, no logró reunir a los gobernadores (en tanto peronismo de poder realmente existente) para con ellos establecer una postura negociadora común, ni tampoco lo logró aunar una posición orgánica en los senadores y diputados de todo el país que se referencian en el Justicialismo para afrontar un debate trascendente bajo una bandera común.
Sin embargo, la claudicación más sonora fue la de la CGT, que cambió los aportes económicos a los gremios a cambio de los derechos de sus representados dejando en el texto de la ley crueldades como la reducción de salarios por accidentes o enfermedades. La convocatoria a un paro general sin movilización para este jueves se parece a una puesta en escena de una central obrera deslegitimada y dividida.
La torpeza del “Coloso” Sturzenegger explicando por televisión las bondades de descontarle el sueldo a un empleado que sufrió un accidente generó un ruido mediático y en redes sociales que no logró toda la oposición junta durante el debate de la reforma. El gobierno de Milei, que sabe medir muy bien en esos territorios digitales donde construyó su narrativa, reconoció que hay que hacer cambios en la ley. Pero cualquier modificación en la Cámara Revisora implica que el Senado intervenga de nuevo y eso alarga los plazos y eleva los riesgos.
Estas idas y vueltas ratifican en el Panal que la actitud esquiva de Llaryora a pronunciarse le representa ahora un beneficio. Sin embargo, con electorados tan atados a emociones negativas una oleada de posteos en las redes puede pulverizar la más aceitada estrategia política. Sturzenegger lo comprobó.
Familias endeudadas y al límite
Cuando se acreditaron los salarios de enero en las cuentas de los docentes y empleados públicos también operaron los débitos automáticos de la tarjeta de crédito que tienen asociada todos los asalariados del estado provincial. Al verificar los saldos saltaron las alarmas: en algunos casos sólo quedaba el 10 por ciento de las remuneraciones. Los primeros en recibir las quejas y reclamos fueron los gremios que tramitaron un encuentro con el Secretario General de la Gobernación.
En la reunión, David Consalvi se comprometió a “buscar formas de financiamiento que alivien el momento que transitan muchas familias”. Sonó a expresión vacía y lejos de acciones concretas. Pero lo que no se dijo en público es que los compromisos de pago que tienen pendientes muchos trabajadores son insostenibles.
También en otros gremios se verifica esta situación y el vocero de UTA afirmó días atrás que nunca vió tantos choferes endeudados. Esta situación ya fue revelada por los sondeos del Centro de Almaceneros que indica que el 91 por ciento de los hogares tiene deudas de distinto tipo y que 9 de cada 10 familias ha financiado la compra de alimentos con la tarjeta de crédito.
“La sensación de ahogo que tienen muchos afiliados es conmovedora -dijo un gremialista que participó del encuentro- pero hay que recordar que muchos votaron a Milei y ahora nos reclaman a nosotros que hagamos algo”. La frustración y la impotencia que suelen generar estas situaciones debería ser parte de alguna iniciativa gubernamental antes de que la presión acumulada derive en problemas mayores. Tal vez mostrarse en Cosquín Rock contentos y distendidos no sea la mejor forma de exhibirse que tienen muchos políticos que parecen no conectar con una ciudadanía al límite de sus fuerzas.
