Narcisismo Occidental

Las personas narcisistas pueden tener un aire de superioridad irrazonable y necesitar constantemente la admiración excesiva de los demás, sentir que merecen tener privilegios y recibir un trato especial, esperar que se reconozca su superioridad, incluso sin haber logrado nada. Algo así le pasa al occidente desarrollado y especial Europa.

Narcisismo

No hay dudas que su “éxito” económico y social se basó por siglos en el colonialismo y la extracción de riquezas por la fuerza en todo el mundo.

Latinoamérica, África, Medio Oriente y Asia fueron las víctimas de ese comportamiento.

El problema es que el colonialismo tradicional se ha reducido a su mínima expresión porque esos países han alcanzado grados crecientes de independencia, a pesar de que transitaron y transitan períodos de protectorados en donde el occidente desarrollado gobernó y gobierna a través de agentes locales que los representan.

La supuesta “superioridad occidental” en cuestiones morales, organización política y social, productivas y tecnológicas está en decadencia, tanto por sus propios errores como por las capacidades de los países que habían colonizado.

La dominación del dólar de posguerra en el comercio y las finanzas está en crisis, como antes lo estuvo la libra esterlina, por lo que solo le ha quedado aplicar sanciones y usarla como arma de dominación, sobre todo a través de la deuda contraída por gobiernos pro occidentales.

Cuando eso no alcanzó, invadió como ocurrió en la ex Yugoslavia, Irak, Libia, ahora en Venezuela, Palestina y posiblemente Irán, o puso sus representantes locales en golpes blandos desde dentro a través de los medios dominantes que controlan.

Pero ahora, eso se ha vuelto en su contra con la pretensión de Trump sobre Canadá y Groenlandia, luego que Europa occidental se sometiera a EEUU en un protectorado que la había elegido como aliada, lo que ya no ocurre.

Es obvio que la superioridad occidental en lo tecnológico, productivo, financiero, comercial, social, geopolítico e inclusive militar en algunos casos, es menos que una ilusión que los pone en crisis porque ya no existe la admiración excesiva de los demás, sus privilegios ya no se les reconocen en todos lados y mucho menos su superioridad.

Pretender que su sistema político, supuestamente democrático, de respeto por los derechos humanos, etc. puede ser impuesto a otros países mientras hacia dentro se cambian normas electorales, se anulan elecciones que no favorecen al grupo dominante, se concentran decisiones en instituciones que no son elegidas por su pueblo, proscriben candidatos opositores, persiguen a sus propios ciudadanos que disienten, mientras se aumenta la inversión en armas y disminuyen beneficios sociales, está en las antípodas de aquella superioridad moral.

Obviamente, genocidios como en Gaza, las evidencias reveladas del Caso Epstein o los escándalos de corrupción que involucran a sus élites son los clavos en el féretro de la democracia y respeto de los derechos humanos que pretenden exportar.

Para un narcisista –persona o Estado-, lo peor que le puede pasar es que lo ignoren, lo dejen fuera de los ámbitos en los que se deciden con eficacia las cuestiones fundamentales.

Eso le pasa a Europa occidental que hace pocos años se consideraba a sí misma “un jardín» por Josep Borrell, ex Alto Representante de la UE, en octubre de 2022, que comparó a Europa con un jardín cuidado y al resto del mundo con una «jungla» que podría invadirlo.

Su respuesta suele ser patética –o sea, que conmueve profundamente o causa un gran dolor o tristeza- buscando sin brújula asociaciones como con el Mercosur, por quienes simultáneamente pretenden ser reconocidos y se les aplican restricciones o sanciones con las que los amenazan sin muchos resultados.

Eso son los BRICS, del que participan sus enemigos –Rusia- o adversarios declarados –China-, que ya han superado al G7 –EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Japón- en territorio, población, PBI, etc.

En general los países del “Sur global” miran con perplejidad como occidente ignora los bombardeos a Irán, Venezuela o Gaza, por fuera de las normas de las Naciones Unidas, como antes lo hizo con Yugoeslavia, Afganistán, Libia, Irak o Siria, pero aparece consternado cuando la amenaza de un similar tratamiento ocurre en Groenlandia o antes lo hizo Rusia en Ucrania..

También ha producido estrépito la pretensión de algunos países y la Comisión Europea de apropiarse de los fondos soberanos rusos inmovilizados –unos 300 mil millones-, para aplicarlos a la reconstrucción de Ucrania, contra la opinión de los países que tienen esos depósitos –Bélgica, etc.- que temen perjuicios directos por los contratos firmados por sus entidades e indirectos con el resto de los países que tienen sus depósitos allí.

Así planteado el narcisismo occidental y especialmente europeo tiene un pronóstico reservado en su resolución, en la medida que no pueda corregirse en base a “realpolitik” –o sea, llevar a cabo políticas diplomáticas basándose principalmente en consideraciones de circunstancias y factores dados, en lugar de seguir estrictamente premisas ideológicas, morales o éticas- que mejore su situación actual o al menos limite los daños que está produciendo ese narcisismo.

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