La “mecha corta” crisis social desafía a la política

Mientras la clase política se debate entre el prohibicionismo de los cuidacoches y lanzamientos electorales anticipados, la Iglesia advierte sobre la estigmatización de los sectores vulnerables en un contexto de deterioro económico que ya golpea con fuerza a la clase media.

Crisis

“Agitan mucho, pero mueven poco” decía un correligionario sobre los cruces constantes que el concejal Javier Fabre protagoniza en las redes sociales contra quién se cruce en su camino y lo comparaba con el legislador Gregorio Hernández Maqueda, con quién integra el frente antinaranjitas en una cruzada inédita contra un colectivo al que también se debe sumar al ministro de Seguridad de la provincia, Juan Pablo Quinteros.

La transversal iniciativa refleja un clima de época donde se exteriorizan prejuicios sociales y de clase que en otros tiempos hubieran sido vergonzosas muestras de oportunismo político. Además, los encendidos debates por las redes sociales suelen bajar la intensidad cuando se discuten en los marcos institucionales que proponen la legislatura municipal o provincial.

“Nosotros no queremos hacer política porque estamos para la tarea pastoral, pero si nadie defiende a los más débiles entonces la Iglesia debe participar más activamente” dicen cerca del Cardenal Rossi, quien se propuso actuar como dique de contención para impedir que un grupo vulnerable y trabajador fuera estigmatizado por los peores exponentes y no por los múltiples ejemplos de servicio humilde que muchos cuidacoches ofrecen en cientos de cuadras de la ciudad.

El caso expone la crisis de una clase política que no sabe resolver los problemas de la pobreza y no quiere atender sus consecuencias apelando a un prohibicionismo que dejaría sin el escaso sustento que proporciona el trabajo informal a miles de familias. Es por eso que desde el Panal pisaron el tratamiento del proyecto que se quiso aprobar en diciembre. “Mientras la Iglesia se mantenga al frente del rechazo a la ley, creo que el tema no se va a reflotar” dice con cautela un legislador oficialista. En el Concejo Deliberante, en cambio, son más enfáticos y aseguran que un proyecto como del de Fabre y El Sukaria no prosperará, en parte, por el perfil del intendente Passerini en materia social y por su fuerte vínculo con la obra de curas como el Padre Oberlin.

La clase media se desplaza al hospital

Pero las preocupaciones por la difícil situación social supera a la Pastoral Social del Arzobispado y se revela como grave en el aumento de la demanda de atención en salud en los hospitales públicos de la Provincia y la Municipalidad. “Si promediamos los datos, en lo que va del año aumentó un 25 por ciento la asistencia a nosocomios públicos respecto del año anterior y me atrevo a decir que la mayoría es de clase media que cortó o se quedó sin obra social o prepaga” dice un funcionario que monitorea a diario las estadísticas de los servicios de salud.

El creciente deterioro de la calidad de vida de las familias incluye un mix que abarca recortes en consumos, endeudamiento con tarjetas de crédito o billeteras virtuales, suba de precios en alimentos básicos (la carne vacuna aumentó un 19 por ciento en febrero) y mora en el pago de impuestos. “Esta es una tormenta perfecta para la crisis social, pero nadie se atreve a hacer pronósticos porque la gente aguanta desde hace dos años hasta lo indecible. Sin embargo, creo que este año es clave para que el gobierno nacional haga algo porque la mecha quedó muy corta” sostiene un legislador con pasado como intendente y bastante olfato para leer la situación social.

De Loredo, entre la estrategia y el apuro

A pesar de que falta bastante más de un año para las elecciones provinciales el deloredismo toma velocidad y embarca al radicalismo en una rave política denominada ‘Rodrigo Sessions’, que se hará el sábado en Quality para lanzar la candidatura del ex diputado a la gobernación. Se espera que los sectores más orgánicos del partido sean parte del disruptivo evento, aunque algunos señalan dificultades para convencer a algunos intendentes para que sean asistentes.

 “En el 2023 esperamos hasta último momento las definiciones y terminamos con Juez de candidato y ahora nos anticipamos un año y medio” dice un intendente del sur provincial que igual irá al acto. Las dudas de los mandatarios locales se basan en el pragmatismo más básico y elemental del que gobierna: la campaña te aleja de la gestión y es demasiado pronto, dicen algunos, para comenzar a fogonear una candidatura. Traducido significa que la UCR ofrece poca contención para quién debe atender problemas cotidianos de un pueblo, los libertarios generan desconfianza porque nadie cree que vayan a mandar fondos para obras o subsidios. Lo que les queda es el abrigo de un gobierno provincial que aún con limitaciones puede habilitar recursos.

El caso más notorio del equilibrio que intentan los alcaldes es el de Federico Zárate, de Jesús María, que se sacó la foto con Karina MIlei y Gabriel Bornoroni, pero pidió que no lo obliguen a “rasparse” con Martín Llaryora ya que del Panal dependen obras fundamentales como la sistematización del río Carnero -que demanda 2.000 millones de pesos que pone la Provincia-. El caso demuestra que la administración pública de pueblos y ciudades depende más de las efectividades conducentes que de los ideologismos exacerbados de un posteo en la red X.

 

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