Durante varios días el gobernador pensó cuál debería ser la estrategia de su gestión para encarar el año y medio que queda por delante antes de las elecciones donde el cordobesismo se jugará el poder. Ya sin el escrutinio que el ex gobernador Juan Schiaretti ejercía tácitamente sobre las decisiones, Llaryora sintió que era la hora de establecer su impronta más combativa y frontal a la hora de ejercer el poder.
Decidió rivalizar con los gremios aportantes a la Caja de Jubilaciones y lejos de buscar interlocutores para descomprimir el conflicto eligió profundizar la confrontación. Ante una oposición con poder de daño (el freno de expedientes claves en el Tribunal de Cuentas dan fe de ello) optó por enfrentarse abiertamente tal como lo hizo en un tramo de su discurso de apertura de sesiones de la Legislatura. A Juez, De Loredo y Bornoroni señaló con la mirada cuando se quejó de licitaciones bochadas y videos falsos con inteligencia artificial.
Con ese diagrama de acción comienza a separarse de un estilo que impuso Schiaretti que sólo admitía pelearse de manera directa con el kirchnerismo nacional pero aceptaba negociar con referentes locales pactos de no agresión que sólo se levantaban en épocas de elecciones nacionales.
En su búsqueda de rivales, Martín Llaryora también empieza a encontrar enemigos que, sin opciones a la vista, elegirán profundizar en sus choques como plantean los gremios estatales que apuntan a la vía judicial para oponerse a la reforma jubilatoria. Pero la carta más fuerte saben que la podrán poner sobre la mesa cuando llegue la ronda de negociaciones paritarias. Los primeros en salir a ese round serán los docentes que en la segunda quincena de este mes deberán discutir mejoras salariales para 80.000 activos y su consiguiente impacto en los pasivos. La provincia ofrecerá a través de David Consalvi, secretario general de la Gobernación una suba acorde a la inflación. La UEPC quiere recuperar los que se llevó el aumento de los aportes del Apross. Allí se verá cómo se procesan los rencores que dejó en los gremialistas el destrato por la reforma.
¿Qué puede pasar si esta fase de conflicto abierto se agrava y afecta la paz social, la prestación de servicios claves como salud, educación o energía? ¿Qué puede decir la Iglesia cada vez más crítica del gobierno provincial y nacional? ¿Hasta dónde puede tolerar la ciudadanía un clima de tensión que se sume al que está instalado desde la Nación? Todas son preguntas que también se hace el círculo rojo cordobés que siempre valoró del peronismo su capacidad para mantener bajo control la protesta y contener los conflictos antes de los desbordes.
Desde el entorno del gobernador responden que el clima nunca será beligerante sino civilizado y acorde a una disputa política que requiere de algún tono más elevado por el tenor de lo que se juegan. “Vamos a rivalizar contra los que no nos votan ni nos votarían” dice un ministro. ¿Incluirá esa afirmación a los libertarios que en Córdoba se cuentan en varios miles? Por ahora, de Milei prefieren no hablar.
En el Panal reconocen que cualquier confrontación directa con el presidente afecta la imagen de Llaryora y, aunque es larga la lista de reclamos para hacerle, saben que es una batalla perdida en lo reputacional y en lo político.
Opositores en modo construcción
La oposición volvió de Laboulaye con la certeza de que algo interesante comenzó a construirse. La cumbre del libertario Gabriel Bornoroni, el senador Luis Juez y el radical Rodrigo de Loredo no dejó definiciones políticas pero abrió un espacio para discutir liderazgos, estrategias y futuro entre tres dirigentes que se perciben como gravitantes por razones válidas. Todos quieren ser gobernador porque el tiempo les juega a favor, porque se les pasa el tiempo o porque su tiempo ha llegado. Pero erigirse en una opción electoral es otra cosa y requiere de una fuerte resignación de egos.
Por lo pronto, se estableció un pacto de no agresión entre ellos para facilitar el diálogo y resolver las diferencias sin escalar en el tono. Los radicales, ansiosos por no quedar excluidos de la ola libertaria han designado al presidente del partido para que sea el puente institucional con La Libertad Avanza. De esta manera, De Loredo evitará la fricción lógica de cualquier negociación mientras Marcos Ferrer será la única vía legítima para llevar planteos y exigencias. De esta manera se evitará la duplicación de canales oficiosos como los que propusieron la cornejista Soledad Carrizo o el radical con peluca Luis Picat.
Pero los radicales saben que tiene por delante un arduo trabajo para ordenar el partido sin cometer los errores que dejaron a la UCR sin diputados nacionales por primera vez en la historia. Las internas deberán hacerse antes de septiembre (en ese mes vencen los mandatos) pero después del mundial de fútbol. Por ahora ya se hizo la primera reunión por zoom del oficialismo partidario “para que esta vez no termine resolviéndose en el despacho del juez electoral”, como dijo una dirigente al teléfono mientras la comitiva retornaba de Laboulaye.
