¿Neonazis en Alemania?

Un terremoto político se ha producido en Alemania, donde Alternativa para Alemania (AfD) ha ganado las elecciones en Alta Sajonia, de la ex Alemania del este (RDA).

¿Neonazis en Alemania?

Foto de archivo.

Las preguntas que surgen son ¿los alemanes que votaron AfD se volvieron nazis? Al igual que nos preguntamos si los votantes argentinos nos volvimos mayoritariamente de derecha al votar a LLA.

Muchos hemos escuchado que AfD se trata de un partido neo-nazi, que objetivamente es euroescéptico, xenófobo, islamofobo y proruso.

Con esa descripción no resulta extraño que la Democracia Cristiana (CDU) con 19% y los socialistas (SPD) con 9%, contra 45% de los votos de AfD en Alta Sajonia reconocieran una crisis por la amenaza a la hegemonía bipartidista que hoy gobierna la República Federal Alemana (RFA).

Para el análisis debemos considerar que el Canciller Friedrich Merz (CDU) tiene una aceptación de entre 15 y 27% según diversas encuestas, que durante su exilio político –fue desplazado por Ángela Merkel como jefe de la oposición en 2002- fue Presidente del consejo de supervisión de la filial alemana de BlackRock, la gestora de fondos global entre 2016 y 2020.

O sea, no muy distinto a los problemas de imagen de Milei y los antecedentes profesionales de Luis Caputo –ex funcionario de JP Morgan-, cuyo plan económico ha adoptado el gobierno.

Tal como LLA invierte grandes sumas en equipamiento militar, el Canciller alemán modificó la constitución alemana para no cumplir con el equilibrio fiscal si se trata de aumentar el presupuesto bélico que incluye el apoyo a Ucrania.

Por ello, sin romantizar el ascenso de la derecha neonazi, su simbología o gestos, ni la supuesta virtud democrática del actual gobierno alemán, me permití buscar explicaciones a la deriva de los electores que la actual dirigencia alemana y de la Unión Europea no explican.

Max Otte es un ex CDU, que fue expulsado tras haber aceptado la candidatura a Presidente alemán por AfD en 2022 –por lo que hoy no está en ningún partido- en la que según él buscó desde ese cargo con poder formal, pero no real, “tender un puente entre los partidos conservadores”, logrando el 2° puesto.

Señala que Sajonia Anhalt (Alta Sajonia) es un pequeño estado, pobre, subdesarrollado (1,5% del PBI), con pocas empresas, poca infraestructura y una población envejeciéndose por la migración de 700.000 jóvenes al oeste, en donde la inmigración no es demasiado importante, que se percibe como abandonado por el poder federal y europeo.

Por lo que sus principales preocupaciones son su economía y la paz con Rusia que podría mejorar su desarrollo. No muy distinta a las preocupaciones de nuestras provincias fuera de los enclaves hidrocarburíferos, mineros, agropecuarios y financieros que hoy son ganadores.

Su poder real es mínimo, pero su poder simbólico como cambio de tendencia parece ser mucho mayor ya que confronta con la caída de la UE y Alemania, que parece extenderse a otros países como Italia, Francia, etc.

La primera pregunta que se hace Otte es si las élites europeístas, otanistas, sus medios de difusión o las empresas que controlan –la mayoría de las empresas alemanas y europeas ya no son de la burguesía de postguerra, sino de grandes fondos de inversión como BlackRock-, les permitirán gobernar, impidiéndoles formar gobierno, proscribiendo sus dirigentes, o simplemente restringiendo los fondos discrecionales que podría dejar de recibir, tal como ya han hecho con países que se les oponían. Algo que también ocurre en Argentina.

Ulrich Siegmund, el líder ganador de Alta Sajonia, es un ex CDU joven –35 años- pequeño empresario de fragancias, que vive en su pequeña ciudad natal, que hizo campaña en una antigua motoneta de la era comunista y con gran manejo de redes, especialmente TikTok e Instagram. O sea, un outsider similar a Milei en sus orígenes.

Su gobierno, si se constituyera, tendría cierta capacidad de decisión en actividades culturales y policiales, así como en Educación Superior, pero el cofinanciamiento federal podría limitar su autonomía.

Eso no es muy distinto a lo que ocurre en una Argentina sometida a EE.UU., acreedores y élites dominantes, que se muestra incapaz de pensar en un futuro libre y soberano.

Otra visión, compatible con lo anterior, es la que expone Fontevecchia:

Se basa en el concepto de “Gentrificación Política”, que es una asimilación al concepto urbanístico por el cual el desarrollo aumenta la inversión inmobiliaria, los precios de las propiedades y sus alquileres, desplazando a la población original del lugar que ya no pueden pagar por ella.

Según esta interpretación, los partidos hegemónicos en Alemania, Europa, EE.UU. o Argentina entre otros, han dejado de comunicarse con las bases más pobres –salvo Milei en su campaña, que tampoco ya les habla- por lo que esas bases dejan de sentirse escuchadas  y migran hacia nuevas opciones en las que pueden encontrar esa esperanza.

Quien logre conectarse efectivamente con esas bases –como lo hizo AfD en Alemania-, que en Argentina la Consultora W, de Guillermo Olivetto estima en el 78% de la población –Clase media baja y baja- con ingresos familiares mensuales de hasta 2,2 millones, tendrá la posibilidad de gobernar con muchas limitaciones establecidas por las élites

De allí, que lo que pase en Alta Sajonia, Alemania, Europa o EEUU tiene mucho que ver con lo que pasa y pasaría en Argentina. Y su evolución augura cambios rotundos traumáticos como la elección en Sajonia, o gatopardistas –o sea cambiar todo para no cambiar nada- que consolidaría el actual estado de las cosas que parece ocultar las verdaderas causas de los cambios, que no son ni el neo nazismo o libertarianismo de los votantes.

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